SOMOSMASS99
Joaquín Berruecos
Lunes 29 de septiembre de 2025
Alguna vez escribí sobre lo importante que fue, para quienes estudiábamos química, que nos tocara vivir la llamada “era de la psicodelia”, en relación con lo que estaba sucediendo en nuestro país, particularmente en el municipio de Huautla de Jiménez, en Oaxaca. Quienes pretendíamos saber más sobre aquellas historias, pronto nos enteramos de la fama que había adquirido la indígena mazateca María Sabina, una sabia mujer de la que se publicaron cantidad de mitos. Toda la cuestión se catalizó cuando Robert Gordon Wasson, banquero y micólogo aficionado, publicó en la revista LIFE, en junio de 1957, un artículo en el que se hablaba de Sabina, por primera vez a nivel internacional. Gracias a esto, con rapidez, se logró que sus “hongos sagrados”, se volvieran de enorme interés para cantidad de personas deseosas de vivir “experiencias fantásticas”.
Los niños santos
Pero la dimensión sagrada y sanadora que los mazatecos atribuían a “los niños santos”, como los lugareños llaman a sus preciados hongos, fue desplazada, en parte, por esa moda contracultural y psicodélica que logró trivializar, en aquellos años, la profundidad de tan importantes conocimientos indígenas. Finalmente, la figura de María Sabina escaló en el mundo de lo que era “de natura” y quizá, en medio de tanta popularidad, fue utilizada como un ícono pop que, viéndola así, quedaba desligada de su verdadera cosmovisión.
También en Huautla de Jiménez vivió Julieta Casimiro, una mujer trascendente que incursionó más allá de nuestras fronteras, cuando formó parte de un mágico consejo internacional formado por mujeres ancianas de distintas culturas y pueblos originarios, que se organizaron para intercambiar sus saberes ancestrales, defendiendo la vida, la medicina tradicional y, desde luego, su tierra, pero siempre pensando en las generaciones futuras.
Gracias a diferentes recomendaciones que me hicieron para acceder a Mamá Julia, como todos conocían a Julieta Casimiro, tuve la fortuna de visitarla, junto a su hija, en tres ocasiones y fue hasta entonces cuando logré entender parte de la maravillosa magia que la rodeaba.
Julia
El mismo día que llegamos, por primera vez, a Huautla de Jiménez, comenzamos a tener cantidad de inolvidables charlas con ellas, entre otras cuestiones, desde luego, hablamos acerca de sus derrumbes, pajaritos, san Isidro, niños santos, o sea sus hongos mágicos, que los científicos denominan Psilocybe. Sobre este tema, ella solía poner énfasis en la enorme importancia y el arduo trabajo cotidiano que llevaban a cabo algunas mujeres mazatecas, siempre pensando en buscar cómo conservar sus verdaderas tradiciones.
Tiempo atrás, Gastón Guzmán Huerta, el gran sabio de los hongos, nos había introducido en la importancia de conocer, más de cerca, a las protagonistas de ciertos ritos fabulosos, siempre vinculados a la carne de los dioses, el Teonanácatl. Tal y como él lo tenía muy claro, insistía en que uno tenía que buscar este tipo de experiencias, en algún momento de la vida. “Joaquín solo viviéndolos podrás entender lo profundo de estos viajes, sobre todo cuando son supervisados, bajo las instrucciones de mujeres como Mamá Julia”.
Las 13 abuelas
En la sala de Mamá Julia se apreciaba una gran manta donde lucía junto a las mujeres del International Council of Thirteen Indigenous Grandmothers, un Consejo de Trece Abuelas Indígenas fundado en Nueva York, en el año 2004. A Julia la habían invitado para ser parte de ellas, siempre bajo el lema: “Por el futuro de nuestros nietos, y de todos los seres, estamos unidas”.
Estas maravillosas abuelas provenían de diferentes culturas, originarias de América del Norte y del Sur, del Tíbet, de África, de Nepal y de la tradición Sám del norte de Europa. Ellas afirmaban ser guardianas, entre otras cuestiones, de su medicina tradicional, de sus íntimas ceremonias espirituales y de los muchos conocimientos ancestrales que poseían.
En particular, las experiencias de Julia estaban centradas en el mundo de los hongos, era impresionante cómo, por largas horas, nos podía hablar de los famosos Psilocybe caerulescens, llamados derrumbes, nti ki so, porque justo los encontraban en las tierras derrumbadas. Poco antes de vivir la experiencia del fabuloso rito que implica su consumo, era importante escuchar lo que ella explicaba sobre lo mucho que se puede sentir, por ejemplo, con los pajaritos, llamados por los biólogos Psilocybe mexicana. “Esto de buscar en Huautla de Jiménez, los espacios ligados a la tradición de entender lo que realmente significan los hongos, es como algo sagrado”.
Además de la labor espiritual que realizaba en México, Mamá Julia viajó por el mundo junto con las otras abuelas, llevando la voz de las montañas de Oaxaca a varios foros internacionales, incluyendo la ONU, ellas querían que se valorara el poder de preservar la sabiduría indígena.
Un viaje revelador
Es difícil describir la multitud de sensaciones profundas que Mamá Julia nos regaló, con cariño nos mostró las entrañas del complejo universo que contienen sus hongos mágicos. Como mazateca de Oaxaca y una auténtica Ha Shuta enima (los que trabajan el monte), sin duda era de lo mejor para saber buscar y recolectar hongos en el bosque. Caminar por la mañana con ella en el monte húmedo, en búsqueda de derrumbes, fue para mi toda una experiencia.
Como químico, también me resultaba importante poder descifrar de qué manera Julia entendía lo que fuera necesario para dosificar sus productos con precisión, sus invitados siempre salían impresionados de la perfecta experiencia. El que funcionara tan bien fue lo que me dio seguridad, a la hora de consumir mi dosis. Ella sabía ver a los ojos, sentir la piel, entender la respiración, o sea, captar desde afuera lo que uno estaba viviendo muy adentro, y lo hacía con delicadeza. Era evidente que todas estas cuestiones fueran relevantes a la hora de compartir la exacta cantidad de hongos necesarios para cada uno. Y todo sucedía en medio de flores, rodeados de incienso y cantos, indispensables durante el rito.
Mamá Julia supo heredar de sus antecesoras, los saberes que este tipo de vivencias requieren, era cuestión de: “saber buscar, y aprender cómo es que se manifiestan los más importantes secretos de la tierra misma.” Falleció en el 2018, pero su legado sigue vivo en Huautla, y en quienes la conocimos, especialmente los que continúan respetando las tradiciones mazatecas y el saber profundo de la tierra y sus hongos sagrados.
Mi estancia con Mamá Julia fue toda una experiencia… mientras cantaba y hablaba, nos hacía partícipes de la importancia de visitar los bosques donde, tranquilamente, están a la espera multitud de remedios desconocidos, sobre todo aquellos que han resultado ser útiles para quienes desean abrir su mente. Tenía muy claro que la tierra nos ofrece cantidad de elementos que, para bien, algunos tuvimos la fortuna de percibir tal y como lo sabía compartir. Ella comprendía la manera de guiar a cada persona en este viaje trascendente, el que se experimenta en directo hacia el mundo interior.
Madrid, España.
Imágenes de portada e interiores: Vía Joaquín Berruecos.
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