Ojos que no ven
Agustín Galo Samario
Ni duda, la historia juzgará a Barbará Botello Santibáñez como presidenta municipal de León. Pero no tendrá que esperar tanto, ya lo hicieron los estudiantes y un número creciente de ciudadanos en esa ciudad. Ayer, por ejemplo, durante la marcha de universitarios por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, la multitud decidió darle la espalda, literalmente, por no creer más en sus políticas contra la inseguridad.
Hasta ahora, a pesar de los cambios en la Secretaría de Seguridad, decididos por la propia alcaldesa, no se han obtenido resultados. Ni siquiera cuando hace meses desplegó toda una estrategia de comunicación para venderle a los leoneses la idea de que lo mejor para esa urbe de casi millón y medio de habitantes era importar el modelo aplicado en la ciudad de Tijuana, supuestamente con gran éxito.
No es que en trienios anteriores la inseguridad haya estado ausente. Ya se habían presentado ejecuciones a plena luz del día y aun persecuciones de delincuentes por las principales avenidas que sembraron el terror entre la población. Lo que pasa ahora es que los criminales parecen estar confiados a que pueden cometer cualquier delito sin ninguna preocupación. La impunidad se abre paso con la misma velocidad con que la corrupción se ha desbordado en la corporación dedicada a prevenir la delincuencia.
El caso de los uniformados que fueron grabados recientemente cuando participaban en el robo a un negocio no es el único. El problema es que ese hecho se combina con asesinatos a plena luz del día, en zonas concurridas, y con un discurso oficial que niega la realidad.
Las declaraciones de Bárbara Botello a algunos medios locales en las que afirma que León es una ciudad segura y que, aún así, la instrucción “es no bajar la guardia”, lo menos que puede provocar entre los ciudadanos es indignación. La alcaldesa parece creer que el asunto se arregla con una sonrisa y con la pose de que aquí no pasa nada. Es una lástima que una mujer tan talentosa, que despertó grandes expectativas de la población leonesa, luzca decidida a perderse en el camino. Con todo el daño que eso implica para quienes viven en la ciudad más populosa del estado.
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