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SOMOSMASS99

 

Iván Arellano Naranjo

Jueves 18 de septiembre de 2025

 

¿Cuántas veces debe el hombre levantar la vista

antes de poder ver el cielo?

Sí, ¿cuántos años puede vivir un hombre

para poder escuchar a la gente que llora?

Sí, ¿cuántas muertes serán necesarias para comprender

que ya ha muerto demasiada gente?

La respuesta está en el viento.

Bob Dylan 1963.

 

La vida tranquila y serena que a todos ofrecía Guanajuato y que la administración de la OSUG utilizaba para atraer músicos y cubrir sus constantes vacantes, que todo el tiempo había, terminó de forma súbita. De golpe y porrazo la exigencia de la música es otra cosa, cada programa semanal representa un reto artístico, el peso de la calidad, del resultado, es algo serio que recae en los integrantes de la orquesta. Llegan divididos: a unos les duele Mario Rodríguez Taboada; otros suspiran por Sergio Cardenas, y algunos más apuestan por olvidar el pasado. En el futuro próximo serán cruciales puntos de vista tan diferentes. Por ahora se disciplinan y lo asumen con responsabilidad y compromiso.

Los funcionarios del Estado y la Universidad, tratando de pensar bien, quieren cumplir con el decreto de fusión de la OSUG y la Filarmónica del Bajío. No obstante, se quedan cortos, lejos de lo que la Orquesta promete como instrumento sinfónico de calidad: clase, categoría y nivel, algo que hasta el momento no se oía por el rumbo del bajío. Desde ahora se nota el riesgo que implica que no se entienda ni comprenda a la Orquesta.

Héctor Quintanar es institucional y con nadie queda bien. Acostumbrado desde los diferentes cargos que ejerció a atender y gestionar con administraciones emanadas del PRI, se pierde entre una burocracia sin un hilo de donde jalar o una autoridad que ofrezca un asidero para negociar o tratar. Se ve en medio de una situación muy incómoda y peligrosa. Aún considerando las bajas y deserciones lamentables, y de que a través de su historia siempre la orquesta contó con buenos instrumentistas, en el 92 se hallan reunidos los mejores atrilistas que haya tenido el instrumento universitario. Por otro lado, es pesado ver a los funcionarios priistas o panistas que no están para escuchar, encaminar sus esfuerzos para estar en sintonía con el jefe máximo del país, porque con el jerarca no se debe quedar mal, en juego se encuentra el futuro político del Estado y la carrera política de ellos.

Rodeado de autoritarismo y machismo patriarcal, Héctor Quintanar en poco tiempo se queda solo. Mientras la clase política, sin estar en desacuerdo, sin importar si están conformes, necesita encarrilar y darle sentido a la fusión, garantizar los resultados que el patriarca espera de ellos. El estado de las cosas debe cambiar, el aficionado a la música percibe a los políticos y los movimientos casi sin reparar en ellos. Los halla, a aquellos, en la Plaza de la Paz en el abrazo y en el beso. Pueden pertenecer a cualquier instituto político, eso no importa, el objetivo es la meta que les fue trazada.

Al poco tiempo, el Congreso del Estado se empieza a teñir de azul. Años enseguida, el PAN gana elecciones sin protestas ni problemas. Mientras, la OSUG se divisa, a vista y advierte, como un bien obligado o un mal necesario; un bien que 40 años se le encargó a la dinastía Rodríguez sin complicaciones, asuntos ni dificultades, delegando en el director hasta la nómina completa de la institución. La realidad del director responsable de la fusión es bastante diferente. En él no se delega nada, queda la impresión que solo se le toma en cuenta en lo indispensable. La administración de la OSUG de 1992 va con gerente, relaciones públicas, jefe de personal, jefe de producción, bibliotecario, secretarias, auxiliares técnicos o tramoyistas suficientes, encargado del foro, dos sedes (Teatro Principal y Teatro Juárez), soporte económico planeado, pensado en un instrumento de 110 músicos.

El impulso de la Orquesta Filarmónica del Bajío en un año se fue desinflando. Llegó apenas a los cinco años, la frescura inyectada en la fusión con la OSUG, si acaso, alcanza para el tercer año. La administración evocada, idealizada que jamás se había tenido, no salva a Quintanar de la debacle. Al salir a flote los grandes problemas provocados por una programación musical buena, pero en lo laboral tan insensible que no tomaba en cuenta a la persona ni al ser humano, la apuesta de que todo se arreglaría al convertir a Guanajuato en la capital musical del bajío, mínimo al mismo nivel de las orquestas de la capital, sin importar los costos, cerrando los sentidos a los descalabros que fue sumando, el maestro no corrigió, tampoco lo ayudaron. Siguió adelante y, tanto dentro de la Universidad como en el Estado, no encontró la salida del laberinto. La Orquesta se le escapó de las manos.


Imagen de portada: Héctor Quintanar, director de orquesta. | Foto: Universidad de Guanajuato.

 




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2 Comentarios

el 21/09/2025

pestkt

el 25/09/2025

plpudt



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