SOMOSMASS99
Iván Arellano Naranjo
Jueves 19 de junio de 2025
“Después yo también estudié esas mismas partituras. Para un estudiante aquello era demasiado. A pesar de todo, hice un enorme esfuerzo para estudiarlas”.
– Seiji Ozawa.
Ahora, los músicos de la Orquesta si acaso son uno o dos más. Luego de la primera oleada de retiros y jubilaciones, la Universidad no se desentiende. Dentro de sus posibilidades cubre las ausencias, aunque no sean todas.
Mario Rodríguez Taboada, con imaginación, tiene la idea propia o copiada de los “becarios”. Le autorizan cuatro plazas, invita a ocho jóvenes en formación a integrarse en el plan de becarios y les ofrece la mitad de lo que se le paga a un músico de nuevo ingreso. Se trata de dos estudiantes polacas, tres de nacionalidad salvadoreña y tres de la Escuela de Música. Todos con instrumentos de cuerda. En algún lugar se quedó la tuba.
Iniciaron con sonidos bajos en los alientos que luego se perdieron durante el camino. Por lo demás, no hay muchos cambios en relación con los instrumentos, o muy pocos. Se pierde la tuba pero se ganan dos violines más, ahora son catorce; las violas siguen igual, cuatro. Los chelos son cinco, dos más; los contrabajos también son cinco, dos más que al principio. Un contrabajo, dos chelos y dos violines más. Aparte, todo continúa más o menos igual. Los cambios significativos en la cantidad no son relevantes, el cambio visible está en los nombres.
Durante el trayecto de los primeros 32 años murieron 25 músicos, formando parte de la Orquesta. De ellos, nueve habían tocado en el primer concierto que se celebró en el Auditorium de la Universidad en abril de 1952. En 1984 ya sólo hay cuatro fundadores, nueve habían fallecido y 28 lugares se ocupaban con población flotante. Diferentes colegas ocupan los puestos, van y vienen. El nuevo director reconoce que no se puede tener una plantilla estable por las malas condiciones económicas que prevalecen.
Los músicos con razón pueden considerarse heroicos y estoicos hasta que se van. Eduardo Mata, en su discurso de ingreso al Colegio Nacional en 1984, se refiere a las circunstancias de la vida musical en México. Hace ver la falta de rigor de la enseñanza profesional de música, en todos sus apartados. Dice que se ha creado una cierta demanda de música de concierto en la capital de México y en algunas ciudades del interior, pero no estamos produciendo los instrumentistas , cantantes o compositores para satisfacerla. El sistema de enseñanza musical profesional está tan defectuosamente concebido, que ni siquiera contempla salidas laterales, o capacitación mínima, para muchos músicos que podrían ganarse muy dignamente la vida en las infanterías de las orquestas o en la música comercial.
De la mano o no, o pese a muchas condiciones desfavorables, siempre ha contado la Orquesta con músicos de excelente nivel. Algunos con una excelente preparación y currículum, y otros con enorme talento, imitación y asimilación. El nivel de calidad lo definen los atrilistas y la batuta del director. Ambos. La vanguardia y la retaguardia, como posición política la OSUG, lo define perfectamente: no va a la vanguardia ni a la retaguardia de nadie, musicalmente la posición la define como no aceptar influencias ni imposiciones de fuera. No tiene opciones. Como organización sigue el camino que le marca la programación, la cual no es muy variada y sí muy repetitiva. Al escuchar a la Orquesta, entre los oyentes no falta quien se pregunté qué será de los músicos. Se puede ver que los instrumentistas se dan cuenta cuando algo no funciona. Tratan de encontrar al compositor dentro de los sonidos, a pesar del casi siempre “forte”; mucho trabajo para hallar el “piano”, si acaso se logra el mezzopiano. De manera común se ubican normalmente en messo forte. Muchos, la mayoría, poseen talento natural, innato, tal vez todos. Y en todos es posible oír que buscan algo que parecen haber perdido.
Continúa el cuarteto clásico de cuerdas, en dónde toca el maestro Mario Rodríguez Taboada. Con un poco más de trabajo se podrían haber formado cuatro cuartetos, un quinteto de maderas y un quinteto de metales, lo que le hubiera hecho bien a la Orquesta a mediano y largo plazo. No se puede hacer a un lado que la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato no deja de ser una Orquesta de paso. Los nuevos integrantes llegan por invitación, cumplen con la exigencia de presentar una audición para el director y el jefe de personal. Una vez cumplido el requisito son bienvenidos a la OSUG como si ingresaran a su nueva familia, con tradición y abolengo conservador. Las reglas son claras en una de las giras a la Ciudad de Monterrey (en la que, por cierto, no se habían entregado los viático), el director afirma con voz clara: No relajarse demasiado y no echar grilla ni dentro ni fuera de la Orquesta.
“Cuando suceden este tipo de cosas, la música suena muy compleja. Uno puede empeñarse en estudiarlas y estar perdido a pesar de todo”.
– Seiji Ozawa.
Foto de portada: Samuel Sianipar (@samthewam24) / Unsplash.
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