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Los ojos del silencio

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SOMOSMASS99

 

Lázaro Uc Mas*

Lunes 11 de agosto de 2025

 

Levantamos el paro estudiantil un día viernes. La verdad, cuando supe que esas maestras no iban a estar en la escuela, me sentí rebién. Sobre todo por una que era méndiga como el carajo. Nos pusimos contentas, hasta fuimos a celebrar. Poco porque somos foráneas, pero una “chela” bien fría lo merecía. Entre sonrisas y sonrisas nos fuimos a dormir.

Pero no, poco duró el gusto. El acuerdo de que esas maestras no iban a estar en la escuela, de que iban a trabajar a distancia, de que no tendrían contacto con las alumnas, no se cumplió. Recuerdo la cara del director, un tipo regordete tocando sus lentes con toda la cara de seguridad, muy serio, asegurando, prometiendo, enfatizando que primero están las alumnas, que “velarían” por nuestra seguridad. El otro, otro tipo igual con lentes que dijeron que era el subsecretario, mirándonos fijamente y asintiendo a cada palabra del director. Pues les creímos. Por eso nos fuimos dizque a celebrar. Hasta con gusto me gasté mi semana en la botana. Pero no, no fue así.

El gusto nos duró apenas dos semanas. A la tercera, ya estaban en los pasillos como si nada. Departiendo y compartiendo. Primero fue una vez a la semana, después dos veces, y así. Hasta que fue común verlas. Porque aunque yo no la quisiera ver, ahí estaba. Y ya saben, lo clásico, a pesar de que yo no dije nada, ni hablé, no puse ninguna demanda ante ninguna autoridad, no me miraban bien.

Desde que aparecimos en el pasillo no me quitó la mirada. Así, fijamente, avanzó 20 metros, 15 metros. Como si me reprochara algo. Tal vez suponía que yo había hablado en la reunión o puesto mi queja. 10 metros, cinco metros. O tal vez recordaba cómo me había tratado. Tres metros. Que no me hable por favor -pensé-. Dos metros. Soltó una risa sonora, forzada, y me miró por ultima vez. ¿Han visto una mirada de desprecio? Bueno, pues esa fue. No se las tengo que describir, todos las distinguimos cuando nos la dan y cuando las hacemos. Porque todas lo hemos hecho alguna vez. Pero claro, si le decimos a la autoridad que “la maestra se burló de mí” en ese pasillo, pues ni lo tomará en cuenta. Bueno, escucharon todas las historias en el teatro, hubo un acuerdo y siguen aquí, amenazándonos, y creo hasta burlándose de nuestro silencio. Así que una simple mirada es lo menos que les interesa. Un metro. Y, !que no se pare¡, !que no se pare¡, !que no se pare¡. Cero metros. Pasó de largo. ¡Uffffff!, ya. Ahí esta María: -Hola María-. Oye, ¿viste que no te quitó la vista de encima? – Si-. Y luego se rio cuando pasó junto a ti. – Si. Y luego… oye, estas fría. – Tú crees. – No lo creo, estas fría. Cálmate, vamos por un café.

Primero fueron miradas, luego gestos directos, burdos, soeces. Después mensajes a través de otras compañeras, hasta maestras y maestros afines a ella. En los pasillos, en los baños, en el barandal, en la escalera, en las bancas. Sí, a mí, que nunca dije nada me trataban así, a las que sí hablaron les iba peor. No les dan permiso de salir, las vigilan en sus horarios de práctica profesional, bueno, hasta les mandan que las vigilen otras personas.

Ese “profe” la paró en el pasillo, le preguntó cualquier cosa sobre sus tareas de la escuela. Parecía una plática escolar como cualquier otra y de pronto:

– Pues ojala y no les pase nada en los exámenes recepcionales, porque con esas cosas que traen no se ven bien. – ¿Como profe?, ¿qué en los exámenes?

– Pues sí, metiéndose en problemas. La verdad si a mí me llegan a tocar, no creo que puedan responder mis preguntas.

– Pero son cosas distintas, profe.

– Es lo mismo, así que ojalá y me toque ser su sinodal.

Y se fue con sus grandes pasos y su gran sonrisa como si hubiera resuelto el gran problema de la escuela.

Nos quedamos quietas, las pupilas de todas brillaban. Lentamente, el piso se clavó en nuestros ojos. Y el dato fulminante. Cuatro años podían tirarse a la mi¡$rda, solo por este “güey”. O todas esas que… ¿güeyas? Tenía razón. Él podía ser sinodal de algunas de nosotras y de ellas. O sea que ¿podía no terminar la carrera? Era la primera vez que me lo decían en modo directo, pero recordé a mi compañera, ya se lo habían dicho varias veces. Ahora, una vez más. Pero a mí ¡era la primera vez¡. Yo siempre callé. Escuchaba a mis compañeras, sí, bastante, por supuesto que las entendía, a veces comentaba pero prefería callarme, Mi madre siempre dice «es mejor no tener problemas». Por eso callé, por eso me callo y, por eso, solo recuerdo.

Uno creería que estas historias son del siglo pasado. No, de más antes, antepasado. Pero no, aquí las vivimos todos los días, todos los semestres y todos estos años, por lo menos en lo que estoy.

Y sí, tiene razón. Me puede reprobar en el examen recepcional.


* Lázaro Uc Mas es miembro del Movimiento Democrático de Trabajadores de la Educación de Guanajuato.

Foto de portada (ilustrativa): Richard Jaimes (@richardconr) / Unsplash.

 




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1 Comentario

el 15/08/2025

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