¿Ya no da?
Agustín Galo Samario
En su visita a Acámbaro el fin de semana, Raúl Vera López, obispo de Saltillo, Coahuila, advirtió que si los ciudadanos no se movilizan lo único que nos espera es “un Estado más represor y asesino”. La declaración partía de los hechos ocurridos en Iguala, Guerrero, donde policías municipales en contubernio con delincuentes desaparecieron a 43 normalistas y asesinaron a seis personas más, tres de ellos también estudiantes de la normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Pero no se limitaba al horror guerrerense sino a otros muchos otros sucesos que desde hace décadas y hasta nuestros días han conmocionado al país entero: Acteal, Aguas Blancas, Tlatlaya, Villas Salvárcar Guardería ABC, las fosas de San Fernando, Oaxaca 2006. Es decir, un Estado que infiltrado por la delincuencia hace exhibición de crueldad para mantener sometida a la población y que, por estar al servicio de los grupos más poderosos del mundo, desde 1982 aplica políticas neoliberales que empobrecen a las mayorías, que alientan la exclusión y que tienen como fin entregar los recursos nacionales a empresas transnacionales.
El visor ciudadano es según la información que cada uno tenga. Pero cualquiera y en cualquier ciudad del país, por ejemplo León, Irapuato, Celaya y Guanajuato, puede comprobar que ya no es tan seguro salir a las calles; que hay un sinfín de delitos que no son denunciados por falta de confianza en las autoridades y muchas más personas a las que, aunque denuncien, no les llega la justicia; que los recursos son escasos para educación y el campo, pero que abundan para construir la infraestructura que necesitan las nuevas empresas y para pagar los salarios de los altos funcionarios.
Nada de esto es un secreto. Todo mundo lo sabe. ¿Tenemos un Estado fallido? ¿Hay salida? Para Raúl Vera, sí. Lo que propone el prelado es un constituyente popular. Porque de lo que se trata es formar ciudadanos que contribuyan al desarrollo de una verdadera democracia, “un sujeto comunitario” que participe en el diseño de una nueva Carta Magna y de un nuevo país. Todo esto sería posible en un plazo de seis meses, por supuesto, si la población participa, si se involucra en la solución de los problemas que afectan a sus pueblos, rancherías y colonias, es decir, a su comunidad. ¿De verdad el Estado mexicano no da para más? Lo que necesitamos es tener tranquilidad, seguridad, justicia, paz social, opciones de desarrollo para todos. Un futuro.
Comparte en Facebook
Twittéalo








