SOMOSMASS99
Jatzibe Castro*
Miércoles 4 de junio de 2025
Espejo y alma
Tengo una idea que ronda en mi cabeza e intenta salir en forma de un cuento que se quiere escribir con la intención de que la idea se pasee por la vida y roce con su esencia la posibilidad de crear más ideas y sentires y pensares.
Así que todo empieza con Bernardo, un niño tierno y reflexivo que, a sus 8 años, decidió preguntar a su padre sobre una circunstancia que le había sucedido reiteradamente:
—Papá, ¿por qué cuando me veo en el espejo no me reconozco?
El padre le observó y sin saber qué contestar, se quedó mudo por un rato pensando si a él le había pasado algo así, y sí, incluso ya en su vida adulta, aunque eso nunca lo llevó a cuestionarse al respecto.
—No lo sé, hijo —contestó sin más, dejando un gesto de desconcierto en su hijo, que esperaba una respuesta diferente de su progenitor.
Al día siguiente en la escuela, en un momento que vio propicio, se acercó a su maestra y le hizo la misma pregunta; la maestra se quedó pensando un ratito y le dijo que era una pregunta muy interesante, que la plantearía en el salón de clases para poner a pensar al grupo.
—A ver niñas y niños, les voy a hacer una pregunta que quiero que tengan presente durante unos días, la semana que entra cada uno contará lo que pensó al respecto:
¿Qué me sucede cuando me veo en el espejo?
En el grupo había niños y niñas inquietos, divertidos, rebeldes, ansiosos, introvertidos y uno que otro reflexivo, como Bernardo. Afortunadamente no eran muchos, lo que facilitaba que la maestra los tuviera identificados e incluso realizara actividades diferentes pensando en cada uno de sus estudiantes. Aunque a veces no era fácil la convivencia, había logrado la integración del grupo. Ella sabía que su mayor fortaleza era que la mayoría de ellos se expresaban con cierta fluidez, lo que resultaba en conversaciones grupales sorprendentes.
Pasó una semana y llegó el momento de contestar la pregunta:
Luzyu abrió la conversación:
—Yo me miro en el espejo y a veces no me conozco, siento que la que está ahí es alguien que no conozco y que yo soy otra.
Abril continuó:
—Yo pienso que conozco mejor a mi hermano, a mi mamá y a mi papá que a mí. Si sé quiénes son ellos y como son, pero cuando yo me miro en el espejo, como que digo: ¿y quién es esa?, incluso me la paso haciendo caras y gestos y platico con quien está al otro lado pensando que es otra niña; lo malo es que solo repite lo que yo le digo, ja ja ja.
Ricardo intervino:
—A mí me pasa lo mismo, y creo que es porque yo estoy adentro de mí, y como estoy adentro, no me puedo ver desde afuera más que cuando me veo en el espejo, que no es muy seguido; en mi casa solo hay uno.
Gerónimo trató de explicar:
—Eso nos pasa porque a los demás los vemos y a nosotros no, solo nos vemos cuando estamos frente a un espejo.
—Sí —dijo Luziana, —ellos nos conocen mejor que nosotros mismos; además a mi familia y a ustedes los veo todos los días y a mí no me miro tanto, solo cuando estoy frente a un espejo o en la cámara de mi celular.
Sebastián intervino levantándose de su asiento y señalando su cuerpo con sus manos:
—Pero ellos nos conocen por fuera, no por dentro. No pueden saber lo que pensamos, a menos que lo digamos, eso está adentro. Yo solo les digo lo que quiero decirles.
Carola estaba muy callada, la maestra sabía de su timidez y por eso la animó a hablar:
—Carola, ¿a ti qué te sucede cuando te ves en el espejo? —Bajita la voz Carola contestó: —mi mamá me pone en frente del espejo a que me vea mis vestidos y cuando me peina platicamos y me dice cosas bonitas; por eso sé que sí soy yo la que veo en el espejo.
Bernardo mencionó: —yo, cuando paso frente al espejo siento que es alguien más el que pasa y hasta volteo a ver quién es, y como no hay nadie más conmigo digo: ah, pues ese soy yo—. Ante esa respuesta varios de sus compañeros rieron.
La maestra estaba fascinada con las aportaciones de sus estudiantes. Durante la semana de reflexión había pensado que tal vez estaba difícil el reto, sin embargo, se dio cuenta que era una situación reiterada para ellos y que habían hecho la tarea con dedicación. También pensó que era buena idea plantearles desafíos de esa naturaleza, que además había surgido de uno de ellos. A pesar de su corta edad pensaron en serio en lo que les había pedido y estaban deliberando al respecto.
—Me encantan sus respuestas, han hecho una tarea extraordinaria, han pensado en ustedes mismos y en los demás, en cómo es que cada quien conoce mejor a los otros que a sí mismo, en lo que se mira, en lo que no se mira y en lo que sienten y piensan.
A continuación Bernardo impactó a la maestra:
—Yo creo que no me reconozco porque lo que soy por dentro no se mira hacia afuera, lo que soy por dentro es lo que hago, lo que siento, lo que pienso y eso siempre está conmigo, adentro de mí, lo que miro en el espejo es mi cuerpo, pero yo soy más que eso.
Después de su intervención se hizo un silencio que la maestra aprovechó para contarles de un señor que hace muchos años estudió la percepción y la conciencia, que sabía que eran palabras difíciles de entender, pero que trataría de explicarles.
—Cuando ustedes nacieron y eran bebés, se miraban sus manos, sus pies y cómo se movían. Eso era lo que conocían, lo que veían era el afuera, pero no sabían qué y quiénes eran ustedes. Veían también las cosas que estaban a su alrededor y las interacciones de los demás entre ellos y con ustedes, pero ustedes no se veían a sí mismos, solo sentían y expresaban sus necesidades. Cuando se encontraron frente a un espejo, lo que vieron era parte de todo aquello que estaban conociendo, pero no sabían que esa proyección frente a ustedes, eran ustedes. Interrumpiendo a la maestra, Sebastián intervino inquieto:
—¿Y cómo sabemos quiénes somos, si lo que vemos en el espejo no somos?
En tono de burla Luzyu le dijo a Sebastián: —claro que sí somos, aunque creamos que es alguien más, porque después de tanto vernos pues nos empezamos a conocer.
—Es muy válida la pregunta de Sebastián, —la maestra intercedió, —recuerden que en este grupo escuchamos a los demás con atención y respeto, al igual que ellos nos escuchan a nosotros. —Después de decir esto, la maestra continuó:
—Lo que ven es una proyección de su cuerpo, pero ustedes son, además de su cuerpo: la alegría que experimentan cuando juegan, lo que temen cuando lloran, lo que sienten cuando se enojan, son lo que aman cuando miran a sus seres queridos. El espejo refleja la forma de nuestro cuerpo, pero somos nuestro cuerpo y mucho más, precisamente como decía Bernardo. Lo que vemos en el espejo es una percepción, ¿recuerdan que les dije esa palabra hace rato? Percibir es recibir por medio de nuestros sentidos… haber, díganme ¿cuáles son los sentidos?:
—El tacto, la vista.
—El oído, el gusto y el olfato.
—¡Muy bien! Sí aprendieron cuáles son los sentidos. Bueno, pues lo que percibimos es lo que nos llega desde afuera a partir de los sentidos. La consciencia es más que eso, tiene que ver con lo que pensamos de lo que percibimos, está presente en lo que nos hace sentir adentro, lo que está afuera. La consciencia surge a partir del mundo que nos rodea y tiene que ver en cómo interactúanos en el, con lo que compartimos, en cómo apreciamos y cómo nos impacta el aire que respiramos, la naturaleza y los demás seres humanos.
Los niños y las niñas se quedaron mirando a la maestra y a sus compañeros, el silencio se volvió murmullo y después sonrisas y charlas indistintas. La maestra dejó pasar un rato dando libertad a las reacciones de sus alumnos y al finalizar la clase les dijo que les daba una semana más para que expresaran lo que habían dicho y lo que cada uno había pensado y sentido.
—Pueden escribir o dibujar o utilizar los materiales que quieran, el caso es que traten de mostrarle a sus compañeros lo que sienten y piensan sobre que a veces no se reconocen frente al espejo y por qué creen que pasa eso.
Bernardo tuvo mucho que pensar después de aquella reflexión grupal que hicieron sobre su pregunta, seguido pensaba en qué hacer para la tarea. En un rato que estaba con su padre preparando algo para cenar, él lo observó muy pensativo y le preguntó: —¿en qué tanto piensas hijo?
—Es que en clase platicamos sobre lo que te pregunté el otro día sobre lo que me pasa frente al espejo; nos dejaron una tarea y no sé qué hacer.
—¿Y qué platicaron?
—Supimos que lo que vemos en el espejo es un reflejo de nuestro cuerpo, pero nosotros somos más que eso; supimos que a veces no nos reconocemos porque lo que llevamos dentro no se ve tan fácilmente y porque vemos más a los demás que a nosotros, pero eso sí, sabemos lo que pensamos y lo que sentimos.
—¡Ah!, ya entiendo, dijo el padre, lo que vemos en el espejo es nuestro cuerpo, y lo que no vemos, lo que llevamos dentro, es nuestra alma.
Al escuchar a su padre, Bernardo sintió muy bonito, le había puesto un nombre a eso que somos y que no se ve tan fácilmente y le había dado una idea para hacer su tarea.
Mi idea se paseó, construyó y te la conté. Puede que ahora se pasee por tu mente, lector…
Nota:
[1] Idea original de Maurice Merleau-Ponty: Percepción y consciencia.
* Jatzibe Castro es pintora y escritora.
Instagram: Jatzibe_Castro
Imagen de interiores: Pixabay.
Imagen de portada: Pixabay. | Intervenida por Jatzibe Castro.

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