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Carmen Galindo / SomosMass99
Viernes 25 de julio de 2025
Apenas tomó posesión, el Presidente de EU se lanzó contra la educación en general mediante un recorte presupuestal de 12 mil millones de dólares. No era tan imprevisible, lo anunció Trump en su campaña, también en España el franquismo de los años treinta acuñó la consigna de “Muera la inteligencia”.
El escándalo comenzó cuando a la neoyorquina Universidad de Columbia le indicó que, por un pretendido antisemitismo, tenía que cambiar sus estatutos. La universidad, ante la amenaza de retirarle 400 millones de dólares, que se entregan en subsidios y contratos de investigación, cambió sus normas. Como de este lado del Río Bravo tenemos la autonomía, nos quedamos estupefactos.
La exigencia gubernamental incluía excluir a profesores, investigadores y estudiantes extranjeros, lo que hoy se califica de “limpieza étnica”, pero el colmo y lo que causó mayor indignación, que se le entregara al principal dirigente de la oposición a la guerra en Gaza, es decir, al sospechoso del supuesto antisemitismo.
El segundo episodio ocurrió al plantear la misma exigencia a la Universidad de Harvard que, para sorpresa de su gobierno, se negó a obedecer. Pronto, otras instituciones rechazaron cumplir la ley ejecutiva trunpista y hoy se calcula que 400 universidades se han sumado a la protesta. Como las escuelas no pagan impuestos en EU, Trump suspendió a partir de enero esa exención.
Paréntesis muy pertinente
Muchos adultos mayores al ver la protesta juvenil contra el genocidio en Gaza, recordamos cuando los jóvenes de entonces quemaban sus tarjetas de enrolamiento, gesto con el que se negaban a ir a la guerra de Vietnam y el gobierno de EU condenaba con cárcel.
En este 2025 se cumplen 50 años de la derrota de Estados Unidos en Vietnam. Los que tenemos suficiente edad podemos recordar dos escenas. Una: La niña con la espalda incendiada por Napalm. (El napalm es un gel de fuego inapagable creado por Monsanto, empresa que sostiene un litigio con México por su venta de transgénicos a nuestro país). Dos: Un militar de alto rango, con la bandera de las barras y las estrellas doblada de modo que se adivina cuidadoso, subiendo a un helicóptero, hecho que significaba el retiro del ejército de EU y el fin de la guerra. Agregaba dramatismo a la foto, personas que trataban, sin conseguirlo, de subirse a la nave.
Escritores contra el fascismo
Impulsado por el novelista Paul Auster y hoy encabezado por su viuda, Siri Hustvedt, un grupo de tres mil escritores se han reunido bajo el significativo nombre de Escritores contra el Fascismo, que consideran está resurgiendo en su país. El primer rasgo que le atribuyen al neofascismo es “borrar la historia”, proceso que en nuestros lares se conoce como desmitificar la historia o quitarle el bronce a los héroes. Como es sabido, los intelectuales orgánicos de la oposición a la Cuarta Transformación se expresan en dos revistas Nexos y Letras Libres, que dirigen, respectivamente, dos historiadores Héctor Aguilar Camín, afín al PRI, y Enrique Krauze, consentido del PAN. (Monsiváis llamaba a Camín, Arribar al fin).
El rasgo más notable del fascismo y su versión actual es calificar a un grupo social como responsable de la crisis económica. En la época del nazifascismo de los años treinta se culpó a los comunistas, los homosexuales, los gitanos, los discapacitados y, como todos recordamos, a los judíos. Hoy son los migrantes, sin reconocer que fue el neoliberalismo el que los creo, no porque antes no hayan existido migraciones, sino que su número que hoy suma millones significa un cambio de la cantidad en cualidad: el neonomadismo define (y definirá) a nuestra época.
Mientras escribo estas líneas, cientos de científicos de Estados Unidos se unen a esa resistencia a los republicanos, argumentando que su gobierno ha atacado no sólo a los científicos, sino a la ciencia misma. Baste mencionar que el trumpismo se opone a las vacunas y niega el cambio climático. Ignora, o no le importa, que las luchas de la juventud mundial se centran en los problemas ambientales, vale decir en el planeta en que vivirán.
Los primeros derechos de los trabajadores reconocidos por los Estados, en el siglo XVIII, fueron el derecho a la Salud y a la Educación, gastos recortados por el presupuesto del actual gobierno de EU, aprobado la semana pasada. No han faltado malas lenguas que aseguren que los Estados, de ese modo, le quitaban a las empresas esos gastos, pero lo fundamental es que el derecho a la Salud garantiza la reproducción y la supervivencia de la clase trabajadora y la Educación proporciona su capacitación para el trabajo.
Imagen de portada: Protesta por Palestina en la Universidad de California, Estados Unidos. | Foto: Wikimedia Commons.
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