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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 18 de agosto de 2023

 

La ideología burguesa persigue la alienación de la sociedad y tras ello oculta las verdaderas intenciones de la clase dominante, induce a que la mayor parte de la población vea y acepte la desigualdad, la injusticia, la explotación, el consumismo y la corrupción como algo normal y consustancial al ser humano y a la sociedad misma.

En nuestro país durante mucho tiempo esa clase tuvo el control del gobierno y el Estado, la que además de disponer de grandes medios de comunicación ─de su propiedad─ cuenta entre sus aliados con «intelectuales» y «periodistas» rentados, funcionarios de algunas instancias de gobierno, las cúpulas de diferentes iglesias y partidos políticos, organizaciones reaccionarias o francamente retrógradas y estratos medios con aspiraciones pequeñoburguesas; recursos y aliados con los que impuso su visión del mundo y la realidad, que le permitieron crear, reproducir y mantener las condiciones que facilitaran su dominio.

Al perder el control total del gobierno, tras la elección federal de 2018, la clase dominante y sus aliados, que conforman la extrema derecha del espectro ideológico, político y social, pusieron en operación su maquinaria política y mediática para recuperar privilegios y el poder que habían experimentado mermas por las prioridades y el enfoque distinto de la nueva administración.

Esa campaña de las fuerzas de la derecha por recuperar el gobierno y privilegios, es el escenario en que se ha desempeñado la actual administración federal. Tal campaña utiliza principalmente la mentira y la denostación para tergiversar hechos, contextos y acciones del actual gobierno federal con el fin de restarle credibilidad entre la ciudadanía y retornar en 2024 al paraíso neoliberal en el que vivimos de 1982 a 2018.

La oposición a los libros de texto gratuitos responde a esa campaña de la derecha. Esgrime argumentos increíbles y hasta ridículos ─por su desfase y desconocimiento histórico─, contradictorios ─los tachan de doctrinarios y de contenido ideológico peligroso, cuando ellos se arrogan el derecho de imponer su ideología─, y cínicos, porque en el fondo de su discurso muestran la verdadera intención: evitar cualquier cambio que afecte los intereses de la oligarquía, local y extranjera.

Prueba de esto último son las recientes declaraciones de dos gobernadoras, panistas (Chihuahua y Aguascalientes), en las que claramente dejan ver lo que defienden:

La gobernadora de Aguascalientes, Teresa Jiménez Esquivel, expresó que «[…] nuestro principal objetivo es formar hombres y mujeres en los valores, saberes y conocimientos que nos permitan consolidar una sociedad más humana, más unida y más competitiva para enfrentar los retos y desafíos de un mundo globalizado» [1] (subrayado del autor). Y en un intento de continuar vendiendo sueños y esperanzas irrealizables, dijo: «[…] apostamos a la educación y vamos a demostrar que sólo con ella las nuevas generaciones podrán convertirse en los futuros gigantes de México». [2]

Por su parte, la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, manifestó que los citados libros de texto «[…] no promueven una educación para el desarrollo de personas productivas ni de personas que puedan competir en el ámbito laboral» (Subrayado del autor).

En anterior reflexión, El fantasma, comentamos: «Lo que a esos grupos retrógrados realmente molesta (y tratan de evitar) es el hecho de que con el nuevo modelo educativo la niñez y la juventud tengan un mayor acercamiento con la realidad, nuestra realidad, y que adquieran una formación que les permita analizarla, criticarla, cuestionarla y, cuando sea necesario, cambiarla».

En tanto el sistema educativo continúe fomentando el individualismo y el egoísmo, e inculque la visión y concepciones que difunden la oligarquía y otros estratos sociales dominantes, los grandes problemas de nuestro país no se resolverán, porque una ciudadanía acrítica, dividida, dócil, enajenada, sin entendimiento ni respuestas adecuadas ante una realidad que constantemente la agrede, muy poco o nada podrá hacer frente a ella, mucho menos transformarla.

Por ello la educación, quizá una de las áreas más estratégicas en una sociedad, debe contribuir a la comprensión crítica de la realidad en que vive; y cuando esta sea adversa a la mayoría, inducir a la búsqueda de respuestas y proveer mecanismos y herramientas para transformarla. 


Notas:

[1] Periódico La Jornada, 13 de agosto de 2023, p. 3

[2] Ibid.


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Mauricio Ramos / ©UNICEF México.






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