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Transformación y refundación

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 4 de agosto de 2023

 

De 2011 a 2014 sesionó en nuestro país el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP), organismo que en su audiencia final apuntaba que la solución, ante el grado de deterioro que en México había alcanzado la situación imperante, estaba en un cambio que condujera a la refundación del país.[1] 

Acerca de tal situación, hace poco más de siete años (03-06-2016), en este espacio, reflexionábamos:

«El clima de desigualdad, injusticia, pobreza y miseria, inseguridad, violación de los derechos humanos, corrupción, despojo, discriminación, entre otros flagelos, afecta y deteriora las condiciones de vida de la mayoría de los que habitamos este país y propicia, por un lado, el aumento del descontento social y, por el otro, el incremento de las medidas y medios de represión del Estado como respuesta, que en lugar de resolver los problemas los mantiene en niveles tolerables para que el grupo dominante mantenga el poder y continúe explotando al pueblo y los recursos de la nación.

 «Esa refundación, que incluiría aspectos de la vida política, económica, social y cultural que deben ser cambiados o rediseñados para que el nuevo Estado esté al servicio del pueblo, necesariamente deberá ser definida y dirigida por el propio pueblo organizado, sin esperar la aparición de un iluminado, un salvador o un líder que repita las promesas que desde siempre se han hecho y solamente nos han conducido a lo que en la actualidad es nuestro país».

Pues bien, en la elección federal del 1 de julio de 2018 la ciudadanía, cansada y harta de la situación imperante, votó por un proyecto de nación que tenía como eje una serie de transformaciones acompañadas de la atención prioritaria a los sectores más vulnerables y desprotegidos de la población. La copiosa votación en favor de este proyecto evitó cualquier intento de fraude electoral, recurso habitual de la clase dominante para controlar el gobierno y el poder político.

Sería necio ignorar o negar que han ocurrido cambios importantes impulsados por la administración federal que inició el 1 de diciembre de 2018 ─y concluirá el 1 de octubre de 2024─; sin embargo, falta mucho por hacer y cambiar. 

En seis años es imposible transformar estructuras económicas, sociales y políticas que a lo largo de la vida independiente de nuestro país ─por tener un plazo de referencia─ se han estado reproduciendo y consolidando en el contexto de un sistema que privilegia la ganancia, promueve el individualismo y defiende a capa y espada la propiedad privada: el capitalismo, que en su versión más descarnada y depredadora, el neoliberalismo, ha producido los más altos niveles de desigualdad e injusticia en la historia.    

Si bien las estructuras de un pasado ─y presente─ capitalista representan un serio obstáculo a la transformación de nuestro país, las diferencias geográficas y culturales no lo son menos, sobre todo si se pretende llevarla a cabo mediante la conducción o acción de una sola organización, o partido. Por ello ─decíamos en aquella fecha (03-06-2016) ─ sería necesario la forja de «[…] un movimiento amplio que aglutine en su seno al mayor número posible de organizaciones y ciudadanos que estemos dispuestos a desarrollar ese esfuerzo en torno a un objetivo estratégico de cuyo logro dependerá la transformación del país y un futuro de vida digna para nuestro pueblo».

El hecho de alcanzar acuerdos en torno a un objetivo estratégico, una política de unidad, alianzas y coordinación representaría un gran paso para avanzar juntos o por caminos que vayan en el mismo sentido. En este contexto es importante el respeto a las diferencias, pues si estamos de acuerdo en lo fundamental, lo estratégico, seguramente más adelante encontraremos la manera de resolverlas. También, además de estar siempre atentos a las acciones del enemigo, es importante prevenir el surgimiento de desviaciones como el oportunismo, el dogmatismo, el sectarismo y el caudillismo, entre otras, que provocan divisiones y rupturas en las fuerzas que promueven cambios que no convienen a la clase dominante.

Por ello, en estos momentos, un aspecto prioritario a considerar es: la organización. 

No somos pocos quienes pensamos que las transformaciones impulsadas por la presente administración federal debemos, además de apoyarlas críticamente, profundizarlas, ampliarlas y llevarlas a sus últimas consecuencias, ya que solamente de esa manera podremos aspirar a construir un país en el que todos vivamos dignamente, y a tener una patria unida, libre, soberana.


Nota:

[1https://www.tppmexico.org/sentencia-de-la-audiencia-final-del-capitulo-mexico-del-tpp/


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: desInformémonos.






Luis López




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