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Del México lindo y querido

Diálogo País / Top News / 11/02/2020

SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Martes 11 de febrero de 2020

 

Me hiciste pensar mucho esta mañana. 

¿Me estoy escondiendo o me estoy apartando? La verdad es que otras veces era «Me estoy apartando» y volveré, como un descanso. Hoy creo que sí me estoy escondiendo porque no me quiero contagiar. No sé de qué. ¿De la violencia? ¿De la intolerancia?  ¿De la frustración? ¿De la tristeza? ¿Del enojo? ¿Del miedo? ¿De la impotencia? ¿De la incomprensión?…

Creo que esta vez sí es diferente y estoy cambiando de trinchera.

Una en la que me siento útil, en la que puedo sentir alegría, esperanza y optimismo.

¿Cuánto me dure? ¡No sé! ¡Porque luego me llega la culpa! ¡…nche culpa!

¡Y me pregunto si no soy cobarde!

¿Cómo es posible que no me entere de lo que pasa?

¿Acaso no es también mi mundo?

¿Acaso no tengo alguna responsabilidad?

– Ayelen Romero

Fui a la marcha/caravana de la Paz a la que convocaron Sicilia y la Familia LeBarón. No te sorprendas ni me admires, no hice todo lo que hicieron, ni todo el camino, ni todas las miradas ni todas sus palabras son mías. No, sólo de la Estela de Luz hasta el Zócalo, en la CdMx.

Llegué puntual y ellos  fueron puntuales también. Un chorro de hombres y mujeres, chavos, niños, niñas, güeros y altos, todos hablando o en inglés o con tonadita. Primero me puse así como al frente pero luego se dijo que allí iban los familiares de desaparecidos. Me fui más atrás, porque tengo suerte,  y ya, caminamos, en silencio. Cero consignas, cero gritos, cero puños levantados. En cada antimonumento, palabra que yo no conocía, se gritaba en coro y diez veces: “Verdad, Justicia, Paz”. Luego unos se quitaron un zapato y así caminaron. Saqué fotos de los pañuelos bordados, más con hilo rojo que con hilo verde. Enfrente del campamento de los 43 en ellos pensé, pero el resto del tiempo iba repitiendo como letanía los nombres de los desaparecidos que conozco: Héctor, Chuy, Alejandro (dos veces que son dos Alejandro los que cuido) Kate, Misael, Luís Ángel, Marina y más. Escuché, con lágrimas en el puño, al organillero que por ahí andaba, tocando la del México lindo y querido al que de todas maneras queremos que nos traigan al morir. Me salí un ratito, como muchos, frente a no sé qué plaza, para ir al baño. Y al regresar, ya se habían adelantado entonces fui la última de la marcha, luego penúltima, y luego, cansada, decidí caminar a mi paso sobre la banqueta. Buscaba con la mirada a Lucía, mamá de uno de los Alejandro, con ganas de treparme al metro en la Alameda para ir a casa, muy cansada, ves que mi cuerpecito no da para mucho a veces, pero en su lugar me topé con Araceli, mamá de Luis Ángel, federal desaparecido con seis de sus compañeros hace diez años ya. A ella sólo la conocía de Facebook y se tardó en saber quién era la güerota que la estaba abrazando. Me presentó a los papás de los otros federales desaparecidos y me platicaron el largo camino que llevaban sobre ellos. Al dejarlos, decidí que si ellos podían con lo que han estado cargando, pues que yo llegaría hasta el Zócalo. Caminé por la banqueta otra vez, fui testigo de un altercado entre periodistas, sacaron a uno que hacía no supe qué, hablé con un chavo LeBarón de si podía él ser presidente de México, ondas de nacimiento y eso, vi más zapatos que se había quitado la gente levantados hacia el cielo y aprendí cómo se llega caminando de Bellas Artes al Zócalo, a ver si no se me olvida. Allá un grupito de personas nos esperaban, bueno a la caravana, y gritaban: “Es un honor estar con Obrador”. Decidí irme. No podía caminar más, ni estar de pie y no quería ver de muy cerca alguna pelea. Llegué a casa y me tumbé.

Esto es lo que hice.

Lo que pensé, lo que sentí es lo que he sentido incontables veces, lo que sientes tú, lo sé.

Impotencia, profunda. Por ayudar a los familiares de desaparecidos. Por encontrar a los desaparecidos. Por detener la violencia que vivimos.

Exasperación, a flor de piel. Por no lograr explicar a los del coro que estaba en el Zócalo que nadie está en contra de nadie, que no es política el querer saber quién mató, quién violó, quién se llevó a la persona que amas.

Amargura, dentro de mi corazón. Por no ser capaz de arreglar las cosas, el mundo. Porque me gustaría, Ixchel, llegar a tu casa con Héctor del brazo, y decir: “Mira, ya terminó la pesadilla”. O Lucía, decirte: “Mira, aquí está” Vale. “Mira encontramos a Kate, Araceli, tu hijo, tu colibrí, y sus compañeros, y más”. Y sí Norailiana, llegar con tu Madre y sentar frente a ella a Misael, su hijo. Pedirle perdón a tu Tata por no haber sido milagrosa a tiempo. Y a ti. Perdón.

Rabia, encono, a flor de tripas. Por el desdén expresado por las autoridades, por el señor presidente, disertando sobre el honor. Por oír críticas hacia la lana que tienen los LeBarón, o hacia su manera de vivir, como si esto o aquello justificara la matanza de sus bebés. Por leer las campañas que hay en contra de Sicilia, tratando de arrebatarle el lugar que le corresponde por ser conocido y por haber perdido a su hijo, como si por ser conocido no doliera la ausencia.

Desconsuelo, quebranto, deteniendo la sangre en mis venas. Por todo.

Y esto es  lo que hoy pienso-siento, que todo está mezclado, ves que mi intelectualidad es sumamente sentimental.

El trabajo de hormiguita tiene que servir. No es ya en mí una cuestión de decidir si lo que hago sirve o no, si se vale sólo escribir, alzar la voz sólo frente a tres personas, sólo pintar miradas, sólo salir a la calle con mi pancarta y plantarme en el peri, o sólo, sólo ir de la Estela de Luz hasta el Zócalo.

Tiene razón no sé cuál de los LeBarón que si nada más tres millones  de personas hacen “algo” juntos, se puede avanzar.

¿Podemos mover la tierra de su eje? Sí.

¿Serviría de algo? Sabe…

Supe que lo de quitarse el zapato es en honor a la niña que sobreviviendo a la matanza de mujeres, niños y bebés, salió por ayuda caminando. Diez kilómetros. Sola. Herida. Y se quitó el zapato que le estaba sacando ampollas. Mackenzie LeBarón Langford.

Si como ella, me quito lo que sea que represente mi zapato y hago mejor lo que estoy haciendo, si me aparto de lo que me quita el tiempo, tal vez llegue mi voz más lejos y mueva montañas.

Tal vez si ignoro el odio que siento en redes sociales, tuiter es una calamidad a veces, si ignoro los cartelitos de “Tus acciones deciden la vida de todos los seres del planeta”, “Busca la paz en tu interior”, “No comas plástico”, “Australia se quema, es tu culpa”, “Ese coronavirus ya te fregó”, si no como carne, si no uso toallas sanitarias desechables, si corro diez kilómetros al día, antes de desayunar claro, si, si, si…

Tal vez si veo que mis palabras, mi ejemplo, mi vibra cambia mi entorno para bien…

Tal vez si mis acciones están encaminadas a dejar mi mundo y el de mis allegados mejor que al despertar hoy…

Tal vez si la trinchera que escoja, mi trabajo, las redes sociales, mi familia, mis amigos, la defensa de las víctimas de violencia, el feminismo, la ecología, la protección a los animalitos, la cocina rica y reconfortante, el consumo de chocolate, tal vez pueda ser por fin un motor de cambio.

Julián LeBarón.

Todo esto, todo mi coctel de frutas con helado y nueces, bien revuelto, para decirle a una de mis amigas, la que escribe el textito que te puse al principio, que está bien. Se vale retirarse de ciertos ambientes para guarecer nuestros ánimos, para no contagiarse del odio, de la cizaña activa hoy, en México y en el mundo. Se vale decidir que un cartel compartido en face o una frase asesina en tuiter, no sirven de nada si uno nomás se queda milando y cliticando.

Todas las trincheras son válidas amiga, todas. Seamos nosotros mismos, normalitos.

 

Ah, traigo tantito acento Lebaronesco.

Y he estado llorando. Obvio.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






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1 Comentario

el 11/02/2020

Gracias amiga, cada ves que te leo te veo a la distancia, me traes a Héctor, gracias por caminar, bordar, pintar, escribir por amar.
Gracias Ixchel, esposa de Héctor desaparecido 19 junio 2010



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