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Necesidad de enemigos

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 6 de junio de 2025

 

Enrique Olivares Rodríguez, in memoriam.

Excelente amigo y compañero ejemplar por su dedicación y entrega en la lucha por un México mejor.

 

Desde que en el último tercio del siglo XIX surgió, como una fase definida ─y última─ del desarrollo del sistema capitalista, el imperialismo ha necesitado de la guerra, el despojo y la explotación de los pueblos y la naturaleza para imponer y mantener el dominio del capital monopolista y así asegurar elevados niveles de ganancia a sus dueños y representantes.

Primero, las potencias capitalistas se repartieron el mundo, sea mediante invasiones y ocupación militar o, por otros medios, creando, en distintos aspectos, una fuerte dependencia de los pueblos y países sometidos como resultado de tal reparto; en esos casos, los pueblos fueron considerados siempre como enemigos de las potencias ocupantes o dominantes.

Cuando no hubo mundo qué repartir y se incrementó la avidez por la posesión y el control de la riqueza y los recursos ajenos, surgieron las rivalidades interimperialistas que dieron origen a las dos grandes guerras imperialistas (1914-1918 y 1939-1945). 

El imperialismo siempre ha necesitado enemigos. Cuando no son reales, los inventa. Por ello, finalizada la Segunda Guerra Mundial, el enemigo fue el comunismo; al término de la Guerra Fría, tras la desaparición de la Unión Soviética y la caída del socialismo en Europa oriental, como nuevo enemigo ─en buena medida creado por Estados Unidos y sus aliados─ surgió el terrorismo, lo cual sirvió de pretexto para continuar con la política guerrerista y con ello mantener las ganancias y el poder del complejo militar-financiero-industrial.

En la imparable decadencia del capitalismo, cuyo fiel reflejo es la pérdida de hegemonía de la principal potencia de ese sistema, Estados Unidos, que se da en el contexto de una prolongada crisis estructural ─de cuyos efectos hace responsable a todo el mundo, porque se han aprovechado de la «bondad» yanqui─, ese país intenta paliar los efectos de la crisis y detener su declive mediante la imposición de aranceles a prácticamente todos los países; pareciera que el ladrón culpa de sus fracasos a sus cómplices y a sus víctimas. De esta manera, intenta trasladar los costos de su recuperación al resto del mundo ─incluso a sus aliados más cercanos─, sin dejar de provocar y mantener conflictos bélicos que le generan enormes ganancias a los monopolios vinculados a la industria armamentista, la cual ha utilizado como motor de su economía.

El imperialismo no admite el surgimiento de competencia en cualquier aspecto o área que implique disminución de su dominio o control, de ahí que China, por su espectacular crecimiento y desarrollo en muchos aspectos, sea considerada en los altos círculos del gobierno yanqui como su enemigo, contra el que hay que prepararse para enfrentarlo militarmente y vencerlo.

Pero no es solamente China. Son, también, Rusia, Irán, Venezuela, Cuba y todos los pueblos que intentan una vía al desarrollo libre de subordinación, realmente soberana. Contra ellos el imperialismo yanqui utiliza su maquinaria de propaganda, sus múltiples organismos injerencistas y todo tipo de amenazas, presiones y acciones para destruir cualquier asomo de soberanía, que es un «mal ejemplo» para quienes de una u otra manera están sometidos a los designios de Estados Unidos.

Como las crisis y los problemas que acarrean no se resuelven sin atender sus causas reales, el proceso de decadencia en el que Estados Unidos está inmerso continuará y se agudizará. Ello significará el incremento de las tensiones políticas, diplomáticas y comerciales que desde hace tiempo ha provocado ese país y que su actual gobierno ha exacerbado, lo que ya representa una cada vez mayor amenaza a la paz, demasiado quebrantada debido a la actitud expansionista de la OTAN, el genocidio sionista contra el pueblo palestino en Gaza, las constantes amenazas de Estados Unidos a Irán y a la República Popular Democrática de Corea, y las continuas provocaciones a China, por citar algunos casos.

En el momento actual lo urgente es la lucha por la paz. Ello implica la organización y acción de los sectores más conscientes de los pueblos para crear un amplio movimiento que obligue a sus gobiernos a la búsqueda de soluciones que eviten y eliminen a la guerra como un medio para resolver los problemas entre países. No obstante, la paz no significa solamente ausencia de la guerra; es, también, el contexto necesario para la creación de condiciones que propicien el desarrollo y una vida digna para la humanidad, con el mayor respeto a la naturaleza y al medioambiente.

Habría que considerar, además, que la lucha por la paz, el desarrollo y, de manera general, por la vida, está vinculada a la soberanía, lo cual resalta la importancia su defensa ─y respeto por la de otros─, condición indispensable para que podamos construir un mundo mejor.


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: HispanTV.






Luis López




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el 18/06/2025

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el 19/06/2025

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