SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 4 de abril de 2025
«El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia».
– C. Marx. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política
Una parte esencial de la estrategia del proceso de transformación por el que transita nuestro país para resolver los añejos y nuevos problemas que enfrenta, y en el que el actual gobierno federal pone mucho énfasis, es la atención a las causas que los originan.
Tal enfoque es correcto. Sin embargo, aun teniendo claridad de las causas ─lo cual es un avance en términos de toma de conciencia─, en la práctica existen serios obstáculos para lograr la solución definitiva de muchos de esos problemas.
Dos de esos obstáculos son: los bajos niveles de organización de las fuerzas populares y la falta de unidad entre ellas, condiciones que son producto del control ideológico que aún mantiene la clase dominante sobre sectores importantes de la población, ya que esa clase no solamente es propietaria de los medios de producción material sino que posee o tiene control de los medios para la producción, comunicación y difusión de ideas, incluido el sistema educativo. Ello les permite imponer su visión ─distorsionada─ de la realidad, como, por ejemplo: que la explotación del trabajo es algo natural; que siempre ha habido, y habrá, ricos y pobres, por lo que siempre existirán las clases y la desigualdad; que la superación social obedece a esfuerzos y méritos individuales; y así, una serie de barbaridades y falsedades que nos presentan al capitalismo como el mejor sistema u organización económica, política y social en el que podemos vivir. Además, mediante este tipo de control nos mantiene divididos y subordinados a los intereses del grupo dominante.
Contrarrestar ese control ─y la división y subordinación que provoca─ se ha convertido en una tarea urgente que es necesario emprender en el campo de las ideas, oponiendo a la ideología dominante una propia, sustentada en una teoría que se nutra de la realidad misma y se confronte con ella, con el fin de evitar o corregir desviaciones.
La realización de esa tarea requiere de esfuerzos considerables. Por fortuna, no partiríamos de cero. Para empezar, hay un consenso mayoritario en la necesidad de transformar nuestro país en uno en el que haya cada vez menos injusticia y menos desigualdad. Como demostración de ello está el resultado de la elección federal del 2 de junio del pasado año.
Con esa base, tomar conciencia no solamente de los cambios que se proponen desde las instancias de gobierno sino, aún más importante, de la necesidad de participar en la elaboración de tales propuestas, su realización y, en aquellas que signifiquen mejoras sustantivas para el pueblo, llevarlas a sus últimas consecuencias.
Para ello es necesario alcanzar niveles de organización y unidad tales que podamos incidir, en el contexto del proceso de transformación, en la erradicación de la corrupción y de prácticas políticas viciadas. Con ello, avanzar en la construcción de nuestra democracia y, a la vez, acelerar la transformación y tener la capacidad de defender los cambios favorables al pueblo.
Algunos creemos que en la medida que las organizaciones de los diferentes segmentos de nuestro pueblo respondan a sus principios fundacionales y estén desvinculadas de intereses partidistas, tendrán la oportunidad de avanzar con mayor celeridad en el logro de sus objetivos; con el debido respeto a la militancia política de sus miembros y sin que esta sea obstáculo para su pertenencia y actividad en tales organizaciones.
Es importante, además, tener presente que la realidad no es algo fijo ni estático, por lo que nuestra visión del mundo y la vida habrá de ser confrontada, siempre, con la realidad misma. De esta manera se fortalecerá nuestra posición ideológica y podremos enfrentar, contrarrestar y derrotar a la ideología, hasta hoy, dominante.
La lucha ideológica puede ayudarnos a elevar nuestros niveles de conciencia y a valorar la necesidad de organizarnos unirnos con quienes compartamos principios y posiciones. Ello contribuirá a la identificación y ubicación del enemigo principal de nuestro pueblo y a encontrar las maneras más eficaces de combatirlo; al mismo tiempo, nos permitirá avanzar en la construcción de un nuevo país y una nueva sociedad.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Bárbara Castrejón / UNAM.
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