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PERSIGUIENDO SOMBRAS

Diálogo Estado / Raúl Muñiz Torres / 12/11/2014

Que la indignación no se nos salga de las manos

Raúl Muñiz Torres

Apenas hace ocho días, escribía en este mismo espacio que una sociedad organizada, con un proyecto de nación claro y peticiones concretas, podía mover a México y erradicar de manera pacífica a los corruptos y los incompetentes que pululan en las esferas de la política.

Pero también, es necesario decir que una sociedad enardecida, con ánimos de linchamiento y con grupúsculos que desatan su ira o su arribismo en actos de vandalismo en contra de ciudadanos que no la deben, ni la temen, es una mala noticia si se piensa que con ello el futuro es más prometedor.

La violencia, sepámoslo, en las sociedades latinoamericanas, nunca ha sido una buena idea para el progreso de nadie.

Por eso creo que expresiones inútiles de linchamiento social y mediático en contra de Jesús Murillo Karam por su “ya me cansé”, no le sirven de nada a una causa que debiera buscar otros argumentos más razonables e inteligentes para cuestionar al gobierno.

La desgarradura de vestiduras de miles de personas y varios periodistas nacionales y extranjeros por el dicho del procurador, no le sirven a una nación que tiene hambre de seres humanos con un juicio y una integridad intelectual que vaya más allá de expresiones tan cotidianas como el decir que físicamente se está cansado.

No le sirve tampoco a nuestro país, que la sociedad le otorgue coba a expresiones de violencia en contra, por ejemplo, del Palacio Nacional o de atracos a negocios o asaltos a camiones. No le sirve en tanto es precisamente la violencia, lo que deseamos erradicar de una vez y para siempre.

Puedo o no coincidir en ocasiones con las opiniones de Ciro Gómez Leyva, a quien conocí en una charla en las aulas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y era entonces y sólo entonces, para mi generación de estudiantes, el modelo a seguir de periodista; pero creo que esta vez tiene razón cuando la semana pasada escribía sobre el peligro de tener una sociedad enardecida:

“La temporada de linchar es en caliente… La muchedumbre no está para menudencias, cortedades ni tecnicismos. Trae un hambre que no se va a satisfacer con platos de segunda mesa, tipo el gobernador de Guerrero o el matrimonio de los de Iguala”.

Así es, la indignación no se nos puede salir de las manos porque si eso llegara a pasar, México se tendrá que ver en el espejo de su propia historia, en el espejo de países latinoamericanos que forjaron su descontento en torno a ríos de sangre y toneladas de muertos en sus calles.

Toda esa lucha que hoy -véase centroamérica y algunas naciones sudamericanas, muchas africanas y otras más asiáticas- tiene un tufo gatopardiano en donde todo cambió para seguir igual de manera miserable.

Por eso, al procurador, al presidente de la República y a quien sea que haya que cuestionar, hay que exigirles que nos digan la verdad, que hagan su trabajo de manera competente y no nos perdamos en menudencias si al mismo tiempo nos concentramos en ellas; no nos perdamos en celebrar la violencia de la protesta, si fue la misma violencia la que nos convocó al hartazgo.

No descuarticemos al descuartizador ni nos llenemos las manos de sangre, eso lo habremos de lamentar. Mejor intentemos la capacidad de levantarnos moralmente por encima de los asesinos, de los cobardes, de los que no tienen argumentos para debatir nada. Esas características son las que hacen grandes a las naciones y no la futilidad de quien habla desde la irracionalidad.

 

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Luis López




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