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No, no fue tu culpa

Diálogo País / Top News / 30/11/2017

SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Jueves 30 de noviembre de 2017

 

“La verdad se difunde a paso de tortuga, el rumor se esparce con la velocidad de una liebre.”

Anónimo

 

Jessica tenía 16 años, era una chica como todas a esa edad: amaba la vida, buscaba encontrar su mejor versión de sí misma, cantaba, gritaba, reía. Era el sabor de su casa. Siempre hacía bromas muy pesadas, era la chispa, y si algo no le gustaba lo decía.

Jessica nació el 17 de octubre de 2001, hija menor de una pareja que inició muy joven una familia propia. El pasado 9 de noviembre de 2017, después de leer una serie de notas periodísticas que conmocionaron a todo aquel que las leía (Jessica Serrano, adolescente de 16 años calcinada por sus plagiarios en el Edomex), me estremeció imaginar cada línea ahí expuesta. Nuevamente vislumbré el dolor y la sorpresa de sus padres, de su familia, sus amigos. Me cuestione una vez más: ¿qué habrían sentido al leer esa información?

Su familia accedió a hablar conmigo para aclarar mucho de lo que se dijo en los medios de comunicación. Cuando llegué con los familiares de Jess (Bombón, como le decían cariñosamente), lo único que vi frente a mí fue a una familia tratando de acallar las voces que hablaron de ajustes de cuentas, de que fue una venganza, etcétera.

Así iniciaron su relato: el domingo 5 de noviembre de 2017 en Tlalnepantla, muy entrada la noche, Jessica desapareció. La joven solía ser muy bromista con su familia, de suerte que en el primer momento no se preocuparon, pensaron que tal vez estaba escondida en el closet, como hacía algunas veces, o con alguna de sus amigas. El lunes 6 de noviembre la familia empezó a preocuparse más. Jess era bromista, pero de eso a que no llegará era muy diferente. A las diez de la mañana se comunicaron, vía llamada de video, unos “supuestos” secuestradores. Exigieron a la familia tres millones de pesos, advirtiéndoles que tenían hasta las 16:00 horas para reunirlos y que sólo entonces verían sana a Jessica. “¿De dónde íbamos a sacar eso?”, me hace saber su familia, “sólo un millonario lo tendría, nosotros no”. Las horas de angustia iniciaron para esta familia. El rostro molesto, tal vez de resignación, de Jessica -por el fuerte carácter que la caracterizaba-, fue lo último que vieron a las ocho de la noche que se volvieron a comunicar con la familia. La policía obviamente ya estaba enterada. ¿Qué hicieron? Nada, sólo ser testigos junto a la familia de los hechos.

Llegó el martes, luego el miércoles, pero no volvió a haber contacto con la familia. Las autoridades no daban con la chica que, además de cantar, grafiteaba, usaba la patineta, vivía plena, porque lo tenía todo para hacerlo, el carácter y la juventud.

La mayoría de las notas informativas estaban confusas y las autoridades no tenían el más mínimo interés de hacerle saber a la prensa si el cuerpo encontrado en Tecamac, Estado de México, el jueves 9 de noviembre, calcinado completamente, era el de Jessica. Se habló sobre videos donde estaba siendo quemada y que su familia fue testigo de ello, información que generó mucho dolor a quienes la aman.

La familia entera, segura, desgarrada, me hizo saber en entrevista el pasado 15 de noviembre de 2017 que Jessica no fue calcinada, intentaron hacerlo pero afortunadamente no lo lograron. Fue encontrada en San Salvador Atenco, el 7 de noviembre, e identificada por su familia por sus señas particulares hasta que les notificaron el 9 de noviembre.

Hasta el momento las autoridades mexiquenses no han hecho nada por dar con el paradero de sus feminicidas. La familia de Jessica no ha querido hablar con otros medios por temor y porque la petición que hacen es que se dé seguimiento para que el caso se resuelva. Tienen miedo de que alguien más de su familia sea lastimado.

Pero el fin de comunicarse con Frida Guerrera fue que todos aquellos que justificaron el feminicidio de Jessica tengan claro que ella no buscó ser asesinada, como ninguna otra mujer en este país. Hace unos días, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez dijo que las mujeres “se enganchan con cualquiera que sale bien vestido” y que “por eso las matan”. Ante lo dicho, se entiende porqué la mayoría de la sociedad mexicana piensa eso. No, no nos asesinan por imprudentes, ni porque lo buscamos. Nos asesinan porque en este país se puede. A diario son asesinadas aproximadamente siete mujeres en el país en medio de la impunidad; arrojadas a la calle por sus hijos, parejas, amigos, desconocidos. Y la única justificación que encontramos es que seguro «eran putas» o «buscaron su feminicidio por andar de cuscas». No y no, Jessica era una joven mujer que un ser o varios sin entrañas, sin madre, decidieron asesinar. Y como todas, merece justicia.

 


* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

¿Quieres contar una historia de feminicidio, desaparición o intento de feminicidio? Búscame, ayúdame a visualizarlas.

@FridaGuerrera

[email protected]

Fotos: Familia de Jessica.






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