Agustín Galo Samario / SomosMass99
León, Gto. / 28 de octubre de 2014
“Esto ya no lo para nadie. Se metieron con el pueblo y no van a poder con él. Los problemas que tenemos son porque los partidos nos tienen secuestrados. Es un secuestro colectivo. Políticos mañosos”. La denuncia es de Román, igual que las de Valeria, Estefanía y de otros estudiantes, médicos, sindicalistas y ciudadanos en general que marcharon ayer en silencio desde el Parque Hidalgo y el Arco de la Calzada hasta la presidencia municipal de esta ciudad. Con frases distintas, pero en tonos similares. Siempre en demanda de la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecidos desde el 26 y 27 de septiembre pasado.
¿Cuántos son los niños, niñas, mujeres, hombres que acuden al llamado a manifestarse de los estudiantes leoneses? Para algunos policías viales son 200, para otros 500. “Esos son los que vamos a reportar, (aunque) otra vez vamos a estar en el ojo del huracán”, dice un agente que conduce el tráfico por la avenida Adolfo López Mateos. En realidad son muchos más. Dos enormes contingentes de personas que entraron al Jardín Principal por las calles Hidalgo y Madero para gritar “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”. “¡Justicia, justicia, justicia!”.

- La marcha silenciosa salió de dos puntos: Parque Hidalgo y Arco de la Calzada, al llegar a la presidencia municipal la rabia contenida estalló en consignas.
Las consignas por los normalistas guerrerenses desaparecidos a manos de policías municipales de Iguala, Guerrero, es el detonante de una protesta que caminó con el duelo a cuestas, sin estridencias. Tal como lo pidieron en su convocatoria los y las estudiantes del Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a la que respondieron muchachas y muchachos de las universidades de Guanajuato, Iberoamericana y Tecnológica de León; militantes de los sindicatos de la UNAM, Mexicano de Electricistas, de Telefonistas y de San José Iturbide; y ciudadanas y ciudadanos preocupados. Pero que luego se tornó estruendosa al llegar a su destino, al cabo de una hora de indignación contenida.

- Alrededor de dos mil estudiantes, médicos, sindicalistas y ciudadanos en general marcharon en demanda de la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
A la indignación por la tragedia de los alumnos de la normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa se une la rabia por las tragedias más cercanas, propias por igual. Por los asesinatos del egresado de la Universidad de León, Miguel Ángel Castro Quiroz, y de la médica Paulina Méndez Ruiz, lo mismo que por la sospechosa muerte durante el Festival Internacional Cervantino de Ricardo de Jesús Esparza Villegas, estudiante de la Universidad de Guadalajara. Por los asaltos a transeúntes, a negocios, a casas habitación y robos de vehículos a plena luz del día en una ciudad antes segura.
Porque León ya no es lo que era, porque “todos estamos en riesgo”, la multitud reunida en el Jardín Principal termina por darle la espalda a la presidencia municipal. Porque “no estamos de acuerdo con las políticas de Bárbara Botello”. “Por eso exigimos justicia. Estamos indignados por la violencia y la impunidad de las autoridades coludidas con la delincuencia. (Las víctimas) no sólo somos los estudiantes, también los trabajadores, los profesionistas. Por eso la UTL, la UG, el IPN, la UNAM, por primera vez se unen. No sólo es por los 43, es por la seguridad de todos”, comenta Valeria.
Performance para no olvidar
Las mantas preguntan: “¿Dónde está el León Seguro?”. Denuncian: “Quisieron enterrarnos, pero no sabían que somos semillas”. Auguran: “En buena hora, Ayotzinapa. El pueblo al poder”. Advierten: “Qué se cosecha en un país donde se siembran cadáveres de su pueblo”. Piden: “Seamos la pesadilla de los que pretenden arrebatarnos los sueños”. Declaran: “La UG está de luto”. Recuerdan: “Todos somos Miguel Ángel”. Las luces de decenas de veladoras palpitan.
Reunida la multitud frente al palacio de gobierno, una voz pide a los manifestantes sentarse en piso y formar un círculo. Vestidos de negro, un grupo de jóvenes de la Universidad Iberoamericana monta un performance. Se oyen las voces de los normalistas guerrerenses: “Cuando los policías dejaron de disparar, los militares nos acorralaron. Si hablábamos por celular, nos decían lo que teníamos que decir. ¿Se creían muy machitos? ¡Ahora éntrenle!”. Los cuerpos caen, mueren en un segundo. Y desaparecen en un instante.
Para Cristina, lo más frustrante y que provoca impotencia es que muchas personas no se detienen a pensar en lo que pasa a su alrededor. “Prefieren quedarse con lo que dicen o no dicen la mayoría de los medios de comunicación, que lo único que quieren es que no haya participación social”.
“La violencia es contra los jóvenes y lo impresionante es que aquí prácticamente no se dice nada y que sea en otros países donde se inconforman contra lo que está pasando. Pero hay un límite, tocamos fondo. Ahora nos podemos unir a pesar de nuestras diferencias, no importa si somos de escuelas públicas o privadas. Todos corremos el mismo riesgo. Aquí lo que falta es que pueblo hable, como los indígenas, que no son tontos ni por naturaleza sumisos. Por eso surgió el Ejército Zapatista.
La protesta es contra los políticos y funcionarios corruptos, omisos. Contra los gobernantes que no saben o no quieren cumplir con sus obligaciones y responsabilidades. Por eso, “si no pueden, que se vayan”.
Son ya más de las 20:00. Está por acabar la manifestación. Entonces vuelven las consignas: “¡Asesinos, asesinos!”. “¡El pueblo se cansa de tanta pinche transa!”. “¡Se ve se siente, el estudiante está presente!”. “¡Gobierno fascista que mata normalistas!”. “¡Ayotzi vive, la lucha sigue y sigue!”. Y entonces el grito que hace retumbar la plaza: “¡Por qué, por qué, por qué nos asesinan, si somos la esperanza de América Latina¡”. “¡Por qué, por qué, por qué nos asesinan, si somos la esperanza de América Latina¡”.

- La multitud que llegó al Jardín Principal le dio la espalda a la presidencia municipal. Porque “no estamos de acuerdo con las políticas de Bárbara Botello”.



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