SOMOSMASS99
Santiago Sayago / Contrahegemonía
Argentina / Viernes 18 de agosto de 2023
Por supuesto que hay que levantar la voz tanto como se pueda y exponer las falacias, las contradicciones y la hipocresía encarnadas en la figura de Milei. Disfrazada de rebeldía antisistema, sus propuestas apuntan a destruir las conquistas populares y democráticas, para instalar la dictadura del mercado. Hay que desenmascarar la verdadera naturaleza de esa criatura político-mediática. Pero es necesario tener en cuenta que el loco de la peluca no es la enfermedad, sino el síntoma. El capitalismo periférico necesita de gobiernos que, subordinados a las lógicas del sistema, realicen ciertas concesiones a la clase trabajadora, para evitar crisis sociales que pongan en riesgo la gobernabilidad. Mientras unos conceden más, otros menos, pero, en última instancia y más allá de los juegos retóricos, el modelo es el mismo. Esta continuidad ha sido disimulada en los últimos años con la estrategia de la grieta, mediante la que se presentaba al peronismo kirchnerista y al neoliberalismo macrista como grupos antagónicos. La democracia se reducía al enfrentamiento entre ambos.
El problema es que las concesiones a la clase trabajadora resultan cada vez más insuficientes para compensar un ajuste cada vez más fuerte, que se manifiesta de muchas maneras. Y las carencias materiales tienen consecuencias psicológicas. Da bronca vivir en un país injusto, donde cuesta conseguir un trabajo con un sueldo digno. Da bronca enterarse de que hay corrupción en el gobierno y de que los políticos cobran sueldos altos, cuando la plata no alcanza para llegar a fin de mes. Da bronca que el gobierno diga que la educación y la salud públicas son importantes, cuando cualquiera ve cómo todo se sigue viniendo abajo. Y, claro, da bronca que esos mismos que se han alternado en la administración del Estado vuelvan de nuevo a pedir el voto y, encima, ya sin una sola propuesta que entusiasme. Al final, la bronca repetida se transforma en hastío. La bronca es pasajera, el hastío es más profundo y dura más. El que tiene bronca responde, el que siente hastío mira para otro lado, simulando indiferencia.
Del voto hastío al voto al mal menor
Una parte del voto a la ultraderecha expresa ese hastío. No fue contra los partidos de la grieta, fue contra el sistema. Muchos metieron el sobre en la urna y pensaron “¡Que se vaya todo a la mierda!”. No es que crean en las ideas de Milei ni que aspiren a ser empresarios exitosos o a cobrar en dólares. Siendo víctimas de un sistema injusto, se dieron cuenta que la figura de Milei asusta a quienes aparecen como los principales responsables y, de este modo, trataron de intervenir en la Historia (esa que sistemáticamente los ha ignorado).
Sin embargo, también es cierto que el miedo que genera el respaldo electoral a Milei puede ser aprovechado por los partidos de la grieta (y del fracaso). Las previsibles reacciones en contra de la ultraderecha hacen que Bullrich y Massa no parezcan tan malos, a pesar de que la candidata de JxC se haya cansado de demostrar su fascinación por el libertario y a pesar de que Massa está aplicando un ajuste tan brutal, que, en otro contexto, ya lo habría eyectado del cargo. No importan tanto las biografías políticas.
Para una gran parte de la sociedad, frenar a Milei (y, en lo posible, a Bullrich) equivale a votar a Massa, haga lo que haga de acá a octubre. Rechazar la derecha mala apoyando la derecha menos mala. El ministro candidato está más que agradecido.
Luchar con/desde la izquierda
No es muy difícil imaginar que, alejado Milei del ballotage, los problemas del país seguirán siendo lo mismos. Ni Bullrich ni Massa mejorarán las cosas: los dos tratarán de mantener la estabilidad del capitalismo periférico, apostando al extractivismo, beneficiando a las grandes empresas y a los terratenientes, debilitando el Estado, empobreciendo y quitando futuro a la mayoría de la población. Las diferencias entre los dos son una cuestión de grados.
Por todo esto, es muy importante en este momento sumarse a los espacios de lucha y resistencia, porque mientras nos horrorizamos de Milei, están aplastando a mazazos el salario de los trabajadores. Más allá de cómo se vote en octubre, hay que involucrarse y participar, porque el verdadero desafío es cambiar el sistema, no sacarle la peluca a Milei.
Todas las variantes de la izquierda anticapitalista y el Frente de Izquierda en particular deben cumplir un rol importante en este proceso. Apenas conocida la devaluación del lunes 14, el FIT-U convocó a repudiarla públicamente y propuso un paro general. Sin dudas, ese es el camino. No sorprenderá a nadie el silencio cómplice de la CGT y del resto de las burocracias sindicales. Será el pueblo organizado el que ponga freno a este modelo injusto.
Fotocomposición de portada: Contrahegemonía.
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