SOMOSMASS99
José Antonio Bueno Saucillo*
Miércoles 8 de enero de 2020
«Verdaderamente vivo en tiempos sombríos. Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa refleja insensibilidad. El que ríe es que no ha oído aún la noticia terrible, aún no le ha llegado».
– Bertolt Brecht
¿Cuántos, cuánto y desde cuándo hemos expresado quejas por la falta de valores sociales humanísticos, por qué han ido desapareciendo y el presente ya es insoportable? Pero ahí nos quedamos, nos es velada la explicación o bien nos hacemos como que no oímos, o no queremos saber nada… la mayor de las veces por comodidad. Por comodidad estamos en Facebook… en Instagram… en WhatsApp… no tenemos tiempo de ser negativos…
Desde ahí estamos mostrando nuestros errores de percepción de uso, lo importante no es usar el Internet y sus brazos de las redes sociales sólo para solaz, sino como herramienta para adquirir información que nos sea útil para vivir mejor.
Pero claro, para eso hemos sido cooptados, «las redes sociales están para usarse libremente, para ser más libres, para ser nosotros los más importantes, para gritarle al mundo nuestras miserias… para ofender, lacerar, alegrarnos de las desgracias de otros, solazarnos hasta del hecho de que estamos destruyendo todo, hasta a nosotros mismos».
Una de las estrategias más usadas por el liberalismo económico en su modalidad rapaz, salvaje, es lo híper, aunado al fomento desbocado del individualismo, lo vacío; el asunto de la sobrevaloración falsa de la famosa autoestima que rebasa los límites de lo individual y pasa al terreno de la humillación del otro.
Lo híper ha venido con el liberalismo económico, su descendencia y consecuencias sociales.
El asunto consiste y ha seguido consistiendo en los bienes y el valor de tales, arrastrando el malsano sentido de acumulación y su pertenencia individual.
Es paradójico cómo mientras se fomenta el individualismo y con él el hedonismo exacerbado se pierde lo privado en aras de un placer insano de ser público, se busca el like por ser cool, o creer que se es, sin el menor recato a ser productores masivos de ridículo.
Híper, justamente en una de sus acepciones gramaticales, se considera exceso, y aquí sí que hay justicia, pues es un exceso de vacío mimetizado de espectáculo saciador de lo individual, que ignora a los demás pero que a la vez busca su reconocimiento para ser alguien exclusivo digno de admirarse y de imitarse, manifestado por la cantidad de seguidores en alguna de las redes sociales; como votos que curiosamente no tienen emisor físico reconocible, la mayoría son anónimos, es decir ser admirados por desconocidos, aunque sea.
Si reflexionamos un poco debajo de la cobija, podríamos sin duda llegar a conclusiones nada alentadoras en cuanto a lo que le espera al ser humano; las películas de ciencia ficción apocalíptica quedarán cortísimas.
Lo híper se ha diseñado con dinero… campañas enormes y permanentes, por agentes capitalistas que a su vez son creadores de las sociedades que necesitan para producir y consumir; lo híper es parte de la costra virtual en donde se obliga al individuo a visualizar su futuro, un futuro virtual desde luego, en donde el ser humano, profundamente disminuido, será sólo un elemento de un enjambre que seguirá sosteniendo… haciendo autosustentable el proyecto imperialista.
Lo híper es el sustento de lo hipo, sin grande no hay pequeño, y sin muchos pequeños no hay grande, es decir muchos sojuzgados hacen al sojuzgador, entonces lo híper es un arma del sojuzgador. Una reciprocidad siniestra.
Sentir lo grande, la abundancia, el hartazgo, le hace al hombre actual del capitalismo sentirse parte de algo grande, de alguna manera sentirse grande… pero ese sentimiento de grandeza es hechura virtual, de alguna manera lo convierte en una aspiración humana natural; esa monumentalidad le aplasta, primero porque se mata aspirando a ella, y después trabajando para llegar a ella, y cuando piensa que se va acercando a ella descubre que era un espejismo, que en lugar de crecer, decreció. Que era nada, o un poco menos que eso.
No podemos perder de vista que lo híper no es un fenómeno natural, ni aislado, sino sólo una de las herramientas que el capitalismo, principalmente a partir del siglo veinte, en México, después de la revolución agrarista, durante la definición de lo que se dio en llamar el modernismo, es decir el nuevo embate del capitalismo cuando comienza la reconstrucción del país; después de esto la grandilocuencia de los poderes económicos ha dado en llamar a esta nueva época de explotación humana como postmodernismo económico.
Con el Internet, como nueva vía hacia el sometimiento natural del hombre postmoderno, comienzan a operar las estrategias virtuales que someten la convicción del hombre para que se autoexplote convencido de que está cumpliendo con metas que le plantea la vida, el futuro, el mundo, etc., y de paso creer que es buen ciudadano; otra vez… creerse alguien.
Lo híper es solamente una de esas estrategias, que llega y se desarrolla con otras tantas asociadas: el hedonismo, sexo como mercancía… como un elemento empresarial… que no del erotismo, éste que poco a poco se va perdiendo; la visión de que la empresa es un componente de vida natural del hombre, no un agente de explotación.
Todo es híper, menos la difusión del daño mortal que el capitalismo inflige al hombre.
¿Curioso no?
Asimismo, lo híper favorece al individualismo, el individualismo que tiene la intención de que se pierda el sentido de lo colectivo… del colectivismo, y de esta manera se abate la posibilidad de la solidaridad entre los seres humanos y se beneficia al consumismo que cautiva: tú importas, tú lo mereces, tú eres lo mejor, tú eres la esencia, tú eres exclusivo, tú eres totalmente palacio, tú eres el bueno, tú eres el elegido, tú eres híper…
Los demás son hipo, menos, chiquitos, inferiores, feos, mugrosos, indios, nacos, atarantados, lacra, chusma, peste, perros, pobres, etcétera.
¿Qué hermoso lo híper… no?
Podríamos quedarnos para reflexionar con una intrascendencia, como lo es esta decadente, y despreciable, publicación en redes sociales: seamos locos y raros, porque aburridos y amargados existen demasiados.
Me permití utilizar como epígrafe de este escrito una cita de Bertolt Brecht, una cita memorable, apreciable por su vigencia hoy, propia de un visionario. Les invito a releerla y a reflexionar en torno al profundo mensaje que allí se encierra.
Que este inicio de un nuevo año sea el momento de realizar una cuidadosa revaloración del Internet y las redes sociales, de manera que contribuyan a conformar para la humanidad un futuro en el que todos vayamos juntos, uno en el que lo híper y lo hipo queden desterrados.
Nota del autor: Mi agradecimiento esta vez a Byung Chul Han y a Gilles Lipovetzky por haberme motivado con En el enjambre y La era del vacío, respectivamente.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Su San Lee (@blackodc) / Unsplash.
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