SOMOSMASS99
ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 8 de febrero de 2021
Después…
Todo fue niebla
Marítimas brevedades
– José Natividad Méndez
1 de agosto de algún año – 1 de febrero de 2021
Pues la novedad es que no hay novedad mi comandante.
Sigo en efecto encerrada dentro de mí, viendo tele y series hasta más no poder. Y he tratado de equilibrar lo que sucede afuera con lo que meto a mi cerebro a la fuerza.
Un maestro de los que tuve algún día nos decía que cuando hace calor hay que tomar bebidas calientes y cuando hace frío, ya adivinaste, bebidas frías, helado y eso. Esto, explicaba, pone a nuestro cuerpo a la misma temperatura que el ambiente y nos permite entonces soportarlo mejor.
En esa línea de pensamiento, he escogido películas de suspenso y de terror. Tal vez ver que los zombis son derrotados, que Dustin Hoffman salva a todos de un virus terrible y que el gurú de no sé qué secta tiene que salir huyendo me ayude a soportar lo que sé que pasa afuera y dentro de mi casa, de mi corazón. Porque poder decir en voz alta que tengo miedo sin que alguien intente negar mi sentir es un goce extraordinario aunque no sea tan real como lo son mis miedos verdaderos. Porque hora y media de falsos gritos y falsa sangre pasa más rápido que minuto y medio de noticias. Pasa más fácil que los obituarios en Facebook.
Y, en medio de una peli en la que unas jóvenes, guapas claro, de todas razas claro, son usadas para contactar muertos sin que ellas lo sepan (Trama novedosa ¿verdad?) me atrapó una escena, su diálogo, su mensaje.
Una de las jovencitas descubre de repente que tocar piano le sale bien (No sabe que alberga en su mente el espíritu de un compositor excelso muertos décadas atrás, ¡oOoh!) y toca sin cesar. Su maestro, un joven apuesto que casi no tiene que ver en los oscuros ardides de los malos de la película, detiene sus manos y toca una tecla, sólo una. Y explica algo que va más o menos así:
Si toco esta tecla, oyes un sonido, la nota que le corresponde. Pero si yo, al tocar con mi dedo este pedacito de marfil, apoyo un pie sobre este pedal, el sonido perdura, no se va apagando más que poco a poco. Así son la vida y la muerte: el sonido que se sigue oyendo después de haber sido convocado, es el del alma, sigue viviendo después de que el cuerpo muere.
No sé si lo haya dicho más bonito el de la película, pero me gusta cómo te lo explico yo. Él lo dijo más rápido sí, y con menos palabras, pero hay que entender que el pobre hombre tocaba teclas y apoyaba sobre pedales al mismo tiempo y que yo nada más tecleo frente a la compu.
Esa manera de explicar la vida/muerte me dio tanta calma, no sabes.
Estoy convencida de que al morir no desaparecemos. Y mucha gente piensa igual, por eso hay rollos de almas que se van al cielo, de seres que reencarnan, de energía que no se pierde, que nada más se transforma. Ya luego cada quién le pone el nombre y la esperanza o desesperanza que le plazca, a veces hasta varias diferentes según sus vivencias, su edad y de a quién esté extrañando.
Yo pienso que no es posible que funcionemos como lo hacemos sin esa parte de consciencia que no depende de procesos químicos cerebrales. Me consta que luego de aquello que llamamos deceso[1], hay comunicaciones diversas entre el más allá y el acá. Y me apropio la imagen de la nota sonando y luego atenuándose sin perder su esencia.
Veo al piano entero, con sus teclas, las blancas y las negras, sus tres pedales, su exterior brillante y lustrado por manos amorosas, y en su interior, martinetes en orden, cuerdas tensadas, listas para vibrar con el sonido requerido, sí, ése y no otro.
Vivimos como un piano, antes y durante y después:
Antes, cuerdas, martinetes, maderas y hierro, listos para acompañar y producir el nacimiento de un sonido.
Durante, pedales y teclas, una para cada sonido, único.
Después, sonido perdurando si fue usado el pedal correcto.
Cada sonido es un ser, una creatura, única.
Y luego, además de la nota, está la melodía. Porque cada tecla despierta a dos o tres cuerdas, según la intención del pianista. Y cada sonido, cada ínfima vibración en el aire, se entremezcla con otros, invariablemente, aun cuando está desafinado el piano, la melodía se da. Gusta o no, eso es lo de menos: existe.
Por eso, afirmo, por eso son tan harmoniosos los llantos de los recién nacidos. Son puros, las cuerdas no están maleadas, no han sido rotas ni martilleadas por seres impacientes. No saben de sinfonías todavía, cierto, pero tampoco de cacofonías.
¿Qué quién construye los pianos? ¿Y qué quien es el pianista?
Sabrá…
A veces le digo ser superior, otras seres superiores, en plural. A veces en mi mente es femenina la presencia, otras es nebuloso su género. Pocas veces es masculino, creo por pura rebeldía. Y otras, contadas, me cuestiono como si fuera yo la pianista y hubiese perdido todas las partituras.
Y sí, a veces pienso que ni el constructor de pianos sabe su oficio ni el pianista es virtuoso. A menos que sean sencillamente innovadores, inventando la samba después de Mozart, o el rock después de los tamborileos de los sumerios. Y sí, cambio de opinión a cada vez que me encuentro con una voz única, me reconcilio con los hacedores de pianos, con todos los pianistas de dedos largos o cortos y con cada sonido que flota en el aire. Y conmigo, me reconcilio conmigo.

Hoy que lloro otro principio de muerte, hoy que otro amigo ha dejado su cuerpo, me agarro fuerte de los sonidos que dejó, consolándome tal vez con nimiedades. Esperando profundamente si en ésta no toca, encontrarme con él en otra vida.
Suspendidos en el aire y en
el tiempo
Son tus voces
tus miradas, tu andar
risas y llantos
Sones esenciales
Suspendidos en la memoria y en
los escritos
Son tus palabras
Tus gestos, tu silueta
amores y añoranzas
Ecos impalpables
Sigue sonando, José, que las estrellas
tu nota empiezan a recordar
Sigue sonando José
que el aire de ti se quiere poblar
Sigue José
que tu vida aquí no termina
que tu voz hoy no se apaga
Sigue
So
nando
José
Nota:
[1] Deceso: momento en que ese “algo” deja nuestro cuerpo.
Muerte: el tiempo que pasa después del deceso.
Estas dos definiciones son de mi diccionario personal, claro. Y las equiparo con el concepto de nacimiento/vida que conocemos, tú y yo.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Foto de interiores: Hendrik Lentz.
Foto de portada: Pixabay.
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