SOMOSMASS99
LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Viernes 27 de marzo de 2020
No permitas nunca por «amor» a un hombre aunque sea el padre de tus hijos que los lastimen.
– Dayana
Una de las prioridades de esté espacio es evitar que sigan ocurriendo feminicidios contra niñas y mujeres. Esta historia está llena de mucha valentía, de amor; de porqué no decirlo avergüenza; de dolor, de impotencia. Pero al mismo tiempo, de mucho respeto por el coraje de esta madre que logró salir de ese círculo de violencia en el que se encontraba, y salvó a su pequeña de seis años.
Una historia diferente a la mostrada en el dibujo que acompaña esta columna, realizado por una mujer a la que nadie le creyó cuando de niña dijo que era violada constantemente por un familiar muy cercano.
Tenemos la costumbre de juzgar a quienes padecen de violencia y logran salvarse y alzar la voz, o condenar a las mujeres por no salvar a tiempo a sus pequeñas. Les invito a que sin juzgar lean la siguiente historia, escrita por una mujer viva que hoy tiene en la cárcel al padre de sus hijos y salvó su vida y la de sus pequeños. Por seguridad los nombres reales fueron cambiados para evitar revictimizar a esta mujer y su pequeña hija.
Te contaré una pequeña historia…
En noviembre de 2009 conocí al que pensé sería el amor de mi vida. A esta persona, de nombre David, lo conocí cuando estaba estudiando la preparatoria. Duramos un año de hermoso noviazgo y después decidimos tener a nuestro primer hijo, llamado Roberto. Todo estaba de maravilla. Él entró a trabajar para empezar a formar nuestra pequeña familia y yo en casa. Durante mi embarazo todo iba de muy bien: un mes antes de que nuestro pequeño naciera fuimos a comprar su ropita, cobijas, la cuna; ya estaba todo listo para recibir a nuestro pequeño con mucho amor. Un par de meses después de que mi bebé nació, David cambió mucho. Había ocasiones que llegaba a dormir a casa y otras no, otras llegaba ahogado de borracho. Un día llegó muy tomado y me dijo que ya estaba harto de mí, que yo no hacía nada en la casa más que estar con Roberto nuestro bebé, y que ya no me podía mantener. En ese momento mi corazón se rompió en mil pedazos. Mi vida, que era hermosa a su lado, dio un giro inesperado. Pero yo no lo podía dejar, lo amaba demasiado.
Así pasó el tiempo: él en su relajo y yo en casa con mi pequeño. Después de año y medio quedé embarazada de mi segunda hija, una princesita llamada Mica, que por cierto ha estado conmigo cuando más la necesito. David los fines de semana se iba a ensayar con su banda de Rock y no llegaba a la casa. Después dejó de trabajar y los que nos mantenían eran sus papás. Cuando casi estaba a punto de aliviarme, yo no quería que naciera mi pequeña y no por mala madre, sino porque nunca compramos nada para ella como en mi primer embarazo.
Cuando mi pequeña nació tuve que dejarla a los dos meses al cuidado de David, al igual que a mi pequeño, al ver que las necesidades crecían. Decidí irme a trabajar y así pasaron los años. Siempre que regresaba a casa, él estaba tomando. Hubo muchos problemas por su vicio, me tenía harta su alcoholismo, ya no podía seguir ahí con él. Intenté salirme de la casa, pero no tenía a dónde ir ‘ya que desde que me salí de casa de mis papás me cerraron las puertas’. Y así pasó el tiempo; me acostumbré a trabajar para mantener la casa. Todos se daban cuenta de nuestra situación: los vecinos, su familia, mi familia, todos. A mí no me daba pena mantener a mi familia, luchaba por que estuviéramos muy bien (cosa que a él no le importó). Después fueron las infidelidades; mi corazón se rompía cada que él me decía que ya estaba harto de mí. Me aferre a él para que mi familia nunca se separara (es la decisión más estúpida que pude haber hecho en mi vida).
Para él no había nada más importante que su alcoholismo y sus amigos, en la pulquería a la que últimamente iba. Cada día todo empeoraba: él ya mezclaba la cerveza con la famosa bebida llamada cañita. Estaba muy grave esta situación, todos los días tomaba. Ya no lo soportaba.
A principios de este 2020 todo cambió en mí cuando lo vi haciendo la peor inmundicia que me pudiera imaginar: David estaba tocando a nuestra pequeña hija; me dio mucho coraje, impotencia. Cuando lo vi, mi reacción fue quitarle a mi hija y decirle muchas cosas. La verdad no recuerdo qué tanto dije, pero él se enfadó mucho y corrió por un trinche que tenía en la cocina y me amenazó con picarme. Sólo recuerdo que me jaló de los cabellos, levantó su mano hacia arriba con mucho impulso… Me dio mucho miedo cuando vi su cara transformándose, los ojos casi se le salían, fue horrible. Sólo logré darle una patada para que no me hiciera nada, no asimilaba lo que pasaba. Al día siguiente les comenté a sus primos y fuimos a hablar con su mamá, quien sólo dijo que lo iba a anexar. Dejé pasar los días, pero nunca vi un sólo movimiento por parte de ella. Hasta que el 12 de enero me di cuenta que no era la primera vez que lastimaba a mi niña. Viendo unos vídeos que él mismo había grabado, en los que mi hija salía, mi furia y asco creció aún más. No lo podía creer, mi corazón se rompió, sentía que me moría. Sólo recuerdo que esa noche le marqué a su prima y le comenté lo que había visto. Me dijo que me calmara, que no hiciera una locura. Me puse a fumar como loca, no podía creer lo que esta persona le había hecho a mi hija, me quería morir. Sólo recuerdo que me desmaye como tres veces, no podía reaccionar.
Dios, no sabía cómo manejar esta situación a mis 27 años, no sabía qué hacer. Así que al día siguiente me puse a investigar qué era lo que tenía que hacer. Me puse en contacto con un abogado que no me dio muchas esperanzas para empezar una denuncia. Después me puse en contacto con mis primas y ellas me ayudaron a hablar con mis papás, ya que a mí me daba demasiado miedo de cómo iban a actuar. Ese día que hablé con mis papás ya no me dejaron volver a esa casa, me dijeron que me iban a apoyar en lo que yo hiciera y fue cuando me decidí a realizar una denuncia legal contra el hombre que se atrevió a herir a mi pequeña. Una noche, antes de actuar, él me habló y me dijo que regresara a casa, que me extrañaba mucho, que le dijera el por qué no había llegado y que quería verme.
Pero decidí proceder legalmente para proteger a mi hija y que le hicieran justicia. Hace dos meses exactamente que no lo veo; él está preso en un penal en alguna parte de este país, enfrentado un proceso legal por violación. Y no me voy a detener hasta lograr que lo sentencien. Sigo peleando la custodia y patria potestad de mis hijos para que ese malnacido jamás vuelva a acercarse a mis pequeños.
Como madres debemos estar atentas a todo lo que sucede con nuestras pequeñas, nuestros niños. Hablemos con ellos de lo que hacen durante el día y si una pequeña les dice que algo está pasando, crean siempre en ella. A mí nunca me dijo nada mi nena, porque el malnacido manipuló muy bien a mi niña. Pero si lo hubiera hecho, jamás habría dudado de ella.
Dejo esté testimonio no para que me juzgues, sino para que no te sientas sola. No permitas nunca, «por amor» a un hombre, aunque sea el padre de tus hijos, que los lastime.
Dayana.

Desde FridaGuerrera y Voces de la Ausencia nos mantenemos pendientes del proceso legal y cerca de está valiente madre que hizo lo que todas las madres deben hacer: anteponer el buenestar de su hija, antes que a cualquier hombre.
¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo, de una mujer víctima de feminicidio o desaparición? ¿Eres sobreviviente de una relación violenta o intento de feminicidio? Búscanos, ayúdanos a visualizarlas y a contar sus historias. Voces de la Ausencia.
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
Facebook: FridaGuerrera Guerrera
Voces de la Ausencia, FridaGuerrera Villalvazo
El dibujo de portada e interiores, titulado No te calles, fue proporcionado por una mujer víctima de violación.
Comparte en Facebook
Twittéalo








