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Los rostros de la vacunación

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SOMOSMASS99

 

Pepe Ramírez*

Miércoles 17 de marzo de 2021

 

Es martes 16 de febrero, casi un año después del inicio de la pandemia del Covid-19 en México. Son las 6:45 de la mañana. El alba comienza a asomarse entre cerros, nubes y ojos lagañosos. Deja la tibia cama. Camina, diez cansados pasos. Ya está en la cocina. Prepara un café. De reojo una concha le guiña. ¿Por qué no? Enciende su viejo televisor. Son pasadas las siete. Ya se ve ahí al presidente y sus colaboradores en la atención a la pandemia. Escucha con atención. Hablan del inicio del Plan de Vacunación a Adultos Mayores. Escucha los datos. Unos minutos después, un video muestra las imágenes del desarrollo de la vacunación el día anterior.

Ríos de hombres y mujeres, todo ellos de la tercera edad, desfilan uno a uno, agradecidos y entusiasmados con esta oportunidad, pareja, justa, democrática. (“Por el bien de todos, primero los pobres”, recuerda que dijo el presidente). Una lágrima recorre su rostro. Brota el sentimiento, la emoción. Y es que en los rostros y cuerpos de esos “viejitos” se refleja su propio rostro y cuerpo: pelo cano, como hilos que han perdido color y brillo, piel arrugada, semblante sereno, ojos algunos tristes y cansados, otros con brillo; huecos en las encías. Cuerpos encorvados. Lento andar. A veces un bastón, una andadera. En su mayoría, personas humildes. Rebozos, sombreros. Hablar de pueblo. Son pueblo. Los mira, uno a uno. Una especie de chip en su cerebro va registrando esos rostros. Ve a doña Celia. Intenta descubrir que hay detrás de ella. Imagina:

Detrás del cubrebocas −piensa− se adivina una sonrisa. Detrás de la sonrisa, felicidad. Desde muy temprano tomó destino a la cita. La cita con la esperanza. Su mirada, fijos los ojos en la cámara, hablan de certezas, de cosas bonitas para el futuro… Hablan, esos ojos, de su vida, una vida que no quiere que se apague. Y no, no solamente es ésta una imagen. Es una historia: ¿pisó alguna vez la escuela? –continúa imaginando. Quizá sí. La ve abandonar las aulas siendo una niña. Nueve, diez años de edad. Para ayudar en casa. Cocina. Lava. Barre. Trapea. Cuida a sus hermanitos. Una vez, a los 17, él la enamoró. Hicieron su vida. Trabajan. Se ocupan. Su vida se ocupa en la crianza. En medio de la bruma de los años, ve pasar cada capítulo de su historia. Él ya se ha ido. Hace algunos años. Quedó sola. Los hijos ya no están, volaron hace tiempo. Mas es feliz. Y hoy quiere vivir. Al salir del puesto de vacunación, como si de un tesoro se tratase, cubre con su mano derecha la parte superior de su brazo izquierdo, ahí donde un poco de dolor queda. Llegó a su cita. Se retira. Una sonrisa se intuye bajo el trozo de tela que cubre su boca….

Imágenes se imprimen, con gran velocidad, en su retina. Ve a doña Licha. La imagina en medio de la pandemia. Casi un año de aislamiento. Recuerda un viejo poema [1]:

“Larga ha sido la noche y lenta el alba en llegar a esta tierra,

por cientos de años giraron los demonios en frenética danza

y los quinientos millones de hombres estaban separados.

Pero ahora ha cantado el gallo y todo brilla bajo el cielo.

La música que en mil lugares tañen, hasta nosotros llega,

y de Khotan viene la inspiración que el poeta jamás antes tuviera”.

Son casi las siete y media. O pasadas. “Hermoso video”, piensa. No puede dejar de imaginar. Ve a una mujer, pelo gris, mirada perdida en el infinito de las esperanzas. Luce un hermoso cubrebocas, estampado con flores de mil tonos: rojos, naranjas, azules. Su vestido rojo, parece bordado con flores al tono de las del cubrebocas. Pensaría que es día de fiesta y que hay que ir bien acicalados, piensa (sí, debe ser eso, la señora pensó que iba a la fiesta de la vida y de la esperanza nunca perdida). Una enfermera (Gobierno de México, se lee en su brazalete) introduce una aguja en el brazo, cerca de su hombro izquierdo. Introduce el sueño de vida para rato.

Corre el video. Rostros. Rostros. Eso que nos identifica y hace ser únicos. Conocidos (saludas al otro cuando ves su rostro, no los pies, no el torso). Los rostros son el ID en la sociedad. No imagina su Credencial de Elector con una foto de sus uñas, dedos, manos, brazos, nalgas, piernas, tobillos, rodillas. Es el rostro.

Casi termina el video. Sorbe su café. Muerde la concha (casi la olvidaba). Un hombre, bordón en mano, es vacunado. Es el vacunado número ¿uno?, ¿cien?, ¿mil trescientos cincuenta y siete? ¡¡Bah!! Qué importa. Ya está aquí. Lo que importa es continuar soñando. No recuerda bien a bien, pero sabe que alguien lo dijo: “A los ochenta y dos años, los sueños forman parte de la vida; son probablemente su zona más activa. En la realidad, uno camina con lentitud, las piernas torpes y pesadas; en el sueño, uno corre, salta vallas, dice alegres disparates. En la realidad, uno esconde sus rabias, que se refugian en el hígado; en el sueño, uno propina certeras trompadas al enemigo de ese minuto. En la realidad, uno mira con envidia a los que bailan; en el sueño, uno baila”[2]. 

Mira su reloj. La aguja flaquita y larga ya cruzó la media. Ya es tiempo. Habrá que estar, como casi todos los días, ahí, en el pequeño parque cercano a su casa. Con el amigo, el camarada, el que le espera casi a diario para la caminata obligada. Está por apagar la televisión y, agradecido, se despide de su presidente. No está aquí, por supuesto. Está en Palacio Nacional. Pero se hace presente aquí, todos los días, en su pensión, en su consideración a quienes, como él, siguen abordados en el barco de la vida, con sesenta, setenta y más sobre las espaldas; su presidente está con él, en todas las acciones que desde el gobierno se emprenden para recuperar la dignidad de quienes, como él, son mexicanos de primera, como todos los mexicanos.

Colofón:

“Los compromisos son para cumplirse”, afirma reiteradamente Andrés Manuel López Obrador. El presidente se comprometió en el Plan Nacional de Vacunación a inmunizar, en primera instancia (después del personal médico que atiende a los enfermos de Covid) a los adultos mayores de 60 años. El pasado 15 de febrero se dieron los primeros pasos para el cumplimiento de la palabra empeñada, con el inicio de la aplicación de 870 mil dosis de vacunas que arribaron recientemente al país y que son las primeras en aplicarse fuera del personal del sector salud. Cerca de 190 mil adultos mayores fueron vacunados entre el lunes 15 y el martes 16 de febrero. El compromiso, sujeto a la disposición de vacunas en el mercado global y al cumplimiento de los contratos ya convenidos con empresas de varios países y regiones del planeta, es vacunar a más de 15 millones de adultos mayores para finales del mes de abril, iniciando la vacunación en los municipios y zonas más pobres del país. Primero los más vulnerables, los más desprotegidos. La palabra se honra.


Referencias:

[1] Tse-Tung, Mao; Poemas; Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1959.

[2]Benedetti, Mario; El porvenir de mi pasado; Ed. Alfaguara, 2003.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo, de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

Las imágenes de interiores son capturas de pantalla del video presentado en la Conferencia Mañanera del 16 de febrero de 2021.

Foto de portada: Gobierno de México.






Luis López




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