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Diálogo País / Top News / 13/01/2020

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 13 de enero de 2020

 

Vamos empezando y ya me cansé.

Onda ganso, sí, pero también onda verdad histórica y onda A ver qué digo que parezca inteligente.

 

Aumento al salario mínimo. Sí, claro que todo va a aumentar, negarlo es pasarse al bando de los que tratan de inteligentear sus palabras para parecer muy intelectuales muy más inteligentes que los demás. Pero francamente… ¿No es abusivamente bajo el salario mínimo en México? ¿No debemos, del verbo “es obligatorio”, seguirlo subiendo?

 

Aumento al transporte público, Estado de México, pasan los peseros de 10 a 12 pesos. Pues sí carambas… ¿La gas sube que te sube y queremos seguir igual?

 

Los reportajes sobre los mercados que se incendian y nos pasan como si fuera novedad la maraña de cables en el cielo citadino. A ver, ahí entra el equipo de gansos a abrir grande la boca, tanta sorpresa ¿verdad? Y que van a arreglar eso. No sé si le pregunten al director/gerente de la CFE qué hay que hacer, pero por lo menos van a hacer algo, dejemos de criticar caray. Y movamos focos para que a mi calle y a la tuya vengan a hacer algo también, que se pierde lo azul del cielo entre tanto cable tan enmarañado, sentido literal claro y del otro también.

 

Pero lo que más me puede es la onda que llevamos los que no creímos en la verdad histórica, los que alucinamos el cansancio del ganso, y que sí, queremos a fuerza de blanquillo criticar, criticar lo que caiga, es lo que se dice de los chavos y de la gente que ha decidido no trabajar que porque el gobierno les va a subsidiar la vida.

No dudo de que haya personas que le entran a la vida sin trabajo pero con sueldo. Pero son contados. Mira a México, mira cómo trabajamos.

Toño y su papá, El Chino, el señor José.

Te pongo cinco ejemplos de personas que conozco, tres chavos, dos adultos.

Emi, 21 años, vive en las Lomas, CdMx, padres pudientes. Estudia, duramente, que la escuela no es lo que prefiere, eso desde la maternal hasta la universidad. Y trabaja. Se va de madrugadísima, desde su castillo dorado hasta la Central de Abastos. Compra, frutas, verduras, semillas y se regresa pasando por la casa de sus clientes a dejar la mercancía. Podría este chavo rascarse la panza toda la tarde, ¿no? O pedir dinero a sus padres. Pues no. Trabaja, en lo que puede.

Nataluchka, 18 años, igual padres con lana. Acaba de regresar de seis meses en Florencia, se fue a aprender italiano. Claro que eso es gracias a los papás, pero ¿qué hizo allá? Cuando no había clases,  cuidaba niños. Y aquí, frescamente aterrizada, ya busca hacer lo mismo, aunque vaya a empezar la uni, y aunque, igual que Emi, podría rascarse la panza viendo series todo el día.

Toño, 17 años. Aquí sí no andamos por las Lomas, ni por Santa Fe. Estudia la prepa y de vacaciones, puentes y fines de semana, trabaja con  su papá. Anda de chalán, de Pásame el clavo y dónde dejaste los tornillos y dale fuerte a la mezcla, que quede bien. No anda en la calle a ver qué, no le pide al gobierno de ningún estado que le pase lana para irse de fiesta. Bueno, espero que sí se vaya de fiesta, pero el caso es que se mueve y trabaja. ¿Obligado? No creo. ¿Interesado? Ahí va. Pero tampoco se rasca la panza todo el día.

El papá de Toño, el señor José, El Chino como le dicen. Es albañil, electricista, plomero, lo que se te ocurra. Llega muy temprano, puntual. Trabaja de manera ordenada, no es un despapalle como otros que he visto. Limpia antes de irse aunque al día siguiente tenga que volver a ensuciarlo todo. Y es de las personas que dejas en tu casa con todo abierto. A personas así les dicen “de confianza”, pero para mí es “sólo” un mexicano que trabaja, que lo hace bien, y que, como otros millones de mexicanos, es honrado y no, no anda pidiendo limosnas, ni se rasca la panza todo el día.

La señora Anita, de quién te he hablado varias veces. Ella llegó hasta primero de primaria nada más en su pueblo de Oaxaca. A los 8 años empezó a trabajar en casa, la mandaron a la CdMx. Trabajó luego en la cocina de un restaurant muy conocido. Trabajó cuidando niños. Los fines de semana hace tamales bien ricos y los vende en la calle, cerca de su casa. Me lleva unos tres años, tengo 55, has la cuenta. Ve cuántos años lleva trabajando. No tiene estudios pero sí sabe trabajar. No anda buscando ayudas del gobierno. Y aunque la ley  que otorga el derecho al IMSS a los trabajadores domésticas es reciente, a ella se le han dado todos sus derechos desde que trabaja con nosotros, 28 años llevamos. Bueno, esto último fue una flor para nosotros, pero es que caray, todos debemos de hacer nuestra parte, ¿sí o sí?

Señora Ana.

Sí te acepto que luego hay personas que no trabajan y esperan que otro los nutra, vista y cobije. Empezando por nuestros legisladores que se atreven a abstenerse cuando hay votos.

Pero México no es ni eso ni así.

México, su gente, trabaja.

 

Tons me cansan los gansos, sí, no lo niego, me irritan de hecho, distribuyendo ayuda paternalista. Y los que a fuerza quieren que traguemos verdades históricas y tortas de  “Si no es en mi año, no hay daño”, me ponen de muy mal humor.

Pero los bien-re- peores, son los que todo critican, nomás por hacer algo en el día, y que  sí andaban rascándose la panza y les dio flojera investigar, esos me sacan de quicio, cual puerta vieja y rechinante.

 

Y eso que apenitas va empezando el año.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




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