SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Miércoles 9 de abril de 2025
El pasado domingo, 6 de abril, se cumplieron 65 años de que fuera emitida una perversa comunicación: el memorando enviado por Lester D. Mallory, subsecretario adjunto de Estado para los Asuntos Interamericanos en el gobierno del general Dwihgt D. Eisenhower, al subsecretario de Estado Para los Asuntos Interamericanos, Roy R. Rubottom Jr, en el que se establecía el objetivo de la política de sanciones que se preparaba contra Cuba.
En el memorando se planteaba:
«La mayoría de los cubanos apoyan a Castro […] el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales […] hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba […] una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno».
Aun cuando tal política adquirió carácter «oficial» a partir del 3 de febrero de 1962, con la Orden Ejecutiva Presidencial (decreto) 3447, emitida por John F. Kennedy, en los hechos, desde el triunfo de la Revolución, Cuba había sido permanentemente acosada por Estados Unidos. Mediante ese decreto se instauró el «embargo» total del comercio entre los dos países, eufemismo con el que refieren al feroz y el genocida bloqueo económico, comercial y financiero que aún persiste.
Cabe preguntar: ¿Por qué el bloqueo? ¿Por qué un pequeño país (109 884 km2 y menos de 10 millones de habitantes) subdesarrollado y con escasos recursos naturales representa una amenaza a la seguridad nacional de la mayor potencia económica y militar del planeta, 89.5 veces mayor en extensión territorial y 33 veces en población (9,834 millones de km2 y 330 millones de habitantes)?
Las respuestas no son difíciles de hallar:
El hecho de que un pequeño país, situado a 167 kilómetros de sus costas, haya roto las cadenas de dependencia y subordinación que lo uncían a los designios del imperio y decidido ser el constructor y dueño de su destino, en el ejercicio pleno de su soberanía, es inaceptable para quienes, Doctrina Monroe de por medio, se sienten amos y señores del continente.
Además, Cuba es ejemplo de lo que no debe suceder en los países de América Latina y el Caribe, para que el imperio yanqui pueda extender y mantener su poder y control sobre nuestros pueblos y sus riquezas naturales. De ahí la continuación y agudización de la política imperial.
La recuperación de su soberanía, conseguida con el esfuerzo y la sangre de muchos de los mejores hijos del pueblo cubano, devino demostración de la fuerza de la razón. La dignidad y valentía de ese pueblo le han permitido resistir, y vencer, ante las agresiones de todo tipo que el imperio ha dirigido contra él.
La expresión más cruel del acoso yanqui contra Cuba es el bloqueo. Atenta contra los más elementales derechos humanos del pueblo cubano, es la causa fundamental de los graves problemas, privaciones y afectaciones que padece en casi todos los ámbitos de su vida cotidiana, al grado de que se puede calificar como genocidio.
Han transcurrido 65 años del perverso memorando que dio origen a la implementación del bloqueo económico, comercial y financiero, que el pasado febrero cumplió 63. Todo ello en el contexto de 66 años de constante acoso, amenazas, acciones subversivas, y ataques derivados de la obsesión imperial por derrotar a la Revolución y retomar el control sobre la heroica isla.
Habrá que agregar que han sido más de 66 años de resistencia y victorias ante el poderoso y brutal imperio del norte, de enormes sacrificios, costos y privaciones para el pueblo cubano por la defensa de su derecho a construir un proyecto económico, político y social propio.
En todo este tiempo no solamente ha estado vigente el objetivo de tal memorando sino que se ha reforzado con legislaciones ─arcaicas y recientes─ y acciones que refuerzan y recrudecen el bloqueo y sus efectos, como es el caso de la guerra no convencional que se despliega contra Cuba, que utiliza la desinformación y la manipulación de nuevas tecnologías de la comunicación de manera relevante.
Todo ello se da en abierta violación al derecho internacional, a los derechos humanos, a los principios de la Carta de las Naciones Unidas y atenta contra la paz, el desarrollo y la soberanía de todos los pueblos del mundo.
Con todo y los enormes daños, carencias y graves dificultades que provoca la persistencia de la genocida y criminal estrategia contra Cuba, una gran mayoría del pueblo apoya y defiende la Revolución y su proyecto social, resiste y enfrenta al enorme poderío del imperio con armas que este es incapaz de neutralizar: la dignidad, la verdad y su indoblegable voluntad y determinación de ser libre y soberano.
* Miembro del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Liberación.
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