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SOMOSMASS99

 

Esther Sanginés García*

Miércoles 22 de enero de 2020

 

Cuando Moctezuma conoció a Cortés. La verdad del encuentro que cambió la historia.

– Reseña del libro de Matthew Restall.

 

Como un maravilloso regalo de Navidad vino a mí la edición de lujo, extraordinariamente ilustrada, del último libro de Matthew Restall (2019), Cuando Moctezuma conoció a Cortés, editado por Arte & Cultura (sic) del Grupo Salinas, impreso en Madrid para obsequiarse a unos cuantos amigos del citado Grupo (me llegó por otros conductos, ya que esos señores no están siquiera entre mis conocidos). El mismo texto en una edición mucho más accesible fue publicado por la Editorial Taurus en 2019, y para aquéllos que gustan de leer en dispositivos electrónicos, hay una versión virtual.

El libro me impactó por varias cuestiones, desde la pregunta inicial en el prólogo, “¿Cómo sabemos qué fue lo que ocurrió cuando los españoles invadieron el Imperio azteca?” (p.43), hasta su epílogo con la entrada a los aposentos de Moctezuma, y la referencia a “la ocupación de Veracruz por la armada y la infantería de los Estados Unidos en 1914” (p. 373). Porque es un pasado que se hace presente, quise compartirlo con ustedes en una reseña crítica. Para asegurarme de no repetir lo que otros han dicho, busqué si alguien más lo había comentado o resumido y subido a Internet; me encontré con una reseña muy aguda y precisa, la de Andrea Martínez Baracs, doctora en historia, gran conocedora del tema. Les comparto:

… el historiador británico Matthew Restall, profesor en la Universidad Estatal de Pensilvania, ha escrito una nueva historia de la conquista de México o, como él la ha rebautizado con insistencia, la “guerra hispano-azteca (1519-1521)”: detallada, llena de hallazgos puntuales, sugerencias interesantes y precisiones. Su material no es nuevo, sería muy difícil a estas alturas hallar mucha nueva documentación, pero utiliza la muy copiosa información existente, desde las cartas de Hernán Cortés, los cronistas seculares y religiosos, la Historia General de fray Bernardino de Sahagún y sus informantes –que Restall llama la versión franciscana-tlatelolca de la conquista– y las diversas versiones nahuas, hasta las probanzas de méritos, peticiones y materiales semejantes de archivo. Hace en particular un uso muy fino de la pictografía relativa a la conquista, mesoamericana y europea, de la más antigua a la más reciente, y no desdeña los relatos derivados y secundarios.[1]

Como en esa parte estoy totalmente de acuerdo sólo transcribí, pero hay otras ideas  muy interesantes, que van llevando de la “mitohistoria” de la conquista de México a la justificación de la guerra de invasión de los yanquis y el robo de la mitad del territorio de nuestro país: “El encuentro entre los aztecas y los españoles es un capítulo fundamental en la larga historia de la invasión europea a América, lo que llevó a la transformación global de la historia y la construcción del mundo actual”. Y también a la supuesta superioridad de la civilización europea, que se ha utilizado como bandera para las invasiones y las guerras del capitalismo que se desarrolla a partir de esa invasión.

En la página 73 de la versión que estoy utilizando, afirma Restall: “Los soldados de Estados Unidos llevaban consigo ejemplares del nuevo bestseller de William Prescott,  Historia de la Conquista de México, en su camino de Veracruz a la Ciudad de México, y escribían a casa que caminaban sobre las huellas del gran Cortés”.

Gran Cortés, para nada; la crítica demoledora de Restall recurre a fuentes que prueban cómo la guerra contra los aztecas estuvo dirigida primero por los Cempoaltecas, luego por los tlahtoque (plural de tlahtoani) de Tlaxcala, y después por Ixtlixochitl, tlahtoani de  Texcoco y todos los demás indios aliados; en eso no hace ninguna aportación, Restall sigue las fuentes. En el número 24 del boletín Somos Pueblo, Somos Gente[2] comentaba como Chicomecoatl, el cacique gordo de Cempoala, “respondió a la llegada de Hernán Cortés y sus hombres con una propuesta de Alianza con Tlaxcala, Huejotzingo y otras ciudades-estado para conquistar Tenochtitlan” y esa afirmación la hice basándome en el libro de López de Gomara, Historia general de las Indias, cuya primera impresión se realizó en diciembre de 1552. En México casi era un lugar común que la conquista la hicieron los indios.

Lo más bello del libro es cómo de una manera muy fluida y amena va realizando una crítica de las fuentes, de la pictografía, de la literatura, y de la música que se han escrito sobre la llamada conquista, y al hacerlo va desmontando una serie de mentiras, desde “la rendición de Moctezuma”, que nunca se dio, hasta la invención de las profecías por los descendientes del Tlatoani que querían asegurar sus privilegios. No, Moctezuma no entregó su “reino”, tampoco era ningún cobarde. También coincido con Andrea Martínez en que hay una excelente crítica de las fuentes europeas o norteamericanas, pero no del trabajo que se ha hecho en México, que es muy importante.

Ya Jaime Montel en su libro  La conquista de México Tenochtitlan[3], publicado desde 2001, hace una serie de reflexiones básicas sobre la expansión del territorio mexica, la función de los pochteca, y los ocho años que habían  pasado desde la primera expedición a costas mexicanas en 1511, hasta el arribo de Cortés en 1519; nos recuerda Montel la función complementaria de los pochteca como espías e informantes y proporciona datos suficientes para argumentar contra la gran mentira de la rendición de Moctezuma, y asegurar que el valiente Tlahtoani consideraba a los españoles como guerreros, jamás como dioses. A diferencia de Jaime Montel, que consideró que la táctica de Moctezuma consistió en tratar de mantenerlos alejados con las formas de diplomacia conocidas en Mesoamérica, mientras organizaba la resistencia, Restall mantiene como hipótesis que Moctezuma los atrajo para conocerlos mejor, con lo que invierte el relato. Y vuelvo a Andrea Martínez:

Un objetivo de la “verdadera historia” de Restall es demostrar claramente la violencia y destrucción, obra de los invasores españoles. Las matanzas imputadas a Cortés fueron cinco, pero en realidad fueron muchas más: Quecholac, Tepeaca (asesinato de por lo menos cuatrocientos hombres, esclavización de tres mil mujeres y niños), Calpulalpan, Cuauhnáhuac, Huaxtepec, Cholula; en todos estos casos “a pesar de haberse sometido la población pacíficamente”. Hay que añadir gente “aperreada”, lanceada, violada, saqueos y destrucción de poblado tras poblado. Y la esclavización, tras el simple procedimiento de herrar con la g de guerra la cara de las personas. Restall sostiene que la esclavización masiva –que terminó cuando se decretó la abolición de la esclavitud indígena en 1551– y la destrucción de la tierra que produjo fueron justificadas o, peor aún, ocasionadas por la lectura tramposa del discurso del emperador Moctezuma en ese primer encuentro con Cortés. La cortesía verbal nahua se basaba en un lenguaje recargado, con muchos sufijos llamados “reverenciales” y una inversión de papeles, el superior humillado frente al inferior. Por algo la palabra para una persona noble era pilli, que también significa “niño”. Según Restall, la humildad mostrada por Moctezuma en su discurso (que pudo incluir expresiones que aún usamos los mexicanos como “esta es su humilde casa”) fue apresuradamente leída como sumisión a la Corona.[4]

El libro es muy ameno, está muy bien escrito, la primera y segunda partes no tienen desperdicio, van desmontando “falsedades”, muchas de ellas ya desmontadas previamente por otros historiadores a los que Restall no cita, pero las unifica y da estructura. En la tercera parte la obra decae, no sólo por la falta de fuentes de historiadores y antropólogos mexicanos, sino porque falta el trabajo de archivo en México, eso lo lleva a repetir la leyenda negra anglosajona contra Cortés, y termino con Andrea Martínez:

No obstante, la trampa de Restall es que contrapone esas versiones tradicionales antiguas con sus propios y brillantes descubrimientos. Hay evidentemente un faltante entre los dos: [las versiones tradicionales y el libro de Restall] la historiografía moderna, que comenzaría, digamos, en el siglo xix. Restall alinea en su campo la historiografía moderna anglosajona con muy pocos representantes de la rica historiografía hispanoamericana; pero al andamiaje retórico de su libro le estorbaría reconocer que mucho de lo que pretende descubrir ya se conocía.[5]

Desgraciadamente se conocía y se conoce por muy pocos, así que se vuelve fundamental leer por lo menos las dos primeras partes de este bello, ameno y bien documentado libro.


[1] Andrea Martínez Baracs. El gran Encuentro, Letras libres, febrero 2019. https://d3atisfamukwh6.cloudfront.net/sites/default/files/2019-01/dosier-martinez-esp.pdf

[2] Esther Sanginés, En Cempoala y Veracruz se definió el destino de la conquista de México, Somos pueblo, somos gente, octubre 2019, N° 24, pp. 10-18.

[3] Jaime Montel, La conquista de México Tenochtitlán, Planeta, México, 2001. 

[4] Andrea Martínez Baracs, op.cit.

[5] Idem.

Imagen de portada: Encuentro de Cortés y Moctezuma (anónimo s. XIX.) Óleo sobre tela. | Imagen: Museo Nacional de Historia INAH.






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