“Todo por ver a un simio”
Raúl Muñiz Torres
Mientras más se empeñan los políticos en ensuciar su actividad, más me gusta el fútbol. Incapaces de generar esperanza, la clase política se empeña en ser repudiada, defenestrada. Incapaces de inyectar alegría, se empeñan en insultar a quien sí es capaz de darla a raudales.
Carlos Manuel Treviño, el político que se enfadó con el futbolista brasileño, Ronaldinho, y a quien llamó “simio” porque su presencia en la capital queretana le impedía llegar a su casa, es una muestra palpable de cómo en este país, alguien puede hacer y deshacer y los susodichos siguen escalando posiciones.
Acostumbrado a discriminar, Treviño ya tiene antecedentes de sus malas costumbres en las redes sociales como aquella vez que escribió que los “aficionados el soccer, ni con la amenaza de cárcel que aprobaron los diputados… son como animalitos”.
O la otra “joya” en su enferma obsesión por mostrar su odio al fútbol: “el mundo sería mejor sin fútbol soccer, comentaristas deportivos de televisa y argentinos… Y argentinos” y aquel comentario en que Benito Juárez y las personas con Síndrome Down, sufrieron la arremetida del político queretano:
“Será casualidad, día del Síndrome de Down, y el día de Benito Juárez? Con respeto a las personas con el síndrome, no a Juárez”.
Consciente luego de su error con Ronaldinho, el político en cuestión se ha empeñado en continuar haciendo el ridículo y en su afán de componer la problemática en que se metió, pidió después perdón al astro brasileño en una carta pública y luego dijo que estaría dispuesto a “arrodillársele” al nuevo futbolista de los Gallos Blancos para decir después, que quien se “comportó como chimpancé” fue él.
Convertido en un galimatías su desliz escrito y verbal, Treviño ahora dice que su partido, el Acción Nacional, no tiene porqué “cargar con sus estupideces” y que está dispuesto a “asumir las consecuencias de sus actos”.
El problema es que el nivel mostrado por Carlos Treviño, no es una excepción de la política mexicana: en la historia de México, pintorescos personajes han puesto a este país en una especie de carrusel en el que la corrupción y la incapacidad para generar ideas coherentes, son protagonistas cotidianos y parámetro de cómo ve el mundo a una nación que celebra este mes, 204 años de independencia.
Si de por sí es grave la obsesión de Treviño por discriminar sin mirar a quién, se vuelve aún más serio preguntarse quién encumbra tales personajes, quién les permite no un comentario racista, sí hasta cuatro, quién les permite llegar tan alto a posiciones tan sensibles para la ciudadanía dentro de un gobierno.
No creo que el mundo sería mejor sin políticos, sí creo que el mundo, nuestro país, sería mejor si accediéramos a la capacidad de bajar de los peldaños del arribismo, a personajes como este político queretano.
Pero mientras eso no ocurra, tenemos que asumir como sociedad, un fracaso total por no poder agenciarnos mejores decisiones para nuestra vida, todo por permitirle a un político tanta impunidad, tanta opacidad.
Comparte en Facebook
Twittéalo








