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De diagonales virales

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 30 de marzo de 2020

 

Y bueno, ¿cómo vas? Imagino que no estás usando ni bloqueador solar ni sombrero, total, encerrados no nos damos cuenta ni de lo que quema ni de lo que arde. A mí me arde tantito lo descosido de las decisiones, siento que cada parte del gobierno agarra sus cosas y hace sus desmanes, cada quien a su estilo, unos tranquilos y otros volándose las bardas, ve a Barbosa. Y me quema que de lo que sigue sucediendo ya nadie hable. Andamos más desaparecidos que antes y  en las noticias casi no se oye hablar de balaceras, feminicidios o ausencias inexplicadas.

 

Puro virus con su corona, lista de muertos, de infectados, de discursos, el peso enfermísimo, ha de tener cama especial en el INER, y el silencio por las calles. Silencio relativo, sí, pero ahí está.

 

Y por dentro de la casa, todo muy raro.

Acá los hijos son adultos, todos trabajan. No necesito entretenerlos coloreando o mandarlos a bañar. Sólo se requiere bajarle a la música -la mía-, tener la comida lista temprano que porque “hay teleconferencia a las tres”, manejar el estrés de no poderme bañar a la hora acostumbrada porque el baño siempre está ocupado y titularme en malabarismo por la inmensa bola de nervios que se ha vuelto el mareado por aquello de que los mecánicos de la empresa deben recibir su sueldo pero no hay lana que entre al cofre del tesoro.

Esto además de lograr tener sexo con todo y la famosa Susana –distancia- entre nosotros.

Nuestra cama es grande pero ni a lo largo ni a lo ancho cabemos los dos si queremos respetar las directivas del gobierno.

Así que hoy, habiendo dado instrucciones precisas a los chavos -si quieres que te deje cerrar tu puerta cuando venga la novia, déjame hacer lo mismo- descubriremos la diagonal de nuestra cama.

Tengo ya el libreto pensado.

 

Porque tu mirada me importa, porque en ella descubro ese amor por mí que a veces escondes, te reto a que con ella, y sólo con ella, me hagas el amor.

Eso. Así. Sé que esta blusa te gusta, por eso la escogí. Sí, pensé en el primer botón, tal vez no puedas… y sí, lo hiciste salir de repente de su ojal, esa mirada tuya sabe lo que hace.

Lo sé. ¿Sientes cómo deslizo la tela sobre tu hombro izquierdo? ¿Cómo resbala por tu espalda y finalmente cae al piso?

Hice bien en no abotonarla hasta abajo. Deja que lo intente yo ahora. La tela de tu camisa es como tiesa, mi mirada no está acostumbrada, espera…  “Tiesa” me invita a invitarte más, ¿lees en mis ojos qué pensé?

Aunque no lo leyera, lo siento ya. Crece en mí más que el incendio de mi vista. ¿Y tú? ¿Están erguidos tus pezones? ¿Necesito ayudarte con los broches? Con un dedo lo podría hacer, con un solo pestañeo tal vez… Ya. Libres, están libres, y sí, erguidos frente a mi propia turgencia.

¿Turgencia? Esa palabra no la hemos usado nunca, no te me pierdas.

Corrijo. Están erguidos frente a mí, y sé que frío no tienes. Y yo tampoco, me estorba el  cinturón, y el cierre, y el pantalón, ¡libérame ya!

Me conoces. Sabes que el momento en el que siento la hebilla en mi mano, me derrito y mana entre mis piernas una húmeda invitación. Pero sólo con la mirada, no siento lo mismo, sólo desesperación.

Espera, ¿es nada más a ti a quien no debo tocar o puedo tocarme yo? Me quitaré la hebilla del camino y el cinturón y el pantalón, y puedo, mira, puedo yo sólo agarrarlo y sentirlo y… Sí, lo sé, sigo mirando tus senos, tus pezones, mírame, mírame, sí, tu falda, ya sé, pero, pero… ¡RRRRAYYY!! ya, ya, ya…

Oye, esto del amor en tiempos del corona no está tan mal, ¿verdad? 

¿Te gustó mi amor…?

 

Y sí. El libreto se fue al caño. Y creo que tal vez lo mejor sea sentar al mareado con los chavos a jugar dominó y disfrutar yo solita de la diagonal de mi cama.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Foto de portada: Lutz Peter / Pixabay.






Luis López




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1 Comentario

el 31/03/2020

Hola, me gustó como transformas una situación de crisis en un encuentro que toma una profundidad intima probablemente más amplia que si estuvieras a ritmo de vida normal.
Como pequeños detalles se pierden con las prisas de la cotidianidad.



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