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De ensordecimiento colectivo

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 23 de noviembre de 2020

 

¿Ya te diste cuenta?

El ruido del periférico invade la casa, ruedas, humos, caras tensas, claxonazos. Y sigue sigue sigue noche y día el peri se ha vuelto sordo, daltónico, ignora advertencias, sólo carga y seguirá cargando llantas pesadas  prisas vidas esclavizadas.

Pasan las patrullas por la calle, unas  vertiendo en mis oídos vanos mensajes gubernamentales, incitándonos  a no salir, a no sufrir, a no pensar, otras accionando su sirena, todas en horario fijo, los maleantes malandrines asesinos secuestradores se organizan. Los cristalazos se oyen hasta dentro de mi sala, los gritos del último asalto a mano armada siguen sonando en la cocina, la autoridad ignora avisos, sólo provee patrullas sordas enajenadas presas de su rutina. Sólo pasan pasan pasan.

Los antros se llenan, la gente baila baila baila, planeando la noche de sexo con unos  con otros. Las posibles balaceras, los contagios absurdos,  no importan, baile sudor alcohol drogas matan al peligro, bailan bailan bailan con la vida  con la muerte, sólo bailan, ríen, ignorando a propósito,- y parece no costarles esfuerzo alguno-, al peligro eminente. A diez calles, en el antro del otro día, hubo muertos, no importa no importa no importa.

En las avenidas el gentío ríe, atraviesa cuando quiere, comiendo esquites  paletas de limón, sudando aunque el cielo esté gris y las nubes bajas, corren corren corren que la chamba llama, las tiendas llaman, gastar dinero que no se tiene es una obligación, la economía debe retomar su curso, es una obligación moral contribuir para poder seguir corriendo, seguir estacionados en el peri, seguir saliendo a bailar aunque duelan los pies y seguir llamando a las patrullas que llegan tarde.

En mi cocina se entremezclan chirridos de frenos, sirenas inútiles y sonido de música extraña volviéndome, por favor por favor por favor, sorda y daltónica.

 

Frente al mar en los hoteles, la tele prendida aleja a los niños de la ventana, la radio chirriando aleja a las mujeres de la playa y los teléfonos sonando alejan a todos de sí mismos. El silencio interno se sofoca se sofoca se sofoca antes de sofocar a todos, convencidos de que el barullo que invadió su mente es conversación interior. El mar se retira buscando lunas ausentes.

El silencio de los velorios casi inexistentes desborda, en las morgues ya no se ríe nadie, tensos los forenses, más tiesos que los muertos, los baleados, los infectados, temen temen temen, la realidad los alcanza a todos. Lo que se entrega a los dolientes son cenizas nada más, no hay última mirada al cuerpo del tío, de la abuela, de los hijos. La gente llora llora llora.

 

¿Entonces? ¿Sí oyes al silencio por encima del ruido?


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Fotos de portada: Pixabay.






Luis López




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2 Comentarios

el 23/11/2020

Cada columna es tan cierta y cruda, vivimos en un mundo tan propio ajeno a todos, sordo, ciego y mundo ante los demás. Leer a Gwenn-Aélle Folange siempre me invita a reflexionar.

el 23/11/2020

El silencio de adentro calla al ruido de afuera y nos volteamos sordos hacia no sé dónde. Porque a veces nos perdemos.
De acuerdo contigo Leticia.



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