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El principio del fin

Crónicas / Para Ver, Oír y Comer / Sociedad País / Top News / 02/04/2020

SOMOSMASS99

 

Lázaro Uc Mas*

Jueves 2 de abril de 2020

 

No tuve que esperar mucho. En breve, las sombras empezaron a moverse. Primero lento, luego cada vez más rápido. En menos de lo que termino de escribir, una docena de vidrios cayeron. La gente entró sin más consideraciones, al igual que las películas de pandemias y esas cosas. En un segundo volaron cuerpos sobre los anaqueles y estantes, apresuradamente sobre los carritos se ponían objetos de todo tipo, no faltaron los electrodomésticos, aunque no fueran precisamente electrodomésticos los que se necesitarían en los próximos días.

Un día antes, el preciso había anunciado la emergencia sanitaria. Lo que antes fue objeto de contemplación en las salas de cine, se volvía realidad. El mensaje era claro y contundente. ¡Quédate en casa!, so pena de contraer el virus que se expande por todo el mundo. Como siempre, en el espacio de las calles, plazas y mercados nadie sabe con certeza qué es lo que realmente pasa, pero mientras sean peras o manzanas, veía entre mis miedos, azoros, y espantos, cómo asaltaban un supermercado.

Y no esperé más. Arranqué la camioneta y la estacioné lo más cerca posible a una puerta. Como apenas empezaba el desmadre, encontré n un carrito, mejor dos. A ver si puedo. Sí pude. Me colé entre cuerpos agitados, pasillos llenos de miles de objetos irreconocibles. Dos se peleaban una maldita Tv. No lo van a comer, pensé. Luego rectifiqué, es para ver las noticias. Tienen razón. Yo sólo busqué comida. Atasqué los dos carritos de atunes, frijoles, arroz, sardinas, huevos no pude. La pinche gente en su desesperación había tirado los anaqueles y todos estaban rotos en el piso. ¡Pendejos!, les grité. Obviamente no me hicieron caso. Latas de conservas de verduras de todo tipo, bolsas de semillas que parecían comestibles. Obviamente no me iba aponer a leer las etiquetas para saber qué eran exactamente y cuánto tenían. O qué tan saludables eran. De todos modos ya sabemos que eso no es cierto. Ningún productor pone en sus etiquetas de qué maldita cosa realmente están  hechas. Todos sabemos que ponen mil y una cosa para hacerlas atractivas, pero nunca su verdadero contenido o, por lo menos, lo disfrazan. Mercadotecnia, le llaman.

Un día antes habían enfatizado: tomemos las cosas con calma, todo está bajo control, no habrá desabasto de nada. El gobierno ha diseñado una estrategia que permitirá que la infraestructura sanitaria del país no colapse. Todos serán atendidos. Los enfermos, claro. Contamos con los recursos necesarios para que todo aquel que lo necesite sea atendido debidamente. La desesperación no nos ayudará. No hagan caso a los apologistas del pánico. Por favor… por favor… por favor… Pero a muchos nos valió madres. Bueno, no tanto, en mi caso. Era por las dudas. A lo mejor sí, a lo mejor no. Yo no quería hacerlo. Pero la maldita duda no me deja. Si está bajo control, que chido. Pero, ¿y si no lo está? Y al pinche gobierno no se le puede creer. ¿Cndo has visto eso? Desde López Portillo todo ha sido un desmadre en los gobiernos. Ahí tenía a su negro Durazo que resultó una verdadera ratota. Más recientemente Calderón tuvo a su García Luna, preso ahorita en EEUU. Así que, ¿confianza en el gobierno? ¡Ni madres! No lo han demostrado. Bueno, el preciso actual dice que sí las puede. Ha hecho algo, pero, pues, como que aún le falta demostrar y no termina de ganar confianzas, menos cuando se apoya en unos hijos de su chingada madre que pa’qué les cuento. A ver, ¿qué es eso de estar junto al dueño de Tv Azteca? No mames. Todos saben cómo hizo su riqueza y los que no lo saben, investiguen cabrones. Ahí está en internet. Igual que Slim, Larrea y toda esa bola de putos. No, no hay confianza. Si López Obrador la quiere, aún le falta mucho.

Me pase toda la puta noche pensando. ¡Maldita sea! Abría y cerraba el celular. Entraba a «face». Consultaba la página oficial. Veía otras noticias. La página oficial un dato, las noticias otros datos. Prendía y apagaba el televisor. Me calmé un rato y me puse a ver la película Virus. No lo hubiera hecho. Terminó la película y aumentó la duda. Subí a los cuartos de los niños. Todo bien. Mi esposa, bien. Le hablé a un amigo.

Yo: Oye, güey, qué piensas de este desmadre.

El güey: Naaaa. Puro pinche teatro.

Yo: ¿Lo crees?

El güey: Si, mira: siempre es así cuando el gobierno quiere ocultar una cosa o está preparando algo. La famosa cortina de humo. Y si no es eso, pues son lo pinches empresarios, con eso de la sobreproducción y la necesidad de estabilizar la oferta y la demanda, a su favor, claro.

Yo: Puesss… Puede ser, pero la gente se está enfermando y muriendo. ¿Ya viste lo de Italia y España?

El güey: No mames. La gente siempre se enferma y muere, mira los datos de la gripe y otras. Además ya somos muchos, jajajaja. El mayor depredador del planeta. Que se mueran unos cuantos no pasa nada, jajajajaja.

Yo: Te pasas.

El güey: Ya duérmete. Yo voy a trabajar mañana porque si no, no como.

 

Valió madres. Seguí igual, o peor. Del sofá a los cuartos, de la cocina al baño. Del baño al estudio. Un pinche cuartito donde amontoné muchas cosas, una mesita de plástico, una compu y una silla que chirriaba cada vez que me sentaba. Lo bueno es que el internet no estaba fallando. Otra vez al “face”. El mapa mundial, cada vez más rojo. En China fue donde primero se incrementó el número de muertos. El descubridor del virus ya se murió. En Italia se  mueren a puños porque que no escucharon las recomendaciones del gobierno. Los cabrones se fueron de fiesta y a las playas. Les valió madre. Y ahora dizque recogen a sus muertos y quisieran volver una semana antes. Jajajajajaja, ya no pueden, ahora se chingan, jajajajaja… Pero como decimos aquí, lo bailado ya nadie se los quita. No, no quiero que me pase lo mismo. Por las dudas.

A codazos y empujones saqué los dos carritos. Ahí estaba el auto de una vecina de 70 años. Tiré el contenido de los carritos en la camioneta y regresé por más. La misma historia. Empujones al por mayor, pero logré sacar otros dos carritos llenos. La vecina estaba con su nieto, un niño de 13 años. Juntos empujaban sus carritos hasta la madre de víveres y de papel higiénico. Me acordé, ¡puta madre, no llevo papel! Y en chinga me voy por todos los que se pudiera. Aunque ya casi no había logré llenar dos carritos de papel higiénico. No se come, pero, pues, si todos llevan por algo será. Así que, arrollando a medio mundo salí con mis incontables rollos de papel. Por lo menos mi culo estará limpió, pensé en el trajín. (Este pensamiento me causó risa. Si no fuera por la prisa, me carcajeaba, pero no había tiempo).

Di como tres vueltas. Es que el super está cerca de la casa. Mi esposa y mis hijos ni en cuenta. Un cuartito que está al fondo del patio sirvió de bodega, como pude estibé lo que había traído. Quise contarlos pero no, qué hueva, ya están aquí y eso es lo que cuenta. Casi lleno el cuartito. Hasta me dio tiempo de ayudar a la vecina. Y hasta de llamarnos ladrones. Sí, era un robo. Habíamos robado el supermercado. Yo y unas decenas más de gentes. Y mientras lo hacíamos escuchábamos que en otros lados, otras ciudades, otros barrios, otras colonias, sucedía lo mismo. O sea, no eran decenas, eran cientos, miles, millones quizás. Hace apenas unos días era, como todos los demás, un trabajador que se creía responsable, normal, pues. Trabajar de lunes a viernes, descansar el fin de semana, beber cerveza con los amigos los viernes, echarse una “peda”, pues; y si se descuidaba un día entre semana, pues también, los sábados en casa y los domingos de futbol, como dice la canción. O de cine, con los  niños. O al río, a una carnita asada, más raro, pero sí, de vez en cuando. ¿Robar?, naaaaa. Sólo los dulces de mi compañera de trabajo. Sobre todo esos que traen como cacahuate envueltos en celofán naranja. Esos que desde que los empiezas a abrir sientes como pequeños temblorines en las yemas de los dedos y quisieras hacerlo más rápido. Como cosquillitas. Y aún antes de que lleguen a tu boca, ya sentiste el sabor que te espera. Y de pronto sientes cómo los lados de tu boca se inundan de una pequeña salivación que llegan hasta los dientes más internos. Las muelas, pues. E inconscientemente tragas saliva rememorando el sabor de tus deliciosos dulces de cacahuate. No son tuyos, pero no importa, que cuando te los llevas a la boca tu cerebro ya registró el sabor. Pero cosa chida, cuando ya están en tu boca recreas doblemente su rico sabor. Sólo son unos pinches dulces de caramelo, pero para están mega ricos.

Era normal. Bueno, sigo siendo normal, miles hacen lo mismo que yo. Así que sigue siendo normal. Lo normal es la norma, y la norma hoy es prepararse para el encierro. Eso es lo que cuenta. Sí, está bien, robé un poco, pero, si no lo hago, ¿mo sobrevivo? Sí, es que es verdad, pues ya la hice, porque si no, pos ya me jodí. Puedo ser enjuiciado como ladrón, pero está la pinche duda, y si es verdad, pues, como dije, mientras se aclara yo sonrío. Mi bodega improvisada está llena. Dicen que son 30 días. Por mí pueden empezar. Estoy listo para la cuarentena.  

Mundo, nos vemos en un mes.


* Lazaro Uc Mas es miembro del Movimiento Democrático de Trabajadores de la Educación de Guanajuato. 

Foto de portada: Erik Mclean (@instropectivedsgn) / Unsplash.






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1 Comentario

el 27/04/2020

BUENO PUES PARA LOS QUE NO LO SEPAN AMLO TIENE QUE TRATAR CON TODOS Y ESO SIGNIFICA CREAR SOSPECHAS PERO TIENE QUE ARRIESGARSE Y ES SU ESTRATEGIA NO LO DUDO. HAY VARIAS HECHOS EXTRAÑOS EN SU COMPORTAMIENTO Y CREO QUE EN ESTOS TIEMPOS ES PORQUE ESTÁ PERDIENDO CREDIBILIDAD, POR QUE EL PUEBLO EN GENERAL NO ESTÁ ACOSTUMBRADO A CREER EN LOS POLÍTICOS.



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