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Nunca tuve que irme del barrio

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SOMOSMASS99

Víctor Corona*

 

Mi papá se súper sacó de onda cuando le dije que quería estudiar literatura.

Nunca supo que me decidí por literatura porque en realidad yo quería estudiar teatro, en la UNAM.

Pero me decían que era físicamente poco agraciado.

Encorvado.

Sin demasiado talento para esto del teatro.

Sin shiste.

 

Podrías ser dramaturgo, me decían mis compas, entre risas.

Y yo pensaba que quizá tendrían razón.

Alguien fue entonces que me dijo, podrías estudiar literatura. Te gusta mucho leer.

Tenía 18 y algo tenía que elegir.

Yo quería ser actor, o escritor de teatro, pero no me animé.

Tenía mucho miedo de decirle a mi jefe que quería estudiar literatura.

Siempre dudó de mis preferencias sexuales.

Me gustaban las plantas.

La danza.

La poesía.

No tenía morrita.

No me gustaba el box.

Me decía a veces, “no serás puto”.

Tenía mucho miedo.

Además en el barrio. Eso de la literatura como que no es para nosotros.

Me decía el Skini, ya que acabaste la prepa y vas a la uni, no seas mamón, estudia algo que sirva pinshi egoísta.

Pero la neta yo en ese entonces ni pensaba en eso de trabajar.

Me ilusionaba tanto, tantísimo aprender.

El Rafa me llevó a Tijuana en el pick up amarillo a ver la facultad de humanidades y se me hizo todo súper shilo.

 

Le dije a mi papá que quería estudiar literatura y se me quedó viendo sin poder ocultar un sentimiento de asco. Quizá era hartazgo o decepción.

Me dijo para qué Victor, para qué, estudia una cosa que sirva.

Luego agachó la cabeza y me dijo que no lo podía pagar.

Yo le dije que era gratis, casi, es decir, la universidad pública.

Él me dijo solo te puedo pagar una carrera que esté en Ensenada.

Qué pendejo estaba yo, tuve que haberlo oído y estudiar Ciencias Marinas.

 

Nunca tuve que dejar el barrio.

Me acuerdo que no teníamos dinero para mi inscripción y que mi abuela no le quiso prestar a mi mamá.

Me acuerdo de mi mamá llorando por eso y ver a mi papá frustrado.

La mamá del Berni me prestó eso y más. Me dijo no hace falta que lo devuelvas.

La mamá del Berni es barrio.

Me inscribí a la carrera lleno de ilusión. Devoraba libros. Escribía y escribía sin ninguna pretensión.

Mi papá hizo un último esfuerzo y me presentó un compa suyo buzo en astilleros. Me dijo que se ganaba muy bien reparando barcos bajo el mar.

Recuerdo que el vato olía a sal. Que su piel parecía como una llanta usada de tractor.

Me veía de reojo y repetía como letanía, se gana muy bien morro, se gana muy bien.

Pasamos por el CECATI y me insistió mi jefe, así no tendrías que irte de casa.

 

Nunca tuve que irme del barrio.

Los problemas ni los veía. Es más, los problemas me divertían.

Nadie dijo que sería fácil.

Víctor Hugo, leí una vez, casi gasta sus corneas por leer en la oscuridad.

Su familia le prohibía leer.

El vato zarra se compara con Víctor Hugo, no seas mamón.

Las cosas no han sido fáciles, ni a veces. Pero como diría el Randy, hay historias mucho peores que la mía. Que las nuestras. Y eso ayuda como a tener cierta perspectiva.

Yo como que hasta me sentía privilegiado.

Mientras a muchos compas de la prepa que estudiaban en TJ sus padres les rentaban departamentos en Playas de Tijuana o en Otay a mí mi jefa me daba exactamente 20 pesos para ir y volver a Tijuana. Y unos burritos bien bueneros con tortillas de harina heshas a mano. No por ser hipster sino porque era más barato.

Me levantaba a las 4 para salir del colonion a la caseta de San Mike. Procuraba estar allí a las 5 para pedir raite hasta TJ o Rosario. A veces llegaba a la facultad a las 7. La raza empezaba a llegar a las 9 y me preguntaban si vivía allí.

A veces tenía hambre.

A veces tenía sueño pero no me agüitaba.

Pensaba que todo eso era por algo.

Aprovechaba cada instante.

Empecé a tener compas. Cristopher me cambiaba los burritos de mi jefa por comida de la cafetería y por café. Cristopher era de Los Ángeles  y nos hicimos puticompas. El era súper guapo y misterioso. Era tan guapo y misterioso que, como él mismo decía, no podría vivir mucho tiempo así. Y así fue, lo mataron poco tiempo después.

 

Nunca tuve que irme del barrio.

Las cosas en TJ se revolvieron.

Ahora hasta me da cierta vergüenza pero no conforme con las broncas económicas me eché otras encima.

Me corté el pelo, ese que seguían los pelícanos cuando viajaba de perrazo en un pick up por la escénica.

Me puse a trabajar en un COTSCO y viví unas semanas en la oficina del papá de una amiga que era abogado. Me decía, no seas pendejo morro, no dejes los estudios.

Me sentía de la verga.

Una doña riquilla me verbeaba que me había conseguido una beca en el tec de Monterrey. El Berni me decía que era todo mentira, que seguro quería que la padroteara.

Me fui de Tijuana esperando que la raza me dijera no mames vato, no te vayas.

Pero eso no ocurrió.  No sé si eso a veces ocurre.

El Oti nos convenció con irnos a Guadalajara. Ah, no, a Guadalajara no, a Guanajuato.

¿Qué no todos esos pueblos zarras son lo mismo?

No mames, en esos tiempos que hablo Acámbaro y Salvatierra eran pueblos tranquilos como de pintura zarra de curios de la primera, no los pinshis valles de muerte que son ahora.

Si te digo, hay historias peores que las mías.

Así avancé.

Arrancando.

Arrebatando.

De panzazo.

Contento.

Sabiendo que todo es un regalo.

Todo para mí, vato zarra, ha sido un regalo.

Los viajes

Los canapés

Las copas de vino

Los amores

Los bosques

Los campos de lavanda

El francés

El inglés

El catalán

Mis morritos

no mames

mis morritos

 

No lo he vivido con pesar

aunque ahora lo parezca

aunque ahora sea el vato ese del fondo del pasillo

enojado

resentido

como si alguien le debiera algo

como si mereciera algo

y es que de pronto es como se las manos se hubieran abierto

y solo la arena se escurriera por entre medio de los dedos

quizá sean los años

quizá sea la muerte que ya se acumula

quizá sea el amor

que ya queda escaso

ahora me veo lejos

muy lejos del barrio

en el lugar quizá más antagónico de las lomitas

y digo

las cosas siguen siendo difíciles

las cosas siguen siendo perras

pero ya no sonrío

ya no me alcanza para sonreír

veo de reojo hacia la esquina y me veo en el reflejo

veo a mi padre que me dice

desde lejos

para qué te vas del barrio

por qué literatura

no quieres mejor ser algo que sirva

no quieres ser soldador de barcos

así se gana muy bien uno la vida.


* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente se dedica a la investigación.

Foto de interiores: Allec Gomes (@allecgomes) / Unsplash.

Foto de portada: StockSnap / Pixabay 






Luis López




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