La espiral
Agustín Galo Samario
A medida que se aleja la posibilidad de encontrar vivos o muertos a los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, la violencia se recrudece en ese estado e invade de preocupación a todo el país y de nerviosismo a buena parte de nuestros políticos y funcionarios de primer nivel. Anteayer el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, consideró que esos hechos “absolutamente inaceptables” pueden afectar la imagen de México ante los inversionistas extranjeros. Ayer, el presidente del Banco de México, Agustín Carstens, afirmó en cambio que los recientes acontecimientos podrían “generar alguna divergencia geográfica”, lo que eso quiera decir, pero “no en el nivel absoluto de inversiones”.
Ese tipo de declaraciones se suman a otras publicadas en los medios nacionales, como las del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, que dice que es difícil desempeñar ese puesto, y las del gobernador guerrerense, Ángel Aguirre Rivero, que quiere someter a consulta ciudadana su permanencia en la gubernatura, en las que muchos ciudadanos de todo el país encuentran no sólo coincidencias con lo que ocurre en sus estados sino motivos para aumentar indignación por la falta de soluciones a la crisis social, económica y política en que nos encontramos.
Apenas unas horas después de que policías estatales de Guerrero dispararon contra estudiantes del Tecnológico de Monterrey, ataque en el que un joven alemán resultó herido, los normalistas de Ayotzinapa incendiaron el palacio de Gobierno en Chilpancingo en la desesperada exigencia de que sus compañeros desaparecidos sean presentados con vida.
El problema escala porque cada vez hay más jóvenes lesionados, desaparecidos y muertos. Por eso, simplemente, cada vez más estudiantes se organizan y empiezan a demandar respeto a los derechos humanos, justicia y seguridad para ellos y para todos. Por eso, también, alumnos y alumnas de la UNAM, UAM, UACM e IPN han convocado a partir de mañana a un paro de actividades académicas de 48 horas para exigir la presentación de los 43 normalistas guerrerenses.
México, pues, parece haber entrado a una escalada en la que todos los ciudadanos son potenciales víctimas de la violencia desatada. Hoy la institucionalidad está en serio riesgo, parece desmoronarse a cada día que pasa. Porque no sólo es Ayotzinapa, es Tlatlaya, es San Bernardino Chalchihuapan, es la tribu Yaqui, es el paro en el IPN, es Karla Janeth Silva Guerrero. Pero son los estudiantes los que salen a las calles a exigir justicia y a gritar contra la impunidad; a reclamar un país más seguro, libre, próspero y en paz. Veamos que hacen, confiemos en ellos.
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