SOMOSMASS99
Carmen Galindo / SomosMass99
Lunes 15 de septiembre de 2025
Carlos Monsiváis, y lo citan un día sí y otro también, tanto AMLO como Scheinbaum, consideraba que la ideología de la Derecha es la hipocresía. No lo dudo, pero, en lo personal, relaciono más a la Derecha con la intolerancia. Tengo la impresión de que no pueden imaginar que alguien tenga una visión del mundo diferente a la suya.
La jefa de la alcaldía Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, quizá de veras piensa que a todo mundo le irrita el monumento que celebra el encuentro de Fidel y el Che en la Ciudad de México. Recuerdo que cuando triunfa la reaccionaria Perestroika de Gorbachov en la Unión Soviética, se pusieron a tirar estatuas para no dejar rastro del régimen bolchevique. La destrucción de una de Lenin trajo consigo una nota al canto, pues el héroe fue sustituido por la de Verónica Castro. A pesar de la simpatía que uno tenga por la actriz, resulta injustificado sustituir un personaje histórico por cualquier actriz. Pero basta de digresión, aunque lleguemos al tema hasta el final de lo que sigue.
Un episodio poco conocido
Un día del año 56 del siglo pasado, Raúl Álvarez Garín y Daniel Molina, futuros dirigentes del Movimiento Estudiantil de 1968, andan en la sobresaltada tarea de buscar a su compañero de lucha Alfonso Celaya, a quien juzgan víctima de la práctica priista de desaparición forzada. Van a las cruces, la Roja y la Verde, a todas las delegaciones y nada. Los acompaña la mamá de Raúl, matemática, futura maestra emérita de las Facultades de Ingeniería y Ciencias de la UNAM. Después de una semana de búsqueda, un día la señora les dice: “Sigan ustedes, voy a darle de comer a tu papá. Háblenme (por teléfono) a las cinco para que los alcance”. Los muchachos, de unos 16 años, no se reportan y sus padres viven la zozobra de pensarlos desaparecidos. Deciden buscar al subsecretario de Gobernación, Luis Echeverría. El ingeniero Álvarez los conoce, porque años antes formaban el grupo de izquierda Asociación Revolucionario de Estudiantes (ARDE). Les avisan que el subsecretario no está, pero como ellos conocen el coche, se apostan Manuela en la puerta de Bucareli y el ingeniero en la de Abrahan González. Cuando sale el automóvil, Mane corre a la otra puerta y, en efecto, Echeverría se dirige a pie para encontrar su coche. Lo abordan y contesta el futuro presidente: “Aquí no los tenemos, pero vayan a la Procuraduría y que Mane le suelte una lagrimita al procurador y a ver si los tienen allá”.
Este episodio aparece en las memorias de doña Manuela Garín. pero lo cuento aquí tal como lo escuché de viva voz de doña Mane: “Al día siguiente, fuimos la mamá de Daniel y yo, y no una lágrima, sino sollozando le preguntamos por nuestros hijos». Mientras las oye, el «procurador hace una llamada interna. Y, de repente, Raúl y Daniel aparecieron en un pasillo sanos y salvos».
Un día después, el ingeniero Álvarez contesta el teléfono y una voz le dice: “Dejen de buscar a Alfonso, está con nosotros en una misión y si lo siguen buscando nos van a descubrir ”. El ingeniero pregunta: “¿Quién habla?” Y escucha: “Fidel Castro”. Alfonso Celaya fue uno de los 86 revolucionarios y el único mexicano que abordaron el Granma en el puerto de Tuxpan, Veracruz, para menos de seis años después entrar triunfantes en La Habana, mientras Fulgencio Batista se dirigía a Miami.
Otro encuentro memorable
Fidel Castro, estudiante de Leyes, llega a Bogotá, como promotor y representante de Cuba al Congreso Latinoamericano de Estudiantes, patrocinado por el gobierno peronista de Argentina. La capital de Colombia hierve en actividades. Se enfrentan dos partidos, el Conservador, que gobierna, y el Liberal, que se da por ganador en las inminentes elecciones. Estados Unidos organiza el Congreso Panamericano, de donde surgirá la OEA (Organización de Estados Americanos). El gobierno mexicano ha enviado una impresionante exposición cultural que incluye piezas arqueológicas, altares barrocos y lienzos de los Tres Grandes.
El 8 de abril de 1948, el candidato liberal Jorge Eliécer Gaitán sale de sus oficinas para dirigirse a comer al Hotel Continental. Lo acompañan dos correligionarios, salen del elevador y se dirigen a la entrada del edificio. Hay unas cinco personas dispersas, lo rodean y uno de ellos dispara. Son las 12 del día. A la 1.50, en una clínica cercana lo declaran muerto. Se corre la voz y una multitud persigue y alcanza en una farmacia a Juan Roa Sierra, y a pesar de que un policía lo interroga y trata de protegerlo, la multitud lo lincha. Se sospecha que detrás del magnicidio están el gobierno de Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia (la CIA).
La ira popular estalla, olas crecientes de violencia incendian 124 edificios y se calculan entre 400 y dos o tres miles de muertos y heridos. Militares y policías inician la represión. Algunos policías se unen al levantamiento y les entregan armas a las huestes populares. Se dice que fue la primera vez que Fidel Castro disparó un arma. Los incendios están en el Centro de Bogotá y ahí mismo, todavía sin desempacar, las obras de arte mexicanas. Fernando Gamboa, responsable de la exposición, al advertir el peligro, le grita a la gente amotinada que ayude a salvar las cajas que contienen ese tesoro. El pueblo comienza a acarrear las cajas y las pone a salvo lejos de los incendios. Ni una pieza se perdió en esa ayuda solidaria y espontánea del pueblo colombiano.
Un escritor, al enterarse del asesinato, arroja por la ventana su máquina de escribir y al ver que no se destruye, sale a la calle y con un gesto desesperado la arroja al suelo. Un joven alto, altísimo, se acerca, toma la máquina y con fuerza la arroja sobre la banqueta. La máquina se rompe. El novelista, que ya había escrito el relato Isabel viendo llover en Macondo, decide escribir literatura de denuncia social y lo cumple, pues su próxima novela es La mala hora. Tiempo después, describirá la represión de la United Fruit contra los trabajadores en huelga, a los cuales defendió como abogado Jorge Eliécer Gaitán. No muchos años después, Fidel Castro le dijo a Gabriel García Márquez: «El que te ayudó a destruir la máquina, era yo».
La naturaleza da un paso a la izquierda
Como con las lluvias, un árbol cayó sobre la estatua de Felipe Calderón en el Complejo Cultural de Los Pinos. El flautista Horacio Franco dijo que se le debía otorgar la Medalla Belisario Domínguez, porque el árbol murió por defender a la patria.
Imagen de portada: Ernesto Che Guevara y Fidel Castro. | Foto: SecretOlivo.
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