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De memoria y reposo

Diálogo País / Top News / 04/11/2019

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 4 de noviembre de 2019

 

“La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos”.

– Cicerón

 

Hace unos años empecé un libro sobre la memoria. Sobre perderla pues.

No le he agregado nada en un tiempo, se me atraviesa la vida muy seguido y me lleva para dónde se le antoja.

Decido poco de lo que hago, las urgencias siempre urgen ¿verdad?

Imagino que te pasa lo mismo, no todos los proyectos los podemos llevar a cabo en una sentada y luego los cajones se van llenando de ideas, buenas o malas, pero apagadas.

Te platico esto por lo de hace unas semanas, lo del responsable del sindicato de PEMEX  renunciando. Claro que en todos los noticiaros comentaron el hecho, y algunos hicieron un breve recuento de la vida laboral del señor.

Y fíjate que cuando mencionaron a La Quina, me acordé de él.

No que lo hubiera borrado de mi memoria, pero bueno, no ha sido tema diario de conversación en casa. De repente al comprar agua quinada, sí, me acordaba de lo raro que se me hacía su apodo y nada más.

Y como no tenía ganas de pensar en sindicatos, únicos, obligatorios, malversadores y eso, dejé a la Quina por un lado y me fui por la línea de la memoria, de cómo funciona.

 

La mía se ha caracterizado por no existir.

Ya de chica memorizar canciones y poemitas me era muy complicado, luego en la edad en la que todas pensaban en Donny Osmond, yo luchaba por saber quién era ese chavo. Nunca supe qué actor o actriz encarnaban ciertos papeles en películas cuyo nombre no retenía, a duras penas Sean Connery se me aparecía de vez en cuando, por pashote

Y así me fui por la vida, admirando a los que todo tienen ordenado en la cabeza, se saben las tablas de multiplicar de memoria -la del 7 me cuesta mucho trabajo- y pueden citar a tal o cuál autor, sin equivocarse. Admito que a veces la admiración muta a irritación, pero el caso es que hay entre muchos y yo una zanja  gigantesca llena de perplejidad.

Mira que a veces hasta se me olvida que estoy enojada con alguien…

Ya sé, ¿quién necesita recordar datos teniendo internet? Ya no es necesario saber en qué libro de qué biblioteca buscar el dato que hace falta para resolver un acertijo, con tener red es suficiente. Por eso doy el gatazo tan bonito, no creas. Y por eso cuando cito algo inteligente y veraz en una conversación en vivo, me aplaudo solita por el gusto que me da.

Ahora, la memoria no es nada más para almacenar datos. Sirve también para regresar a casa, para no dejar la comida en la estufa hasta carbonizarla o entender qué se hace con un brasier cuando se tiene en la mano después de bañarse. Nimiedades…

 

Y para impedir que mueran las personas.

 

Hace dos años murió una de mis tías. Y me asaltó la idea de que nadie que hubiera conocido a mi papá de chico vivía ya. Nadie lo puede recordar aprendiendo a caminar o yendo a la escuela. Nadie que nos diga cómo se subió a su primer coche o si primero aprendió a tocar piano o trompeta. Y entonces desaparecen su infancia, su adolescencia.

Y cuando muera mi generación, la de mis hijos, ya nadie lo recordará. Morirá ya por siempre.

Claro, habrá personas que lo identifiquen. Personas que volteen a ver una foto suya en lugares importantes. O que lean sus escritos, usen la receta de papas con tocino de su mamá, recuperada por él.

Pero recordarlo, no.

 

Entonces…

Tal vez sea tiempo de dejar de correr, de dejar de producir a diestra y siniestra, de dejar de dar discursos o de provocar guerras con tal de quedar en la memoria de los hombres.

Ja… Volviste a leer esa frase ¿verdad?

Digo, La Quina sigue en los noticieros. Citamos a Churchill, a Gandhi, a Juárez. Nos vestimos como creemos que se vestían los vikingos y el Marqués de Sade nos habla al oído.

Pero en mi memoria no están. Sé quiénes son, nada más.

Saber no es recordar.

Y recordar a mi padre, no depende de lo que hizo, o dijo. Depende de la capacidad de mi cerebro para funcionar.

La gloria anhelada por tantos depende de cerebros de desconocidos, millones deciden de alguna manera del lugar en el que se archiven sus hazañas. Pero no los recuerdan. NO. Date cuenta. No llegamos más lejos que lo que pueda llegar a ser la memoria de quienes nos conocen.

 

Tons, sentémonos y admiremos el ocaso. Y luego el amanecer. Dejémonos ir…


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

Imagen de portada: Sabia unión. | Autora: Martha de la Parra.






Luis López




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