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NOPALES Y HORTENSIAS
Carla Martínez*
Francia / Viernes 14 de febrero de 2020
Quizás hayan leído sobre una gran ola de huelgas y manifestaciones sociales que ha habido en Francia estos últimos meses. Cerca del periodo navideño el país estaba semi-bloqueado porque los ferrocarrileros y empleados del transporte público de las grandes ciudades estaban en huelga. ¿Cuál es la razón de estas manifestaciones? Se oponen a una reforma del sistema jubilatorio propuesto por el gobierno.
Si describo lo que propone el gobierno y que ha generado tanta oposición, quizás no suene para nada mal. Sobre todo para nosotros, mexicanos. En México la jubilación es una idea abstracta, casi indefinible y poco accesible para la gran mayoría. En un país donde la mayor parte de la gente que trabaja lo hace en negro, sin derecho a seguridad social y sin ningún tipo de cotización en vista a una futura jubilación… cualquier cosa suena extraordinaria.
La cuestión es que los franceses están acostumbrados a otra cosa. La cosa es sobretodo el nivel de vida que las personas que hoy en día tienen entorno a los 70 años pueden tener.
Voy a hablar de ejemplos concretos para comparar la situación de una persona de poco más de 70 años en México y en Francia.
Mis suegros tienen 70 años. Cuando yo los conocí hace 9 años, ambos ya tenían un par de años (¿quizá más?) años jubilados. Mi suegra fue secretaria toda su vida. Mi suegro tuvo mucha suerte (él sólo terminó la secundaria técnica), y la mitad de su carrera la hizo administrando una fábrica. Tienen un buen nivel de vida, casa propia, dos carros, cada año se van dos semanas de vacaciones al extranjero en primavera y en verano unas tres semanas a algún otro lugar de Francia. Tienen muy buena salud y acceso perfecto a cualquier tratamiento médico que precisen.
Mi mamá acaba de cumplir 73 años. Tiene un posgrado. Trabajó como periodista por más de 20 años, y después, como profesora universitaria en una universidad privada. Todavía trabaja en la UNAM, sistema abierto y a distancia, los sábados. No puede terminar de jubilarse en la UNAM porque no ha cumplido los años precisos para contar con una jubilación decente. No tiene coche, vive en una casita propia en Hidalgo que compró vía el FOVISSSTE y que aún no termina de pagar debido a los intereses leoninos que le cobra el sistema. Vive bien (es súper bien administrada), es hipertensa y su cuidado cotidiano lo hace en el IMSS… les dejo adivinar el nivel de atención y cuidado que tiene.
A mi mamá le cayó extremadamente bien el que la ayuda a personas de la tercera edad del gobierno, se extendiera a personas que ya poseen una jubilación. Su jubilación, a pesar de que tuvo empleos profesionales serios, es irrisoria. Sólo vive bien porque vive sola y es una mujer previsora y ahorradora. Es gracias a esos 1000 pesos mensuales (más o menos) que puede ir más adelantada con los pagos de su casa y acumular menos intereses.
Mis suegros, evidentemente, no reciben ningún tipo de ayuda del Estado. Las ayudas acá son para personas con hijos chicos (más de 2), para desempleados, para personas en precariedad seria. En general, los adultos mayores jubilados, viven bien. Obvio que hay casos en que no, y hay un complemento de jubilación (ingreso mínimo para la vejez) al que se puede acceder, pero la visión social y la realidad de muchas personas, es muy diferente.
Acá las personas mayores raramente tienen descuentos en algo.
Ni en transporte, ni en museos, ni en medicinas.
Más bien como que son un mercado interesante: compran casas cerca de la playa, se van de vacaciones, compran cosas para los nietos.
Caray, yo quiero esa vejez.
Y puedo entender por qué la gente acá defiende esa posible vejez con uñas y dientes. Sólo la posibilidad, el poder soñar con una jubilación medianamente decente y regularmente temprana me parecen más de lo que yo había podido fantasear en México.
Al final, este grupo de personas mayores viviendo bien, consumiendo, disfrutando, es mejor para la economía que una población mayor cansada, que debe seguir trabajando, con problemas de salud mal cuidados…
Aún si no pensáramos en lo humano, económicamente es absurdo precarizar a la gente mayor.
Obviamente, Francia no es México, ni México es Francia.
Pero a mí me gustaría seguir viendo a esta Francia en que los ancianos son actores sociales y no receptores de lástima o de miradas de costado.
Hay otros miles de factores.
Acá hay más soledad, acá hay menos ternura, más ancianos viviendo en asilos… pero al menos una gran mayoría tienen para pagar su propio asilo.
¿Qué Francia nos tocará vivir a mi marido y a mí en nuestra vejez? Bueno, eso es lo que se juega en esta época de huelgas y calor político por acá. Y si bien entiendo que el sistema quizá tenga fallas y haya que buscar modificaciones para hacerlo eficiente, esa eficiencia debería contemplar mantener esa tercera edad disfrutable y bien vivible para las futuras generaciones.
* Carla Martínez, además de contar historias como migrante internacional desde la Bretaña francesa, ha sido ghost writer durante años, redactora de contenido para una empresa española y ahora trabaja como profesora de idiomas en una universidad privada francesa.
Foto de portada: Rene Böhmer (@qrenep) / Unsplash.
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