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Bienvenido, Evo. La lucha sigue

Diálogo País / Top News / 13/11/2019

SOMOSMASS99

 

Agustín Ramírez Agundis*

Miércoles 13 de noviembre de 2019

 

Parecía que los tiempos de las asonadas militares en el continente americano ya habían terminado.

Antaño, a la mayoría de los golpes de Estado se les catalogaba con el carácter de cívico militar con el propósito de suavizar la brutalidad que significa el utilizar las armas del ejército en contra del pueblo.

Los innumerables golpes de Estado fueron justificados por los gobiernos de los Estados Unidos y por los organismos multinacionales creados por ellos mismos con la intención de darles una fachada de legalidad a sus arbitrarias decisiones.

El visto bueno a los golpes de Estado y el reconocimiento a los gobiernos emanados de ellos se amparaban en el propósito declarado de impedir la intromisión en nuestro continente de la Unión Soviética, eran los tiempos de la denominada guerra fría.

La realidad es bien conocida, el gobierno norteamericano ha sido en todos los casos el principal promotor y gestor de los golpes de Estado, siempre a través del trabajo de la Agencia Central de Inteligencia, la nefasta CIA, y la labor de sus embajadas, a veces soterrada, en ocasiones de manera abierta.

El propósito en verdad ha sido, por una parte, el de apoyar a las oligarquías nacionales y a las empresas trasnacionales por medio de gobiernos contrarios a los demandas populares y nacionales, y, por la otra, garantizar sus intereses geopolíticos y la facilidad para explotar los recursos naturales existentes en la región.

Así, el 27 de junio de 1954 soldados norteamericanos con el apoyo de algunos países de la región, desde luego el mexicano no, bombardean la ciudad de Guatemala y derrocan al gobierno presidido por Jacobo Árbenz, como castigo por sus acciones encaminadas a promover un cambio social a través del apoyo a los sectores más pobres del país; cabe recordar que en ese entonces la United Fruit Company, empresa de capital estadunidense, era dueña de más del 50% de todos los terrenos cultivables, de los cuales sólo producía en apenas el 3%.

Así también, el 11 de septiembre de 1973 en Chile es derrocado el presidente Salvador Allende a través de un golpe militar encabezado por el general Pinochet. La mañana de ese día en el Palacio de La Moneda, sede presidencial del país sudamericano, se vivieron momentos épicos que concluyeron al mediodía con un bombardeo durante más de 15 minutos desde cuatro aviones de combate. Allende rechazó el ofrecimiento de un avión que lo llevara al exilio y murió en el lugar. A la postre, Pinochet permanecería en el poder durante casi 17 años. Como resultado inmediato del golpe de Estado, fueron aprendidos decenas de miles de militantes de la Unidad Popular y más de 3 mil personas fueron asesinadas. Documentos descalificados entre 1999 y 2000 dan cuenta de la participación de los Estados Unidos en la concepción, gestación y desarrollo del golpe militar.

La guerra fría hace mucho tiempo que terminó. Sin embargo, hoy nuevamente somos testigos de un atentado más en contra de un pueblo latinoamericano. En estos momentos es el pueblo Boliviano el que ve truncado el proceso social encabezado por uno de los suyos, Juan Evo Morales Ayma. Según cifras de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), en el transcurso de los últimos 14 años, lapso en el que ha estado Evo al frente del gobierno, el Producto Interno Bruto de la República de Bolivia ha crecido en promedio 4.9% anualmente, la pobreza moderada disminuyó del 59% al 39% y el índice que mide la desigualdad mejoró notablemente.

Una vez más, se pone de manifiesto que la democracia sólo les es grata a los poderosos mientras sirva para reproducir las condiciones que les permitan explotar a la gente y los recursos naturales de los países en desarrollo, por no llamarles pobres. Cuando no, por medio de las armas ponen punto final a las instituciones de las que tanto se ufanaban.

Desde ayer, Evo Morales se encuentra en México. Quisiéramos que estuviera en nuestro país sólo de visita, y que regresara pronto a continuar encabezando la transformación social boliviana. No es así, está acá forzado por las circunstancias, aunque también desde lejos continuará haciendo sentir su presencia.

Somos muchos los mexicanos que lo admiramos por su capacidad para encabezar la lucha de una nación que ha estado siempre en riesgo ante la codicia de la oligarquía nacional y las intenciones siempre latentes de las empresas trasnacionales que la ven como botín por la cuantía de los yacimientos de gas que se encuentran en su subsuelo.

Nos congratulamos de que Evo haya salido con vida y se encuentre entre nosotros como un huésped distinguido. También, reconocemos la inteligente y valiente decisión tomada por nuestro gobierno en consonancia con los principios fundamentales de política exterior que tanto prestigio nos han dado como nación soberana y respetuosa del derecho a la  autodeterminación de los pueblos.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

Foto de portada: Noticias RCN.






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