SOMOSMASS99
Iván Arellano Naranjo
Jueves 2 de octubre de 2025
Vagabundos
en derredor de los muelles
crucificando sus almas
en los mástiles de los barcos que se van…
– El Río
Luis Cardoza y Aragón.
La fusión de la Orquesta Filarmónica del Bajío y la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato fue una unión forzada o, por lo menos, así se vivió. Apaciguar el país después de la revolución llevó más de veinte años. Las diferencias entre los músicos de diferentes nacionalidades transcurrirán a través de los años.
El proyecto de la OSUG de 1992 nació dentro de una buena familia. Daba la impresión de que tenía todo y de que nunca le iba a faltar nada. Muy pronto se encontró con un golpe de realidad: en verdad era una especie de “entenado”. Una imposición nueva del centro. El movimiento fue muy mal visto por una buena parte de la sociedad guanajuatense. Sergio Cardenas se había cuidado de crear una imagen sólida y con la dinastía Rodríguez Fraustro-Rodríguez Taboada formaban una institución no solo dentro de la Universidad, sino en todo el estado de Guanajuato. Y como la OSUG fue una de las primeras orquestas en el centro y norte del país, se les conocía en buena parte de los estados en derredor de Guanajuato.
Quintanar se defendió bien con una buena programación. Ravel, Debussy, Bartok, entre muchos otros compositores del repertorio orquestal, se leyeron y escucharon en la capital del estado. Muchas de esas obras se ejecutaron por primera vez en el Teatro Juárez. Pero luego luego aparecieron varios asegunes. Dentro de la Universidad y gobierno del Estado percibían que se canalizaron muchos recursos. ¿Por qué tanto dinero? No ven la necesidad de que la OSUG absorba tantos recursos. En la dirección de la orquesta no son ingenuos, saben que Daphnis et Chloé, La Valse no poseen valor económico o material, consideran esencial justificar el recurso que se recibe, deciden exigir y ser más estrictos con los músicos.
Nada impide la presión que se vive. Los atrilistas se encuentran divididos de origen. La inmensa mayoría realiza su mejor esfuerzo, la música sale a un costo social bastante elevado. Un grupo de músicos manifiesta su desacuerdo con la situación que consideran una amenaza, la administración responde a las desavenencias minimizando y ocultando los problemas. En cambio, reprime. Trata de crear la ilusión de que no pasa nada.
Un incidente, como ejemplo: La picolista no siempre tiene partitura que tocar. Esta semana no tiene partitura y se presenta a la siguiente. El jefe de personal la recibe con una acta de abandono de empleo. Está despedida. Sus colegas de la sección de flautas tuvieron que acudir a la oficina de recursos humanos, fueron testigos, explicaron y aclararon de que en todas las secciones de la orquesta sucedía lo mismo y que dependía de la programación, no de ellos, el descanso de la actividad orquestal.
De la gestión de José Rodríguez Frausto hasta la dirección de Héctor Quintanar, el jefe de personal y el delegado sindical (cuando lo hubo), jugaron el papel de patiños. El jefe de personal sale de los mismos músicos y lo nombra el director. El delegado sindical, lo eligen los músicos al interior de la orquesta. El director podía acudir con cualquiera de los dos y la respuesta no desafina ni se sale de ritmo, los tres están en la misma sintonía.
En 1995 se renueva la representación laboral. El músico electo reúne una serie de documentos y memorandos de fechas variadas que develan la inconformidad y la represión como respuesta. En los últimos dos meses han abandonado la orquesta seis instrumentistas, dos principales en los metales, el principal de oboe y el segundo, el piccolo y un contrabajo de fila. La lista de agravios es larga, promesas salariales incumplidas, el desorden y arbitrariedad en la invitación de extras, año sabático, falta de reglamentos para promoción de categoría, sin programas de cursos de capacitación y actualización de conocimientos. También, carencia de planes a mediano y largo plazo. Termina la temporada y la programación de la próxima brilla por su ausencia.
La orquesta integrada por músicos europeos, latinoamericanos, estadounidenses y mexicanos de varios estados de la República se divide en dos: los locales y los de fuera. Los de fuera, los músicos que no son originarios de Guanajuato y que muestran alguna inconformidad; los locales, apoyan a la dirección tome las decisiones que tome, no importa nacionalidad u origen, aunque no sean sinceros. Aparece la xenofobia, con especial dedicatoria a los chilangos y estadounidenses: “Si no te gusta, vete”.
Foto de portada (ilustrativa): Ahsen (@ahsen) / Pexels.
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