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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 2 de marzo de 2020
Hace años, muchos, tantos que en ese tiempo yo decidía de la hora de dormir para mis hijos, vino a comer un amigo a la casa. Era amigo sin ser de los mejores, casi conocido nada más.
El caso es que llegó, había traído postre y nos sentamos a comer. Había hecho yo ese día picadillo. Este cuate se jactaba de ser un genio en la cocina y al probar mi carne, la del picadillo pues, descubrió que el sabor era nuevo para él. Me pidió la lista de los ingredientes, el tiempo de cocción y casi casi la marca del aceite que le había yo puesto. Yo me sentía muy contenta, digo, el chef regional preguntaba por una de mis recetas, hasta que se lanzó en un largo monólogo que podría haber titulado Del porqué el picadillo jamás de los jamases lleva laurel.
Paso rápido sobre los detalles de la discusión, porque no fue interesante, una onda “Yo cocino como se me pega la gana –regalada-“ y “La cocina es sagrada, no se omite ningún comino y no se agrega ningún grano de sal a las recetas”.
El caso es que no llegamos a ningún acuerdo, consenso o mínima tolerancia. Y no importa mucho, sólo era picadillo. Aunque me sorprendió mucho que el convidado gritará como becerro que se llevan al matadero, deveras. Tal vez haya sido más profundo el malestar que la batalla alrededor del laurel, porque desapareció de nuestras vidas, un día, sin gritar ni agua va. Y no, no se le extraña, te digo era poco más que un conocido…
Y hoy me acordé. No que vaya yo a ponerle laurel a todo, de hecho hoy ni siquiera voy a guisar. No, por lo que veo en redes sociales, y lo que oigo en las conversaciones ajenas. Lo del 8 de marzo. Y luego lo del 9. Porque mira que se ha armado un buen lío en las redes.
Aunque no a propósito de la marcha, por lo visto ya no importa tanto si hay pintas o no, parece haber un consenso de que la marcha va. ¿Nos estarán dando chance porque es “nuestro día”? ¿O hay un hueso más sabroso de roer? ¿O porque alguien, además de nosotras, se siente amenazado?
No sé en tu muro de face, o tu tuiter, tu instagram, todas tus redes pues, pero en las mías me sentí bombardeada. Por textos, opiniones, artículos, memes y hasta encuestas.
Discusiones a veces estériles, cada quién con su idea, defendiéndola a brazo partido, literal porque los argumentos que vi aquí y allá son pobres, muy pobres. Porque por lo visto cada quién se monta en su macho – que parece ser su hembra- y de ahí no se mueve. Que si la derecha está metida, que si las mujeres también matan, que si el presidente, que si su esposa, que si los feminicidios, que si no puedes no vayas, y si no quieres ir deja que los demás hagan lo que se les pega la gana, y eso. Puro picadillo con o sin laurel.
Me dice una amiga que hay que hacer algo para cambiar las cosas, que tal vez podamos organizar talleres de concientización, sin caer en la onda de “Yo sé más que tú y te vengo a explicar cómo llevar tu vida”. Es la única persona con la que he hablado que busca hacer algo, no sólo discurrir, no criticar, no aceptar cualquier idea, no meter la cabeza en la arena.
Y de la marcha y del día y del laurel no hablamos.
Si te gusta el picadillo con laurel, si tienes en casa, y si nadie te va a aventar el plato, ponle a tu carne molida.
Si no, no.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Foto de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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