SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 18 de julio de 2025
No cabe duda que la mayor potencia imperialista, Estados Unidos, considera el ascenso que ha tenido China en los planos económico, comercial, científico, tecnológico, industrial y militar, entre otros, no solamente como el surgimiento de un competidor sino como un enemigo al que debe derrotar y someter, como una condición indispensable para restaurar su hegemonía y continuar con su sueño de dominar el mundo.
China no es el único país al que el imperio yanqui cataloga como enemigo; sin embargo, actualmente, es el mayor obstáculo a la concreción de su Destino Manifiesto, y esa es la razón por la cual el país asiático es hoy el blanco principal de la ofensiva desatada por la Casa Blanca.
Tal ofensiva no se circunscribe al plano comercial, también se despliega en el diplomático y en los medios de información y comunicación. Con ello el imperio intenta que el mayor número de países rompa todo tipo de vínculos con China para, de esa manera, aislarla y debilitarla, lo que afectaría gravemente al BRICS+, el grupo de países que promueve la cooperación, la complementación y el multilateralismo, a los que Washington ve como un serio peligro para su filosofía de despojo, explotación y hegemonismo.
Para lograr su objetivo, a la par que amenaza y ataca con sanciones y aranceles, el imperio elabora y difunde mentiras en las que presenta a China como la mayor amenaza no solamente comercial o tecnológica sino para la democracia, la libertad y el desarrollo, utilizando, para denigrar a su adversario, las bien ganadas etiquetas con las que el mundo ha caracterizado al imperio yanqui.
Como muestra, en nuestro país, recientemente el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, declaró que China intenta «[…] imponer su control financiero y una mayor dependencia económica […] en algunos lugares de nuestro propio hemisferio occidental» (La Jornada, 15-07-2025, p. 7); lo hizo sin rubor alguno por la utilización de argumentos basados completamente en mentiras, como es la costumbre imperial; además, la expresión «nuestro propio hemisferio», evidencia la obsesión imperial por dominar, al menos, este continente.
De manera paralela a los ataques y amenazas, con la promoción e impulso a cambios de régimen ─violentos o blandos─, Estados Unidos intenta someter a países con gobiernos de izquierda, progresistas o que simplemente no cumplen con sus «reglas» para sumarlos de su lado en su ofensiva contra China y el grupo BRICS+. Las presiones y amenazas contra nuestro país se inscriben en este contexto, con la desventaja para el imperio y sus aliados locales de no contar con los servicios de una parte importante del Poder Judicial: la que será sustituida como resultado de la elección del pasado mes.
En una reflexión anterior decíamos: « Para fortalecerse y estar en condiciones de enfrentar a quienes considera sus mayores enemigos, Estados Unidos necesita, al menos, tener bajo control político y económico a todo el continente […]». En este sentido se despliega su ofensiva contra el nuestro y otros países de Latinoamérica y el Caribe. Y aun cuando actualmente tiene aliados e incondicionales como los gobiernos de Argentina, Perú, Ecuador y El Salvador, entre otros, nuestros pueblos se oponen a subordinarse al imperio.
Para entender y valorar la situación actual que la política yanqui ha creado conviene tomar en cuenta el ambiente existente al interior de Estados Unidos, resultado de múltiples problemas económicos, políticos y sociales que se han agudizado, los que se reflejan en diversos niveles de descontento, desconfianza y bajos índices de aceptación ciudadana al gobierno de Trump, por lo que necesita con urgencia algunos logros que pueda magnificar para distraer, desviar y manipular la atención del pueblo estadounidense.
Con tal política es probable que, parcial y temporalmente, el imperio obtenga algunos logros; sin embargo, no evitará la agudización de la crisis y las contradicciones propias del sistema en los planos interno e internacional, por lo que su hegemonía y su «liderazgo» continuarán en declive.
En la medida en que los pueblos ─incluido el estadounidense─ se enfrenten a la obsesión del imperio por el dominio del mundo, estarán contribuyendo a la paz y a la construcción de un mundo mejor.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imágenes de portada: Donald Trump y Ronald D. Johnson. | Fotos: Wikimedia Commons.
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