SOMOSMASS99
José Antonio Bueno Saucillo*
Miércoles 29 de enero de 2020
«En la vida existe un valor que permanece muchas veces invisible para los demás, pero que el hombre escucha en lo hondo de su alma: es la fidelidad o traición a lo que sentimos como un destino o una vocación que cumplir».
– Ernesto Sábato.
Qué sorpresas se lleva uno. A pesar de haber leído ya algunos libros… y que muchos me han gustado y marcado, hoy descubrí un texto de Ernesto Sábato… vaya sorpresa, seguramente la sorpresa del ignorante.
En los párrafos iniciales me encontré con una joya de pensamiento de este ilustre argentino… Está enunciada como epígrafe en este artículo, desde luego habiéndome ya atraído el nombre del texto desde un principio: La resistencia… precisamente cuando trataba de armar un texto sobre el güero Mederos, de los setenta mexicanos.
La guerra sucia.
Sin duda, qué afortunado… el destino.
Seguiré con lo de el güero aparte, pero lo de Sábato me atrajo porque hace ya un tiempo entré en un conflicto interno tratando de dilucidar qué ocurre en la mente de los que traicionan o por qué sus motivaciones han sido tan fuertes que se deciden a traicionar no sólo a los demás sino a sí mismos… ¿será?
Inmediatamente vinieron a mi mente las figuras del dinero, el poder, el dominio, el futuro promisorio, el no verse en necesidad nunca… ni la descendencia.
Creo que el neoliberalismo (el rostro actual del mal) no viene solo, ni siquiera acompañado, es una completitud siniestra, es como la nada de Historia sin fin, la historia del héroe el niño Atreyu…
Esta nada no sólo obliga a la deshonestidad, ni cautiva sólo con el poder del dinero, sino que trepana la mente, los rincones íntimos del hombre, ésos que guardan lo inamovible del ser, arranca la moral natural del ser biológico provisto de cerebro y muchos afirman que de espíritu; se asegura que desaparezca la fraternidad, la intocabilidad que debe haber por la perduración del género humano.
Se asegura de que haya una indiferencia total al causar dolor a otros seres humanos.
Las dudas se comenzaron a atropellar en mi mente… he sabido de traiciones históricas, conyugales, políticas, financieras, deportivas, etcétera… Pero nunca había vivido tan de cerca la traición al tiempo, al planeta, a las ideas ajenas y a las propias, además de una manera desfachatada y despreciable, mostrada en una absoluta incongruencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.
Es el caso que dadas las circunstancias político sociales de México en el presente, he visto las traiciones ocurrir como evento cotidiano, como si pasaran moscas, casi sin que haya sobresalto alguno como reacción.
Fidelidades, traiciones, vocación.
Pero hemos llegado a este tiempo en el que, ante el abuso histórico de los gobiernos mexicanos proclives al neoliberalismo, el pueblo ha llegado al límite, al hartazgo; bajo un esquema político electoral enfermo por la cantidad de… precisamente, traiciones en todas las modalidades conocidas, como preponderantemente los fraudes electorales… el pueblo se expresó masivamente en favor de un candidato de «izquierda», para decirlo de alguna forma.
Tengo que sentar que la izquierda y la derecha, para mí, guardan una gran distancia que tiene como esencia la intencionalidad legítima de favorecer al pueblo o actuar en su contra, respectivamente.
Bueno, pues… se disparó el baile, comenzó el brincadero, los principios, valores y preferencias políticas se comenzaron a sopesar con la lógica de un casino de juego donde todos quieren ganar.
Los valores y las traiciones entraron en el juego desleal, que debiera ser leal, para macular una vez más las prácticas políticas que las desvirtúan, y generan desconfianza popular desde hace mucho tiempo.
Habiendo muchas siglas y pocos valores que rescatar en el ámbito de la política formalizada en los partidos políticos, si observamos bien, sólo hay dos frentes, bipolaridad política: la derecha, muy bien delineada por ruin, y la izquierda llena de matices y salpicada en muchas ocasiones por la derecha histórica y contemporánea, muy evolucionada en su degeneración; proceso acelerado que comenzó con Carlos Salinas de Gortari.
Desde luego, hay que acotar que la derecha y la izquierda no son etiquetas, son organismos conformados por órganos sanos y órganos enfermos. Sus propios militantes los caracterizan, ni siquiera sus fundamentos y principios, sino sus prácticas, su ejercicio, maniobras sanas y malsanas son las esencias que han marcado la forma de vivir y de pensar de los mexicanos.
Bueno, cuando el pueblo se vuelca a favor de la modalidad de izquierda en uso, las siglas, los fundamentos y principios de los partidos de derecha se convierten sólo en trampolines porque sólo brincan sobre ellos para pasar al otro lado… a la izquierda, para salvar privilegios; y los que ya estaban en la «izquierda» corren a pepenarse ansiosamente de un Proyecto que todavía no terminan de entender y por eso lo que buscan afanosamente son cargos, puestos, comisiones o llámese como sea, con tal de entrar ya en el presupuesto gubernamental.
Se desata una guerra interna entre los recién llegados que se apresuraron en dejar sus organizaciones y los que se creen herederos naturales de la izquierda y que sostienen que llegó el momento de cosechar.
Olvidando en todo tiempo que precisamente una de las esencias de la Cuarta Transformación es la eliminación de privilegios.
La traición omnipresente.
De unos, de otros y en todas direcciones.
Creo que cabe hacer algunas reflexiones…
¿Los de derecha, PAN, PRI y sus colguijes, después de que sus partidos han encabezado la rapiña en contra del pueblo, han comprendido al fin, por arte de magia, que estaban equivocados y ahora están con él?
Muy poco probable.
Y los que históricamente han estado en la izquierda y piensan que llegó la hora de recoger, ¿han sido sinceros, de verdad son y han sido de izquierda?
También muy poco probable.
¿Quiénes en realidad están cometiendo traición al pueblo al que dicen pertenecer?
Todos.
¿Quiénes se están traicionando hasta a sí mismos?
Tal vez, ninguno.
Los dos tipos están traicionando hacia el mundo exterior pero están siendo fieles a su interior.
Creo que el asunto es que las conductas, las posiciones políticas, no han sido con base en convicciones sino con base en intereses.
Sábato maneja la fidelidad o traición a lo que sentimos como destino o vocación… ¿Qué sienten los traidores como vocación?
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo, de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Imagen de portada: Yeidckol Polevnsky (al centro), sustituida durante el VI Congreso Nacional Extraordinario de Morena como presidenta nacional de ese partido, pero quien asegura que sigue siendo la secretaria general en funciones de presidenta. | Foto: Twitter.
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