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Decadencia peligrosa

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 24 de octubre de 2025

 

Uno de los síntomas de la decadencia del capitalismo y de la mayor potencia del sistema, Estados Unidos, es el incremento constante de la propaganda imperialista. En su intento de imponer una visión del mundo y la realidad que contribuya a la defensa y ampliación de sus intereses mediante una narrativa prefabricada y divorciada de la verdad, no obstante el enorme grado de monopolización y control sobre los grandes medios de comunicación y difusión, la realidad misma se encarga de echar abajo las matrices de opinión que se construyen para mantener o ampliar las condiciones que aseguren el dominio imperial y se ven en la necesidad de elaborar nuevas o rescatar viejas mentiras para reforzar su narrativa dominante.

La potencia hegemónica imperialista busca la forma de ampliar su control sobre áreas estratégicas, ya sea por su ubicación geográfica o por sus recursos y riquezas naturales. Por ello necesita imponer su ideología y su «verdad». Recurre a la propaganda en todas las formas imaginables, además de las amenazas y del uso de la gran fuerza militar que posee; por algo cuenta con más de 800 bases militares fuera de su territorio.

La mayoría de los conflictos bélicos que actualmente se desarrollan están vinculados al declive del imperialismo y obedecen a la necesidad de mantener su dominio económico, político e ideológico. 

El área geográfica sobre la que se creen o se sienten con derecho a poseer o dominar es el resto de este continente, creencia y sensación que tiene más de 200 años y que dio origen a la Doctrina Monroe (1823), la que complementada con la del Destino Manifiesto (1846) forman el sustento ideológico-político del supremacismo de la clase dominante en Estados Unidos en su relación con el resto del continente; de modo que no es una ocurrencia de su actual presidente la pretensión de anexarse a Groenlandia ─viejo sueño imperial─, el querer convertir a Canadá en la estrella número 52 de su bandera, apropiarse del Canal de Panamá y tener un férreo control y dominio sobre los países de América Latina y el Caribe.

Actualmente, como su decadencia es más que evidente, Estados Unidos ha emprendido una ofensiva contra casi todo el mundo. Impone unilateralmente sanciones económicas y amenaza a la inmensa mayoría de los países y, además, agrede a los que en varios aspectos, sobre todo militar, económica y tecnológicamente son débiles y que por su ubicación geográfica o sus riquezas naturales su dominio y control es estratégico para el imperialismo yanqui.

Algo más que el imperio no tolera y es motivo para amenazas y agresiones es que, en el ejercicio pleno de su soberanía, los pueblos rechacen su tutela y decidan conducirse en función de sus intereses nacionales y populares. Y menos si esos pueblos ocupan lo que desde hace más de dos siglos los yanquis consideran su patio trasero.

Aun cuando los principales «enemigos» de Estados Unidos son China y Rusia, no tiene la capacidad ni los medios para enfrentarlos simultáneamente, necesita debilitar y someter primero a uno de ellos para, posteriormente, enfrentar al otro.

En la estrategia del imperialismo estaba, primero, debilitar y doblegar a Rusia para después emprender su ofensiva contra China. Para ello urdieron el golpe de estado de 2014 en Ucrania y las acciones provocadoras de la OTAN para cercar a Rusia, lo que derivó en la actual guerra en Europa, guerra que, hasta el momento, lleva un derrotero opuesto al que pronosticaron sus promotores. 

Dado que tal estrategia falló y que la complicidad yanqui en la guerra en Europa y en el genocidio que Israel lleva a cabo contra el pueblo palestino en Gaza han significado un considerable costo en recursos militares ─principalmente en armas y municiones─, el imperio del norte necesita recuperarse de ello y de los efectos de la crisis ─coincidente con su decadencia─ que desde hace más de medio siglo padece.  

Tal recuperación requiere asegurar el suministro de recursos energéticos y otros materiales que Estados Unidos no tiene en cantidad suficiente; por ello pretende obtenerlos de los países de América Latina y el Caribe; de ahí su necesidad de controlar el resto del continente, sobre todo del Río Bravo hacia el sur.

Ello explica las amenazas a Colombia, Venezuela y, de manera velada, a México; el despliegue de fuerzas militares frente a las costas de Venezuela y el recrudecimiento del bloqueo a Cuba por el «mal ejemplo» de su resistencia y dignidad.

Sin embargo, el imperio enfrenta graves problemas internos debido a contradicciones generadas por su sistema económico y político, al grado de que una cantidad considerable de sus ciudadanos se opone a la política interior y exterior del gobierno de Trump. 

Y la imposibilidad de ir contra una tendencia histórica ─su decadencia─ generada por sus propias contradicciones lo hace más peligroso. Evitar que lleve al mundo a una catástrofe depende, en buena parte, del pueblo estadounidense. 


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: CubaDebate.

 




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el 26/10/2025

nuu0h9

el 31/10/2025

eysuma

el 01/11/2025

lfl0gs



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