SOMOSMASS99
Ángel Olgoso*
Lunes 19 de abril de 2021
No es habitual encontrar en las colecciones de microrrelatos textos que cuenten algo y que lo cuenten con cuidado estilístico.
En Cuatro caminos (BUAP, 2014), de José Manuel Ortiz Soto, los microrrelatos son inusualmente limpios, elegantes, visuales, con su justa dosis de poesía, bien integrados en la atmósfera del mundo rural y de la infancia; agridulces, entre la ironía y la melancolía, entre la evocación íntima y la estampa social, entre lo trágico y lo fantástico.
Una emoción contenida es el resultado de muchos de ellos. Original la premisa (un texto por cada año de ausencia de José Alfredo Jiménez) y original la división en los cuatro palos de la baraja española. A excepción del -a mi juicio- prescindible «Cuando llegue el momento», todos los textos son magníficos.
Hay conmovedores, como La mano de Dios, Que se me acabe la vida, Paloma querida o el perfecto Sin luz. Potentes como Por maldición o El coyote. Inquietantes, como Pueblo chico o Dame un poco de ti. Minimalistas como Te solté la rienda o Retirada. Sugerentes que viven más allá del final, como Un mundo raro, Si nos dejan, El siete mares, Sin sangre en las venas o Viejos amigos.
Pero en realidad casi todos comparten esas cualidades de inquietud, sugerencia, minimalismo y conmoción.
El lector se lleva consigo, prendidas en el alma, la herida en el pecho de Jacinto, la poderosa madre de Sin luz, la imagen de María la Bandida con un nuevo corazón en el bolso, esos pedazos de imaginación de la casa abandonada y derrumbada, y tantos otros personajes y momentos inolvidables que pueblan el delicioso libro.
También hay frases memorables; una sola muestra para no resultar exhaustivo y pesado: «algo le dice que en cuanto deje de caminar y el deseo de llegar no exista más, será nada».
* Ángel Olgoso es escritor.
Foto de portada: Tomasz Filipek (@tombrand) / Unsplash.
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