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José Manuel Ortiz Soto
José Manuel Ortiz Soto (Jerécuaro, Guanajuato, 1965). Es médico especialista en Pediatría y Cirugía Pediátrica; ha sido guionista de cómics, autor de canciones, poesía y narrativa. Libros publicados: poesía, Réplica de viaje, poemario y Ángeles de barro; minificción, en formato digital Doble cámara falsa de Gesell, La moraleja del cuento, Las cincuenta cabezas de la hidra, Las historias de cada quien; y en formato tradicional, Cuatro caminos y Las metamorfosis de Diana/Fábulas para leer en el naufragio; también ha antologado El libro de los seres no imaginarios. Minibichario y junto con Fernando Sánchez Clelo, Alebrije de palabras: Escritores mexicanos en breve; participa en las antologías Cien fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia, I Antología Triple C Microrrelatos reunidos, De antología, la logia del microrrelato, Texturas linguales I. Antología de minificciones, La música de las sirenas, Futbol en breve, microrrelatos de jogo bonito y Cuentos pequeños. Grandes lectores, ¡Nocauts! relatos breves alrededor del box, 66 y Ráfagas de punk. Ha sido jurado del Premio Nacional de Cuento Corto Agustín Monsreal 2015. Ex-tallerista en la Marina de Ficticia; ex miembro del comité editorial de la revista especializada en microrrelato Internacional Microcuentista. Administra los blogs Ángeles de barro, Cuervos para tus ojos, Un pingüino rojo y coordina la Antología Virtual de Minificción Mexicana y Médicos Mexicanos por la Cultura y el Arte. Contacto: [email protected] y @jmanolortizs.
Los nombres que dejó el olvido
[Guanajuato]
Desprotegidos
[Abasolo]

En cuanto el sol se pone detrás de la loma, los habitantes de Abasolo se encierran en sus casas. El miedo que transpira el ambiente sofoca. Después de merendar, los niños corren a sus camas; y agazapados bajo las cobijas, se estremecen al ritmo de sus pequeños corazones hasta que el sueño consigue apaciguarlos. Las mujeres van de arriba abajo recogiendo en silencio los últimos rescoldos del día. Los hombres charlan en voz baja: temen que sus palabras atraviesen las paredes y, arrastradas por la brisa espesa de la noche, lleguen a ese sitio donde nacen las sombras. Pero no falta alguno que, avergonzado de su cobardía, empuñe la escopeta y amague con salir en busca de la bestia. Recuerda que hace apenas unos días, el sacerdote dijo en su sermón que el miedo es el peor de los enemigos, y deben confrontarlo. Sin embargo, a nadie pasó desapercibido el tono frágil de su voz y que, mientras sermoneaba a los fieles, miraba con insistencia el nicho del santo patrono y guardián del lugar, vacío desde hacía unos meses.
A quién le dan pan que llore
[Acámbaro]

La niña entra en el local y acepta la pieza de pan que le ofrecen; la guarda en una bolsa de plástico.
—¿Por qué no lo comes? —la cuestiona el panadero.
La chiquilla se encoje de hombros, y apenas responde con su vocecita frágil:
—Porque siempre hay alguien que tiene más hambre que yo.
Conmovido por las palabras de la mendiga, el viejo panadero ordena a uno de sus ayudantes que triplique la caridad. Y agrega:
—¡He aquí un ejemplo que todos deberíamos de seguir, de vez en cuando!
Mientras tanto, a la vuelta de la “Panadería Acámbaro” media docena de perros callejeros gruñen, impacientes por la tardanza de la niña.
Origen
[Apaseo el Alto]

Ustedes, los habitantes de Allá Abajo, presumen de tener entre sus personajes ilustres a un poeta y a un dramaturgo. Está bien, sería de tontos negar la importancia del arte en la vida de todos los pueblos. Pero aquí, en Apaseo el Alto, también tenemos lo nuestro. Y si no me cree, nomás juzgue. Por un lado, somos herederos del más grande trabajador del barro del que se tenga razón; y por el otro, descendemos de dos ilustres trabajadores de la madera… ¿Qué quiénes son ellos? ¡Ave María Purísima, compadre! ¿De qué le sirve tanta poesía y dramaturgia si desconoce lo esencial? Si no pronunciamos nunca sus nombres en voz alta, es por recato. Pero ya con eso puede sacar sus conclusiones, ¿no cree?
El poeta, el desahucio y el vandalismo
[Apaseo el Grade]

“Un poeta es un ser desahuciado. El amor, los hijos, la vida en general son entidades etéreas que el bardo no puede ver con la misma objetividad con que lo haría el resto de los mortales. El único momento en que el poeta consigue materializar el mundo que lo rodea, es cuando lo convierte en palabra escrita, y después en libro, aunque nadie se tome la molestia de leerlo”.
Inscripción conmemorativa en una placa de bronce que está en la casa donde nació el poeta Antonio Plaza, en la ciudad de Apaseo el Grande, Guanajuato, debajo de la cual alguien grafiteó con letras en color roja:
(“A mí me vale madre lo que digan los güeyes de Allá Arriba”)
Donde van a beber agua
[Atarjea]

Por Atarjea nunca ha pasado nadie gritando: ¡Viva la Independencia! ¡Viva la Reforma! ¡Viva la Revolución! Por eso le pregunto: ¿qué es eso?, ¿con qué se come?, ¿en qué nos beneficia a nosotros? Si acaso, ahí de vez en cuando se aparece por aquí algún extraño que perdió el rumbo. ¡O vaya usted a saber qué pasos lo trajeron pa’ca pal’ monte! En fin, amigo, en esta tierra dejada de la mano de Dios y del Diablo, todos somos gente de bien. ¿A nosotros qué nos importa quién sea usted, qué fue lo que hizo, de quién anda huyendo? ¡Ah qué mi amigo! Ande, mejor bébase este jarro de agua fresca, se le nota que viene muerto de sed.
Fotos de interiores:
(1) Everson de Souza (@everson33rj) / Unsplash.
(2) Evgeni Tcherkasski (@evgenit) / Unsplash.
(3) Anne Nygård (@polarmermaid) / Unsplash.
(4) Marcos Paulo Prado (@tiomp) / Unsplash.
(5) Jana Sabeth (@janasabeth) / Unsplash.
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