Facturado
Agustín Galo Samario
¿Qué tanta importancia tiene el PRD en Guanajuato? Alguna ha de tener, pero no mucha. El domingo llevó a cabo elecciones en todo el país para designar consejeros estatales, nacionales, municipales y delegados a su asamblea nacional. En nuestra entidad casi ningún medio dio cuenta de ello, aunque igual que en el resto de la República los comicios se realizaron sin incidentes mayores. Es decir, no hubo heridos ni muertos. Todo se limitó a la compra de votos, acarreo de militantes, retraso de instalación de casillas y fallas en su padrón, además de algunos detenidos. Cosa normal en el perredismo.
Lo importante para los perredistas fue que, otra vez, se impuso la corriente Nueva Izquierda. Como sea, pero triunfó. Incluso en Puebla se acusó al gobernador Rafael Moreno Valle de inflar el padrón y en Quintana Roo se señaló al gobierno de Roberto Borge Angulo por intentar intervenir en el proceso interno.
Y si para el Instituto Nacional Electoral, a cuyo cargo estuvo la organización, se trató de un proceso “altamente positivo”, más lo fue para Los Chuchos. Ya lo adelantaba desde hace días Jesús Ortega en los medios nacionales: “Tendremos mayoría para elegir a Carlos Navarrete como Presidente nacional del partido”. Facturado el partido a su nombre, seguramente así será.
Faltará ver qué dicen los inconformes, incluso aquellos militantes que tuvieron dificultades para alcanzar la despensa prometida. Porque de hecho hay quienes adelantan una nueva desbandada, aunque eso les tenga a Los Chuchos sin mucho cuidado. Porque dueños del PRD, sólo les queda esperar la instalación del Consejo Nacional el 5 de octubre, el Consejo Estatal el 15 del mismo mes y diez días después los consejos municipales. Así que el partido del sol azteca, como se ha visto en los últimos dos años, da pasos agigantados para acabar con cualquier esperanza de que un día recobrará su condición de opositor y de izquierda. Como en Guanajuato, que ya ni cuenta y se ha convertido en una franquicia, tasada en algunos millones de recursos públicos, que se pelean sus más encumbrados militantes.
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