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Alfonso Díaz Rey*
Martes 1 de mayo de 2018
Desde el momento en que la fuerza de trabajo y los seres humanos se convirtieron en mercancías, las luchas de los trabajadores se han desarrollado casi siempre para oponerse a un mayor grado de explotación, mecanismo mediante el cual los capitalistas aumentan cada vez más sus ganancias a costa de los trabajadores.
La conmemoración del 1 de mayo como Día Internacional de los Trabajadores, se instituyó en 1889 como un homenaje a los Mártires de Chicago (1886), y para recordar las luchas de las y los trabajadores de todo el mundo.
Es común que en muchos países se celebre en esta fecha el «Día del Trabajo», hecho que no es fortuito, así como también hacerlo en otra fecha. Se nos presenta el trabajo como una actividad, manual o intelectual, que los seres humanos llevan a cabo a cambio de una retribución económica, al margen de cualquier otro tipo de relación.
Sin embargo, los seres humanos debemos producir los bienes necesarios para nuestra existencia y como somos seres sociales esa producción, por tanto, tiene un carácter profundamente social, en vez de ser una actividad concertada entre dos partes.
En el proceso de la producción social de su existencia surgen entre los seres humanos relaciones que son independientes de su voluntad, las que caracterizan a un modo de producción determinado, mismo que influye en el desarrollo de la vida social, política, económica, cultural y espiritual de la sociedad.
En nuestro país, como en casi todo el mundo, las relaciones de producción dominantes son las capitalistas. En este sistema la sociedad entera participa en la producción de la riqueza, pero la apropiación de esa riqueza es privada. Una muy pequeña parte de la sociedad se queda con ella.
Como es conocido, la riqueza de una sociedad tiene una sola fuente: el trabajo. Es creada por los trabajadores del campo y la ciudad, los manuales e intelectuales. La desproporcionada riqueza de algunos es producto de la apropiación y explotación del esfuerzo de muchos; ello avalado, defendido e inducido desde el poder político y económico que detenta una porción muy pequeña de la sociedad, la que lo ejerce a través de mecanismos e instituciones creadas para tal fin.
Uno de esos mecanismos es la propaganda ideológica que despliega ese grupo, con la que intenta ocultar una realidad: los trabajadores somos los creadores de la riqueza y quienes la disfrutan son los que detentan el poder económico y político. De ahí que nos hayan cambiado el Día Internacional de los Trabajadores por el «Día del Trabajo».
Esa realidad constituye una contradicción de primer orden: generación social de la riqueza y apropiación privada de la misma. Con el agravante de que la parte de la sociedad que se apropia de la riqueza cada vez es proporcionalmente menor, con más poder y riqueza, y el resto cada vez es mayor en número y en carencias.
Por las condiciones en que se lleva a cabo la producción capitalista también surgen relaciones que conducen a quienes venden su fuerza de trabajo a oponerse a la explotación. Ello dio origen a las luchas laborales y a los sindicatos.
Lo que se apunta líneas arriba: que el modo de producción influye en el desarrollo de la vida social, política, económica, cultural y espiritual de la sociedad, conduce necesariamente a que la lucha por la emancipación de las y los trabajadores lleve implícita la emancipación de la sociedad entera.
Por ello, entender esa contradicción, el papel primordial de las y los trabajadores en la vida de la sociedad y del país, y las posibilidades que les da la unidad y la organización, es esencial para poder cambiar un estado de cosas que actualmente nos es adverso.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Día Internacional del Trabajo. / Universidad de Ciencias y Humanidades de Perú.
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