SOMOSMASS99
ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 1 de junio de 2020
No hace falta conocer el peligro para tener miedo;
de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.
– Alexandre Dumas (padre).
Lo que sí me gana casi completo tres cuartos a dos de tres caídas es el miedo.
Ya de por sí no soy la persona más ecuánime del planeta, y mucho menos la más optimista.
Pero ahora, encerrada conmigo, oyendo mis voces, y dando vueltas continuas dentro de mi mente, de plano no hay manera.
He intentado sortear el escollo: chocolate masticado, derretido en las manos, chupado a conciencia – series y tele y películas y libros, medio entendidos medio ignorados, pero presentes – radio prendida, opiniones, cifras, risas y críticas – aplicación intensa de recetas nuevas y viejas, horas pasadas en la cocina, minutos probando lo que logré no quemar – meditaciones, guiadas, por aquello de la dispersión continua de mi mente, respiraciones contadas, sentidas, apreciadas, amadas.
Y no. Regreso a mi punto de partida, lo cual en una espiral es cuestión de empeño, no creas, no cualquiera.
Porque tengo miedo. Mucho. Pánico a veces.
Decirlo de hecho me ayuda, siento como por dentro de mí baja un montón de tabiques pesados, deja de oprimir mi pecho, se va a mi panza – llena de chocolate, nada que ver con la opresión- y puedo respirar. Un rato. Porque regresa.
Porque te enteras de que tal o cual murió. No lo conocías pero no importa.
Te enteras de fiestas, prohibidas, sin tapabocas todos, obligatorios, en un puerto al que extrañas.
No sabes de qué o cómo va ser la nueva normalidad del día después, de los años después – dichosos los días de la epidemia de sida en la que no estábamos al tanto de toooodo.[1]
Y por encima se supone que debes contar hasta diez en una campaña contra la violencia, en la que el violento parece tener razón al encabritarse.
Y muere Diana en Nayarit, asesinada en su casa. Y luego, Leonila.
Y encuentran por fin a la familia del niño del suéter rojo.
Y en casa las cosas son complicadas, por lo mismo que para tantos, lana y salud.
Y no, no usarás drogas, no tienes, ni alcohol, te da gastritis.
Y entonces tu editor, el mismo de las palabras no-soeces, te manda un artículo, porque sabe que te va a ayudar. De Volpi. En el que habla de mil cosas, pero la que te sirve es la del futuro. No lo de imaginar el futuro, eso ya te dijeron los sabios meditativos que sólo te presiona.
No, te sugiere imaginar al futuro mirando al pasado. No juzgando, sólo viendo.
¿Qué quiero yo, en el futuro, ver, recordar, al mirar lo que pasa hoy? ¿Lo que ME pasa, lo que hago YO?
Ah, verdad, no tan sencillita la idea, heee.
La mastiqué varias veces, tragué, regurgité, onda la vaca con sus cuatro estómagos, lo saqué de mi boca, examiné de cerca, con interés a veces, con asco otras, así como examinas el vómito de tu bebé o de tu perrito y concluyo, sólo por hoy, que lo que haga es bueno. No bien, no mal, no hablo de moralidades, hablo de lo que me es bueno a mí.
¿Dormí? ¿Tejí? ¿Escribí muy poquito? ¿No pinté, no recorté, no conviví más que lo necesario? ¿No lavé trastes, no barrí, no hablé? ¿Me comí el chocolate que era mío, y resistí ante el que no lo era?
Puesto que me hizo sentir mejor y puesto que no lastimé a nadie, es bueno.
Si tú lloraste, y te hizo bien, es bueno. Si tú aventaste libros y zapatos, y te hizo bien, es bueno. Si trabajaste dentro de casa, fuera de ella, diario o de vez en cuando, y te hizo bien, es bueno. Si comiste de más o de menos y te hizo bien, ya me captaste, es bueno.
No hay juicio. No hay competencia.
Si, al imaginarte en el futuro, vivo o viva caray, con techo todavía, chamba y familia, volteaste al hoy y lo que ves te gusta, es bueno. Si no te gusta y lo cambias, es bueno. Si no te gusta y no lo cambias por la razón que sea, es bueno también, porque estamos todos haciendo lo que podemos.
Porque esta idea nos da algo de control. Lo rico de la montaña rusa es que vas amarrado, tienes algo de control. Así la vida, pienso. Sin quererlo controlar todo que luego se nos endurecen las facciones y las ideas. Controlar tantito, no caer al vacío eyectado de lo más alto de la montaña ésa, nos permite seguir vivos por fuera y por dentro.
Igual que cocinar, es una forma de pequeño control. Hacer la cama, o no, en mi caso…
¿Baja mi estrés? Neeee
Se oculta.
Pero me es más fácil porque la idea es constructiva.
He estado aplicando la de Scarlett O’Hara: “Mañana veo”. Ayuda también, aleja pensamientos que no me son buenos. Y pienso en Volpi, en esa manera de ver el presente a través del futuro mirando al pasado.
[1] Con obvio respeto hacia los que murieron sin que lo supiéramos, sin que ellos mismos supieran cómo o por qué.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Foto de portada: Engin Akyurt / Pixabay.
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