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Reconocimiento histórico de Francisco Villa

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SOMOSMASS99

 

Oscar Alzaga*

Viernes 4 de agosto de 2023

 

Francisco Villa, desde la batalla de Ciudad Juárez de 1911, la que hizo huir del país al dictador Porfirio Díaz, durante la Revolución y hasta su muerte en 1924 -y aún después de muerto-, fue muy popular y famoso en México y el mundo. Pero la reivindicación de Francisco Villa como personaje de grandes aportes y de trascendencia histórica llegó hasta que aparecieron los dos tomos de la obra de Friedrich Katz, en1998, dedicados a la vida y obra del revolucionario. Ya que la burguesía mexicana y sus voceros se habían dedicado a denostar la obra del Centauro del Norte, siempre tratándolo como un roba vacas o un aventurero. 

Dos hechos fueron notables al respecto: a) El enorme reconocimiento y afecto del pueblo a su obra y su persona; y, b) el miedo y hasta terror que sembró Villa entre los hacendados de México, al obligarlos a acabar con sus abusos, mediante la violencia revolucionaria, contraria a la violencia reaccionaria de los hacendados y la dictadura.

Afortunadamente, después de Katz han aparecido nuevos y buenos libros que bien ubican la obra y trascendencia de Villa, que influyeron para declarar al año 2023, oficialmente -por el gobierno de López Obrador-, el Año de Francisco Villa, en reconocimiento de la figura histórica y sus decisivos aportes a la Revolución y, más, a su triunfo definitivo.

La batalla de Zacatecas es un momento cumbre de la lucha armada del pueblo, ya que en la lucha de Madero el cambio solo fue de presidente, no de la estructura política, militar, económica y social del país, En 34 años Porfirio Díaz había forjado una dictadura militar férrea a favor de minorías poderosas y en contra de la mayoría del pueblo. La dictadura se distinguía por prohibir todo tipo de libertad al pueblo y a la oposición política y, justamente, el principal brazo del mando era el ejército. Así, la salida del dictador del país no interrumpió sino prolongó su fuerza contra el pueblo, con el usurpador Huerta al frente. La fuerza militar de la dictadura siguió hasta 1914, aun después de asesinar a Madero y Pino Suárez, en 1913. 

Los historiadores conservadores y oficialistas suelen ver los acontecimientos de modo superficial y distorsionar los hechos con una interpretación equivocada, como fue el asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez. Lo atribuyen solo al traidor de Victoriano Huerta o, cuando mucho, al “Plan de la Embajada” de Estados Unidos (EU) en México, cuando en realidad fue una orden del presidente Taft, de EU, porque ninguna embajada es autónoma, es decir, fue un Golpe de Estado yanqui y un magnicidio. Lo que no calcularon los asesinos de Madero, y tantos más, fue que la Revolución se levantaría a su máximo nivel y fuerza, casi sin que nadie quedara ajeno a tan trascendental momento.

En ese marco, en la lucha revolucionaria del pueblo organizado es donde Villa más destaca, al mando de La División del Norte, la fuerza militar más grande y combativa en los años decisivos de 1913 y 1914. Particularmente en la destrucción del ejército de la Dictadura, en las batallas de Torreón y Zacatecas. 

De noviembre de 1913 a junio de 2014 la División del Norte realiza 6 batallas contra el ejército federal de la dictadura, entonces en manos de Victoriano Huerta. Tan solo los militares presos de las 6 batallas fueron más de 12 mil y los muertos arriba de 23 mil. Después de la batalla de Zacatecas, Victoriano Huerta salió huyendo del país, a España y EU. Y se acabó realmente aquella dictadura, su brazo armado y el grupo más poderoso de los hacendados del país quedaron muy debilitados. La batalla no solo liquidó a lo peor de la dictadura, también abrió el camino al futuro, a la nueva Constitución y proyecto de nación y a que el pueblo mexicano jugara un papel trascendental en los años siguientes, particularmente los trabajadores.

En la lucha de clases librada en el país a lo largo de la historia, la Revolución tiene un lugar muy especial por ser eminentemente social y decisiva debido a la participación del pueblo armado -más campesinos y comuneros, al sur, y al norte, jornaleros y trabajadores asalariados-, siendo Zapata y Villa sus dirigentes más destacados, populares y queridos por el pueblo y los trabajadores.

Las luchas y las huelgas obreras se deben conocer de cerca para saber en qué radican sus acciones y valores, avances y retrocesos; lo mismo que las guerras y batallas del pueblo, que para él tienen tanta importancia y valor que nunca las olvidan y muchas veces quedan como testimonios en corridos revolucionarios y populares. La Revolución aportó a la cultura nacional más obras artísticas que ningún otro periodo de la historia, incluyendo la recuperación del pasado prehispánico y su estudio permanente y apasionado; la gran pintura y el muralismo, únicos en el mundo; la música y la danza; la novela y la poesía; el cine y el teatro; la educación básica y universitaria; la alfabetización, buena lectura y el Politécnico; los corridos y las carpas populares.

En noviembre de 1913, la División del Norte dirigida por Villa derrota a las fuerzas federales del usurpador Victoriano Huerta en Casas Grandes y Ciudad Juárez. Después, el 10 de enero de 1914 llegó con sus tropas a Ojinaga a hacer huir a las huestes de Huerta; siguió la gloriosa batalla de Torreón -del 19 de marzo al 2 de abril de 1914-, en la que, según cálculos, participaron 12 mil soldados de Villa y 10 mil federales. El enfrentamiento, en el que fueron derrotadas las fuerzas de Huerta, una de las batallas más grandes -duró 14 días-, dio fama y llenó de gloria a Pancho Villa y al general Felipe Ángeles. Luego, el 17 de mayo, la División del Norte tomó Paredón y, el 21 del mismo mes, Saltillo, de donde huyeron la mayoría de federales, que ya esperaban con miedo a las tropas de Villa. Finalmente, el 23 de junio de 1914 fue la batalla de Zacatecas, para muchos historiadores, la más importante de la Revolución.

Se prepararon ambas tropas –federales y villistas- para vencer, ya que los primeros tenían la gran ventaja de ocupar la ciudad y las cimas de los principales cerros, la Bufa, el Grillo y 3 más, donde colocaron sus armas, ametralladoras y cañones, y a sus jefes militares; en total, 16 mil soldados federales. Por su parte, Villa mandó una avanzada con el estratega profesional Felipe Ángeles, quien advirtió a Villa que tenía que ser una batalla de un solo día para ganarla. Más tiempo llevaría a una derrota, lo que reclamaba la más alta organización, disciplina y sobre todo el ímpetu de la tropa, de los 23 mil villistas. 

La batalla inició a las 10 de la mañana. Para la 1 de la tarde los villistas ya habían tomado los cerros de la Bufa y el Grillo; para las 5 de la tarde ya se anunciaba el triunfo y a las 7 de la noche concluyo. Ese mismo día a las 10 de la noche, ya descansando Felipe Ángeles, escribió en su diario (la batalla tiene en Felipe su mejor cronista, mejor aún, un poema épico):

En el desarrollo, qué corrección y qué armonía, en la colaboración de la infantería y la artillería (…) Y volvía a ver la batalla en un ataque de frente de las dos armas en concierto armónico, la salida al sur tapada, y la reserva al este, para dar el golpe de mazo al enemigo en derrota.

Y sobre esa concepción teórica que resumía en grandes líneas la batalla, veía acumularse los episodios que gratamente me impresionaron: la precisión de las fases, el ímpetu del ataque, el huracán de acero y lomo; las detonaciones de las armas multiplicadas al infinito por el eco, que simulaba un cataclismo; el esfuerzo heroico de las almas débiles para marchar encorvadas contra la tempestad de la muerte; las muertes súbitas y trágicas tras las explosiones de las granadas; los heridos llenos de espantos que con terror ven venir la implacable muerte; los heridos heroicos que, como Rodolfo Fierro, andan chorreando sangre, olvidados de su persona, por seguir colaborando eficazmente en el combate ; o los heridos que de golpe quedan inhabilitados para continuar con la lucha y se alejan tristemente del combate, como el intrépido Trinidad Rodríguez, a quien la muerte sorprendió cuando la vida le decía enamorada “no te vayas, no es tiempo todavía”. Y tantas y tantas cosas hermosas. Y finalmente, la serena caída de la tarde, con la plena seguridad de la victoria que viene sonriente y cariñosa a acariciar la frente de Francisco Villa, el glorioso y bravo soldado del pueblo.

– Felipe Ángeles, Diario de Batalla.


* Abogado del Sindicato Minero y la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), la Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas (ALAL), y la Asociación Internacional de Juristas Democráticos (AIJD).

Imagen: Francisco «Pancho» Villa. | Foto: Instituto Nacional de Antropología e Historial






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