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Buenos días de parte de Galileo, Bertolt Brecht, Losey y el comandante Scott

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SOMOSMASS99

 

Joaquín Berruecos

Lunes 8 de septiembre de 2025

Por obvias razones, 

a mi querido amigo, Arturo Beristáin.

«Dar a los hombres el gusto por la libertad,

no el de la eternidad».

 

Cuando Galileo Galilei demostró que la gravedad atraía por igual a todos los objetos en la Tierra, no le creyeron. Y en ese entonces podría entenderse, ya que ante la pregunta ¿qué tocará primero el suelo, si desde lo alto de un edificio se dejan caer simultáneamente un martillo y una pluma?, la respuesta generalizada tenía que ver con lo observado, el martillo llegaría antes. Hoy, casi todos saben que esto ocurre así porque, al descender, el aire opone mayor resistencia a la pluma que al martillo.

Estaba por terminar el siglo XVI cuando Galileo decidió contradecir la milenaria teoría de Aristóteles que afirmaba “los cuerpos más pesados caen más rápido que los ligeros”. El famoso experimento de Galileo de tirar objetos de diferente peso desde la torre de Pisa, en realidad lo realizaron otros estudiosos del tema, entre ellos el astrónomo jesuita Giovanni Battista Riccioli. Pero lo más importante de esas experiencias fue que se comenzaban a probar experimentalmente las teorías de Galileo y muy pronto, todo este conocimiento sería fundamental en las investigaciones del entonces recién nacido Isaac Newton… la Tierra atrae a todos los objetos con una fuerza exactamente igual.

“Donde los sentidos nos fallan, la razón debe intervenir”.

El comandante David Scott

De los 12 astronautas que pisaron la Luna, sólo cuatro quedan vivos y uno de ellos es el comandante David Scott. Este experimentado piloto, que voló tres veces por el espacio, inició su carrera de manera accidental al lado de quien más tarde sería el primer hombre en caminar sobre la superficie de nuestro satélite, Neil Armstrong. Una de las cuestiones más importantes para efectuar el viaje, y poder concebir la permanencia del hombre en el espacio, implica el acoplamiento óptimo de naves y Scott estuvo en el primer intento americano por lograrlo, en marzo de 1966, esto sucedió entre la cápsula Géminis 8 y la nave Agena. Aunque el vuelo estuvo plagado de problemas, exactamente tres años después, Scott regresó al espacio para repetir maniobras de encuentros espaciales mucho más complicados, el reto era entre el Apolo 9 y el nuevo módulo de excursión, pero esta vez todo salió perfecto. Se estaba probando una nave idéntica a las que, un poco más adelante, harían posible descender seis veces en la Luna, de hecho, fue en la misión Apolo 15, en 1971, cuando Scott incursionó en el «Mare Imbrium», el segundo cráter lunar de mayor tamaño. Junto con James Irwin, recorrió durante tres días varios paisajes lunares, entre ellos la sinuosa grieta de Hadley, a bordo del flamante Lunar Rover. Era la misma superficie que Galileo había observado con su telescopio, cuando entendió que su luz “era prestada” y que las imperfecciones observadas se debían a que nuestro satélite tenía montañas, incluso propuso que podían medir unos 7 mil metros de altura.

En Cabo Kennedy

Cuando fui por primera vez a Cabo Kennedy, para presenciar el lanzamiento del Apolo 12, el segundo viaje tripulado a la superficie lunar, entre las actividades que rodeaban el evento hubo una conferencia del astronauta David Scott, él era el comandante substituto de ese vuelo. Al terminar su plática, lo abordé para contarle lo “enormemente importante” que era el trabajo que nosotros, unos humildes estudiantes universitarios mexicanos, tratábamos de hacer con nuestros cohetes en un país tecnológicamente subdesarrollado, y creo que sintió cierta lástima porque, al concluir mi planteamiento, le pidió a un asistente que le acercara un sobre amarillo y me lo obsequió, contenía un folleto explicativo del viaje, varias fotografías y una réplica de la placa conmemorativa que, apenas unos meses atrás, habían dejado en la Luna sus compañeros del Apolo 11.

“Aquí llegaron a la Luna hombres del planeta Tierra. Julio 1969 D.C. Venimos en paz en nombre de toda la humanidad”.

La placa estaba firmada por los tres astronautas del vuelo y Richard Nixon, el presidente en turno, ese oscuro personaje que unos años después, el 9 de agosto de 1974, tendría que renunciar a su cargo como epílogo por su participación en un escándalo político, había encubierto el robo de documentos de sus contrincantes demócratas, perpetrado en un edificio llamado Watergate. Es irónico que precisamente Nixon, que impuso su firma en la placa, lejos de fomentar la continuidad del programa espacial, recortó su presupuesto tan drásticamente que dejó sin volar a varios cohetes Saturno V, con todo y sus naves Apolo, que ya estaban listas para ser tripuladas y efectuar las misiones originalmente planteadas.

El 12 de septiembre de 1962, solemnemente, John F Kennedy había anunciado “en esta década llegaremos a la Luna” y diez años después, Nixon determinó “en este siglo nadie más regresará a nuestro satélite”, lo que hasta hoy se ha cumplido.

La gravedad

La historia del astronauta David Scott viene al caso porque, tres y medio siglos después del planteamiento teórico de Galileo acerca de la gravedad, el 31 de julio de 1971, parado sobre la superficie lunar, ante los millones de espectadores televisivos que lo observamos, comprobó tan importante hecho científico. Todos vimos caer sobre el polvoso suelo, simultáneamente, la ligera pluma de un halcón junto con un pesado martillo y fue evidente cómo, sin la presencia de una atmósfera que frenara de manera diferencial a los dos objetos, ambos llegaron al suelo justo al mismo tiempo. Así, una vez más, quedó demostrado que la gravedad en la Tierra y en la Luna, se ejerce del mismo modo sobre todo lo que tienen encima.

El Galileo de Brecht

Eugen Bertolt Friedrich Brecht fue un enorme creador de historias para los escenarios, ahí reflejó la cruda realidad del mundo que le tocó vivir, perseguido tanto por los nazis como por el “mundo libre” americano, constantemente, tuvo que cambiar de país para poder contar su verdad. A punto de comenzar la Segunda Guerra Mundial, en su Alemania natal, pensó que la historia de vida de Galileo podría servir como ejemplo para hacer reflexionar a su público, sobre la importancia de llegar a la verdad a través de la razón, además de no permitir que dicha información fuera monopolizada por cualquier tipo de totalitarismo. Desde la óptica de Brecht, Galileo es un hombre que lucha por encontrar la verdad a través de una nueva metodología, la ciencia, sabe que su búsqueda no debe ser sólo la del saber por el saber, sino que juega otro papel fundamental, un planteamiento ético necesario, por encima de todo hay que pensar en el progreso de la humanidad.

El gran dramaturgo enfocó su trabajó teatral para que fuera de utilidad, dada la importancia de intentar cambiar las actitudes negativas de la gente, siempre quiso que el espectador razonara, y sabía que el teatro era una vía relevante para dibujar poéticamente la realidad. De manera frontal, Bertolt Brecht buscó provocar las conciencias, se preocupó porque el espectador entendiera su entorno social, en pocas palabras, se dedicó a revolucionar el arte del teatro.

“Leben des Galilei” es una obra que Brecht reescribió tres veces: bajo el nazismo, después del fin nuclear de la guerra en Japón y a mediados del siglo XX, en plena Guerra Fría. En la argumentación teatral de esta magnífica creación, incluyó cierta crítica hacia el poder, pensando tanto en la época de Galileo como en los tres momentos en los que la reescribió. Sabía que el caso del astrónomo italiano podía ser un ejercicio perfecto para que el público hiciera suya una máxima muy importante, “la verdad no debe ser monopolizada por el poder”.

En las diferentes dramatizaciones de la obra, a veces interrumpidas por letreros y unos coros de niños que van ubicando las diferentes situaciones, Galileo explica la teoría heliocéntrica de Copérnico, muestra su versión mejorada del telescopio y describe sus observaciones sobre cómo las lunas de Júpiter giran a su alrededor. A lo largo del montaje teatral, defiende sus ideas ante todos, especialmente frente el Santo Oficio y deja muy claras las profundas implicaciones de los hechos que va mostrando. En realidad, toda su argumentación va dando fundamento al nacimiento de la ciencia, misma que se basa en la comprobación de la verdad. Es evidente que este modelo contradice lo equivocado del pensamiento religioso, que, entre otros dogmas, ubicaba a nuestro planeta fijo, en reposo en el cosmos, con todo lo demás girando a su alrededor, tal como lo concibieron en su tiempo Aristóteles y Ptolomeo.

En 1633, cuando la Santa Inquisición lo condena a un arresto domiciliario, de por vida, después de su obligada abjuración sobre la teoría heliocéntrica de Copérnico, no importa mucho si Galileo dijo o no el famoso “Eppur si muove”, (y sin embargo se mueve), porque, como lo maneja Brecht en su obra, cuando sus ideas comenzaron a resonar por las calles, la gente empezó a razonar, y es entonces que comienza el verdadero renacimiento, cuando el conocimiento científico es discutido por el pueblo, se está iniciando uno de los más importantes cambios sociales.

A 400 años… nada

En el año 2010, pensé que por todo el mundo se presentaría esta trascendental obra de Brecht, ya que se estaban cumpliendo 400 años del célebre día en que Galileo apuntó su telescopio hacia el cosmos, cuando comprendió que si “unas cosas” giraban alrededor de otro mundo, sería el principio del fin del geocentrismo y sobre todo del antropocentrismo… Me parece que la fecha pasó algo inadvertida, por eso, a 15 años de distancia los invito a conocer la historia del gran matemático, astrónomo, filósofo y físico, a través de la magnífica versión cinematográfica que profundiza en la importancia de su trabajo.

El Galileo de Brecht y Losey

En Internet es posible encontrar la película “La vida de Galileo”, del cineasta Joseph Walton Losey, producida en 1974, es una adaptación perfecta de la gran creación teatral de Bertolt Brecht. El filme es impecable, respeta el montaje del escritor; el actor Chaim Topol, (de “El violinista en el tejado”) personifica al genial científico, con perfección histórica, en un magnífico esfuerzo artístico, se analiza lo profundo del compromiso sociopolítico, siempre presente en los trabajos de Brecht.  Hoy, quizá, más que nunca, cuando resurge el creacionismo y gobierna Trump, esta producción es un buen ejemplo de una obra que resulta necesaria, además, por si fuera poco, es anti solemne y muy divertida.

Una resolución tardía

La justicia divina es lenta, a 350 años del fallecimiento de Galileo, una comisión papal reconoció el enorme error que sus antepasados cometieron, ante sus importantes aportes astronómicos.

“La ignorancia es la madre de la maldad y de todos los demás vicios”

Galileo, cerca del final de su vida, estaba casi ciego, prisionero y sufría una terrible artritis, sin embargo, logró terminar de escribir su obra más trascendente, “Discursos y demostraciones matemáticas en torno a dos nuevas ciencias”. El 8 de enero del año 1634, en Arcetri, Florencia, dejó de existir, pero lejos del oscurantismo que lo rodeó, 4 años después, Galileo renació cuando se logró la publicación de sus revolucionarias ideas a cargo de la famosa tipografía de los Elzevir de Leiden, Holanda.

Hoy, a manera de permanente homenaje, la imagen y el nombre de Galileo se repiten por la Tierra y el cosmos; ahí están las famosas pinturas que muestran los pasajes más trascendentes de su vida, llevan su nombre: una misión espacial a Júpiter, el sistema europeo de radionavegación, un satélite de Júpiter, un cráter de la Luna y otro de Marte, un asteroide y una unidad de medida. Hay una película biográfica de Liliana Cavani y también está por ahí la ópera de Philips Glass y claro, hay que citar de nuevo “La vida de Galileo” de Beltrold Bretch, hecha magistralmente, para el cine, por Joseph Losey. Estos son solo algunos de los ejemplos que pueden hacernos recordar aquello que el filósofo alemán Arthur Schopenhauer apuntó de forma certera:

“Toda verdad pasa por tres etapas: primero es ridiculizada, luego violentamente rechazada, para finalmente ser aceptada como obvia”.

Tlalpan, CDMX

8 de septiembre del 2025


Imágenes de portada e interiores: Vía Joaquín Berruecos.






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1 Comentario

el 11/09/2025

5fgpad



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