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Riesgos de la cuarentena

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 16/04/2020

SOMOSMASS99

 

©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 16 de abril de 2020

 

Se suele decir que los humanos somos seres gregarios, es decir, tendemos a vivir en grupo, con otros congéneres. Filosóficamente se asume que realmente somos semigregarios; significa que algunos de nuestros impulsos y necesidades son sociales y otras son solitarias.

El filósofo español contemporáneo, José Antonio Marina, afirma que el ser humano, cuyos miedos más numerosos proceden de la compañía, teme profundamente a la soledad.

Significa que necesitamos del otro para vivir, al mismo tiempo que nos puede resultar asfixiante y hasta atemorizante su omnipresencia.

Necesitamos la compañía del otro, al mismo tiempo que espacios de soledad. El bebé, la niña y el niño necesitan la presencia de su figura de cuidado para ir a ella a abastecerse de seguridad y consuelo cuando se siente atemorizado o estresado, así como para lanzarse a la exploración cuando se siente seguro.

Sin el otro, el niño no logrará la capacidad de auto regulación emocional. Con el otro siempre encima, tampoco; además de que el logro de la autonomía queda comprometido. En la adultez, sin el otro (la pareja, por ejemplo), el estrés tóxico nos puede quebrar, con el otro siempre encima, podemos intoxicarnos.

La pandemia que atravesamos hoy, obliga a la cuarentena. Con lo que los espacios de convivencia se reducen, situación que obliga a los miembros de la familia a mantener relaciones estrechas y constantes, atentando contra la necesidad de una soledad elegida, una distancia operativa y una separación temporal, tres elementos que en dosis adecuadas resultan fundamentales para la salud mental.

La soledad elegida por el niño, el adolescente o el adulto en el ámbito familiar, permite desplegar la introspección, la autoconciencia, la imaginación, la creatividad, la fantasía, el reacomodo de las experiencias cotidianas. La distancia operativa, es decir, la elegida cuando existe seguridad interna, es la ocasión para estimular la autonomía, poner a prueba los recursos adquiridos, enfrentar retos, realizar tareas y proyectos, identificar las habilidades adquiridas y las que requieren adquisición o fortalecimiento. La separación momentánea permite robustecer el vínculo, pues la ausencia del otro obliga a la construcción y solidificación de una imagen o representación mental que haga posible evocarla en su ausencia.

Compañía sensible, cercanía adecuada y unión respetuosa, son la contracara respectiva de la soledad elegida, de la distancia operativa y de la separación temporal, cuya pertinencia en la aparición de una y otra trae como consecuencia bienestar al individuo.

Pero, ¿qué pasa cuando las circunstancias de la vida (como la cuarentena) nos obligan a estar juntos todo el tiempo? Sucede que la soledad, la distancia y la separación quedan obturadas, trayendo como consecuencia el aumento de tensión, conflictos y estrés, que pueden provocar que la compañía pierda su sensibilidad, la cercanía se enrarezca y los vínculos se tornen irrespetuosos y destructivos.

Sí, el riesgo de maltrato y violencia interpersonal en el entorno familiar aumenta en situaciones de cuarentena.

Lo anterior no significa que en todas las familias aparecerá la violencia entre sus miembros, lo que sí aparecerá es el riesgo, cuya activación dependerá de muchos factores. Por ejemplo, está claro que no es lo mismo una cuarentena para una familia de muchos miembros en un pequeño cuarto redondo, que unos cuantos familiares en una gran mansión. No es lo mismo atravesarla con los satisfactores básicos cubiertos que sin ellos.

Por otro lado, una familia que históricamente ha construido vínculos seguros, resiliencia familiar y buen trato, tendrá más recursos para atravesar la adversidad, que otra cuya historia está caracterizada por la inseguridad, la violencia y la incertidumbre.

No perdamos de vista en ningún momento, pues, que la cercanía constante y estrecha se vuelve caldo de cultivo para la emergencia de lo mejor y lo peor de las personas, y que esta manera de vivir durante la pandemia no responde a las necesidades del mamífero humano. En consecuencia, mantengámonos alertas ante la probable detonación de impulsos destructivos derivados del estrés y el malestar producido, entre otras cosas, por la falta de privacidad, espacio y soledad durante el confinamiento.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Christian Lue (@christianlue) / Unsplash.






Luis López




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