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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 18 de enero de 2021
Si tus fotografías no son lo suficientemente buenas,
es que no estás suficientemente cerca.
– Robert Capa
Me he estado escondiendo. De lo que pasa afuera. Concentrada en mi mundo, no en el mundo.
Y la semana pasada me vi forzada a asomar la cabeza. Forzada por la curiosidad, tampoco fue imperativo el asunto.
Prendí la televisión, noticias, y me asombré, la película de zombis en la que llevamos un año viviendo había sido reemplazada por una de terrorismo, un hombre-bisonte gritaba y la bandera confederada era paseada por el Capitolio de los USA.
No es noticia el racismo de nuestros vecinos. La noticia era que fuera tan abierto el asunto, que estuvieran dentro del Capitolio y que fueran… tantos.
Y no, no digo que sean los únicos en el mundo, vamos, si los seres humanos son racistas por definición, igual que los animales, cada quien anda con su manada y los demás no sirven más que para ser domesticados o devorados.
Tampoco digo que no supiéramos.
Es más, mejor no digo, porque analista no soy: ni política, ni financiera, ni nada.
Pero, malamente, me enganché con el asunto y busqué noticieros, más. Cosa que he evitado estos últimos meses.
Y ahí el golpe fue más rudo: sigue la violencia. Siguen las balaceras, los feminicidios, las elecciones trucadas o llevadas a cabo entre miedo y amenazas, el calentamiento global, los discursos de unos y de otros y la pandemia.
No es noticia nueva nada de todo eso, sólo van cambiando el número de muertos, su color, su aroma… La sangre y el miedo hieden a veces.
Y no, no digo que sea lo único que pasa en el mundo, vamos, si hay cosas lindas también, como los animales, los amaneceres y las flores del campo.
Tampoco digo que no supiera. Una cosa es vivir en la nada y otra olvidar al mundo.
Pero esta vez sí opino.
Porque las imágenes me descompusieron todita. Y caí en esa cuenta en la que ya he caído pero que he querido ignorar de que las imágenes que escogemos ver son lindas, y de que las que nos imponen la vida, el mundo y las noticias son bien pero bien feas.
Y cavilé. Total la tele ya estaba apagada, los balazos sonaban en otras calles y el hombre-bisonte, por más estética que fuera una foto de él abriendo la boca y enseñando los dientes, no me interesaba tanto ya.
Sacamos fotos todo el tiempo. Más que hace unos años, mucho mucho más que hace décadas. Y escogemos, a nivel personal, no profesional, retratar lo estético, lo alegre, lo socialmente aceptado.
Inclusive en los tiempos en que no existían las fotos, la tendencia era pintar momentos hermosos, retratos de señoritas embellecidas, momentos gloriosos de batallas, cielos dorados y niños-dios con aureolas.
¿Por qué? ¿Por qué sacar de nuestros recuerdos de lienzo, papel fotográfico o álbumes virtuales al bombazo, a la comida quemada, al bebé muerto, al animal degollado? ¿Por qué no sacar fotos de la pelea entre tú y yo – espera, no me pegues todavía, voy por la cámara- de la mirada de la suegra o de los pellizcos de las hermanas mayores?
¿Tanto miedo tenemos de no recordar los momentos felices? ¿Tanto espacio tienen ya en nuestra mente las tragedias, los gritos, el miedo?
No he visto fotógrafos familiares en los velorios, nada más los de las noticias si el muerto es, era, importante para la gente que no fuera su familia.
No he visto a los padres de Siria sacar fotos de sus hijos llorando por el último bombazo.
Tampoco a la mamá de un niña violada inmortalizar sus lágrimas…
Si me meto a mi mente, veo que tengo tendencia a recordar más lo duro que lo agradable. ¿Eres tú cómo yo? ¿Recuerdas más la bofetada que te dio tu papá que su mirada cuando haces algo “bien”? ¿Recuerdas más el cero en química que el día en el que súbitamente entendiste el rollo del telégrafo?
¿Recuerdas más a las parejas que te lastimaron que a tu pareja del alma, a la amiga que siempre no era tu amiga que a los amigos que te escoltan en cada menester? ¿A la mascota que murió atropellada que a la que perdió todo su pelaje de tan viejita que vivió?
Caray.
En Valenciennes, norte de Francia, una doctora ha estado sacando fotos de los muertos en su hospital. Muertos por Covid. Para la familia.
Porque, aunque sea un momento del que no guardamos imágenes en general, le parece que le son necesarias a la familia que queda desmembrada.
¿Cómo aceptar la muerte de un ser querido –u odiado- si no lo ves en su forma cadavérica?
En tiempos de guerra es algo común y aun así, las familias buscan por años algún indicio, un recuerdo ajeno, una montaña, un árbol bajo los cuáles tal vez, hayan caído el soldado, la mujer, el niño.
Después de algún naufragio o catástrofe aérea, van a menudo a dejarse flores, fotos- claro- peluches y recuerdos aunque sea al mar, aunque se hundan los objetos.
Y hoy, como ayer, no se nos permite besar a nuestros muertos, hacerles su velorio, entrar con ellos al cementerio y llorarles con fondo musical y aliento alcohólico. No nos se permite re-conocer su cuerpo. Se nos entregan cenizas y debemos, es obligatorio, creer en la palabra de quienes afirman que un pedazo de nosotros no regresará a casa jamás.
Ya de por sí, y me perdonarás lo coloquial de la expresión, ya de por sí entender y aceptar la muerte es un trabajo de proporciones titánicas.
Ya de por sí algunas personas necesitan años para que el maldito veinte les caiga. Cada quien camina a su paso el amargo sendero, cada quien a su tiempo, a su manera.
Ahora. Ahora imagina sin haberse podido despedir, sin tener la certeza física de que la muerte física sí ocurrió…
Entonces esta doctora, eludiendo el escollo, afrontando un tabú colosal, saca fotos de muertos que no son suyos y la trasmite, las pasa, las entrega a la familia.
No creo que me ponga a sacar fotos de momentos duros. Mi memoria selectiva parece funcionar bien con los eventos trágicos. No necesito que nadie me recuerde mis fantasmas personales.
Seguiré sin ver noticias a menos que algún hombre-bestia vuelva a cometer de las suyas, como en Uganda, por ejemplo, o como en Guanajuato, por elegir sólo dos lugares del mundo que no es el mío cuando cierro los ojos.
Deseando, orando, porque nadie saque foto de un cadáver para dármela a mí.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Fotos de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.
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