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El imperio en su decadencia-XIII. Corsarios modernos

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SOMOSMASS99

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 17 de julio de 2020

 

Como modernos corsarios Estados Unidos y sus aliados imperialistas se han otorgado a sí mismos la patente para intervenir en cualquier parte del mundo e invadir y despojar a quienes no se sometan a sus designios.

Ahora, se arrogan el derecho a decidir si quienes gobiernan un país pertenecen al bando de los «buenos» o los «malos», calificar elecciones, otorgar reconocimiento a oscuros y espurios personajes que se autodesignan presidentes y, lo que es más, secuestrar bienes y fondos de otras naciones y entregarlos a grupos «opositores» a gobiernos que intentan defender la soberanía de sus países.

Además, en su intento por doblegar a gobiernos y países insumisos utilizan todo tipo de presiones y agresiones: imponen inhumanos bloqueos económicos, comerciales y financieros; realizan atentados terroristas y asesinatos selectivos; utilizan sus arsenales químicos y biológicos; crean conflictos internos e internacionales para desestabilizar y debilitar a quienes desean subyugar; organizan golpes de estado; elaboran leyes con aplicación extraterritorial; manipulan organismos internacionales, los desconocen y violan el derecho internacional.

Cuando les urge el despojo o el botín es extremadamente valioso, roban descaradamente o invaden, ya sea directamente o mediante mercenarios.

Utilizan la mentira como arma y se valen de los grandes medios de (des) información para crear en la opinión pública internacional, sujeta a su dominio ideológico, una imagen distorsionada de la realidad de sus víctimas y presentar su agresión como un acto humanitario.

Estos modernos corsarios imperiales representan lo peor del sistema que pretenden imponer: el egoísmo, el individualismo, la codicia, la prepotencia, el supremacismo; además, son el ejemplo extremo de lo que es el capitalismo en su versión neoliberal: la acumulación por despojo.

La imposición de su visión del mundo y la realidad, su ideología, a la mayor cantidad posible de seres humanos es la principal vía para mantener y reproducir su dominio y les ahorra dificultades en el logro de sus objetivos. De ese modo, cuando los subyugados intentan sacudirse el dominio, en algunas ocasiones sus acciones las emprenden con la visión de quienes los dominan, en esa situación el resultado es previsible, Y en el mejor de los casos, las cosas seguirán igual.

Destruyen todo lo que se les opone, incluso símbolos y bienes culturales que en alguna medida representen obstáculos a su dominio, con la finalidad de imponer su «cultura» y sus «valores». Por alguna razón, el país emblemático del capitalismo, Estados Unidos, de sus 244 años como nación independiente, ha estado en guerra durante 223.

Ante la incapacidad histórica del capitalismo para resolver los graves problemas que el mismo sistema genera, y cuando los mecanismos ideológicos carecen de una explicación más o menos creíble a la crítica situación que padecen los pueblos, recurre a la fuerza, la violencia y la represión como medios para mantener un estado de cosas favorable a los dueños del capital.

En Nuestra América, dos claros ejemplos del comportamiento agresivo de estos corsarios imperiales son Cuba y Venezuela.

La primera, ha padecido el acoso imperial desde el 1 de enero de 1959, día en que triunfó la Revolución, hasta nuestros días. La patria de Martí acumula más de 62 años de agresiones de todo tipo que le han causado innumerables e incontables pérdidas y padecimientos al pueblo cubano, incluso una invasión mercenaria que duró 66 horas. Han resistido y vencido al más grande imperio que haya conocido la humanidad y al más prolongado bloqueo a que ha sido sometida nación alguna, porque la Revolución recuperó Cuba para los cubanos, enseñó al pueblo a ver el mundo y la realidad desde una perspectiva propia, propició la más amplia unidad y, lo más importante, recuperó la dignidad de los cubanos, que ha sido su mayor fortaleza frente al imperio.

Venezuela, tras el ascenso de Hugo Chávez a la presidencia cambió su nombre por el de República Bolivariana de Venezuela, fue, antes de Chávez, un país con enormes riquezas naturales, la mayoría en posesión de monopolios y grandes capitalistas locales y extranjeros. Como el programa de Chávez y del Movimiento V República, organización que apoyó su candidatura, contemplaban cambios estructurales que afectarían a los monopolios, desde su triunfo electoral (6 de diciembre de 1998) y su ascenso a la presidencia (2 de febrero de 1999) hasta su fallecimiento (5 de marzo de 2013) y, posteriormente su sucesor, Nicolás Maduro, el país ha sido objeto del acoso imperial, con objeto de recuperar las posesiones del capital.

Todo ese despliegue de fuerza y prepotencia que ejerce el imperialismo contra los pueblos insumisos es una muestra más de su incapacidad, su inviabilidad histórica y su declive como sistema económico, político y social; lo que obliga a los pueblos a encontrar alternativas que les permitan construir un mundo mejor.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Henryk Niestrój / Pixabay 






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