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Cordialidad y soberanía

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SOMOSMASS99

Rigoberto Beltrán Vargas*

Viernes 17 de julio de 2020

 

En un marco conformado por circunstancias difíciles tanto en el mundo como en la región de América del Norte, en un ambiente de cordialidad se desarrolló el primer encuentro entre los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump, el cual se realizó en Washington el miércoles 8 pasado.

Esta visita generó diversas reacciones, tanto aprobatorias como reprobatorias, de un lado y del otro. La ideología del estado vecino, como súper potencia que es y además se considera modelo para el mundo, implica necesariamente presionar a los demás países a seguir por el mismo camino pero con el gran agravante de incorporarlos al servicio de sus grandes corporativos, para los cuales el territorio del planeta, que no les alcanza, es su mercado legítimo e irrenunciable, fuente de materias primas y de mano de obra regida por sus reglas. Además consideran tener el derecho de defender por cualquier medio sus intereses en cualquier parte del mundo y ahora hasta con expresiones provocadoras.

Esta mentalidad imperialista hace complicada la relación con nuestro país; por otro lado, el vecino es el principal socio comercial y la amenaza mayor de la seguridad nacional; el mejor mercado para las exportaciones y el principal origen de armas ilegales; el más importante proveedor de tecnología y el mayor saqueador de recursos naturales; donde viven una quinta parte de la población legalmente mexicana -connacionales e hijos de connacionales- y el refugio de los más grandes corruptos de la historia actual.

Esta realidad nos da la posibilidad de imaginar esta visita como un juego donde la pelota va y viene. El acto de soberanía nacional comienza con un acto de voluntad y de confianza en el país y su marco legal por el combate a la corrupción, por respetar los derechos humanos, por analizar concienzudamente, cuidadosamente y científicamente las diferencias y los posibles puntos de coincidencia del gobierno vecino, sea cual sea su signo partidista.

Por esta actitud estaba descartada la vía del pleito para resolver las diferencias. Ni someterse, ni pelear sino colaborar y respetar. Así ambos gobernantes se comprometieron a lograr un futuro próspero para ambos países.

Los dos gobernantes en breves discursos alabaron su cooperación, su respeto mutuo y enfatizaron el nuevo tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) como fundamento para generar empleo y prosperidad.

El nuevo marco regional permite que la inversión fluya a nuestro país en un sentido positivo para la necesaria y urgente recuperación económica y el desarrollo; los capitales que lleguen tendrán que hacerlo en una dinámica de salvaguarda de la soberanía del país. Es también de esperarse que los inversionistas mexicanos se sumen en un sentido social e incluyente.

Este clima de respeto y cordialidad que se manifestó en este encuentro con el tiempo puede disminuir o aumentar. Habrá que guardar de parte del gobierno mexicano un sano equilibrio entre la cordialidad y la soberanía.


* Presbítero Rigoberto Beltrán Vargas, coordinador del Observatorio Acambarense por los Derechos Humanos Raúl Vera López.

Foto de portada: Twitter






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